martes, 31 de diciembre de 2013

Españoles, el cómic va bien

Todo el mundo está haciendo sus listas de lo mejor del año y escribiendo sus resúmenes de qué ha sido lo mejor y qué lo peor en este pequeño gran mundo del tebeo, así que yo voy a hacer también mi parte. Lo cierto es que este año, por circunstancias personales he leído mucho menos de lo que me gustaría, y he actualizado este blog mucho menos todavía.  Esto es algo que pretendo mejorar en 2014 aunque ya se sabe qué pasa con los propósitos de año nuevo ¿no? Bueno, al menos haré lo posible.

De todos modos no quiero hablar aquí del futuro, ni tampoco del pasado, sino del presente. Esta misma mañana he estado en la Fnac y, aunque no iba a ello, no he podido evitar, como suelo hacer sin saber muy bien por qué, pasarme por la sección de cómics a echar un vistazo. Supongo que no soy el único de los presentes al que le gusta pasear entre tebeos (algo que también tengo por costumbre hacer entre libros y discos) y (h)ojearlos, olerlos, ver a la gente disfrutar de ellos. La cuestión es, que me estoy desviando del tema, que esta mañana, mientras deambulaba por la sección de cómics de la Fnac he presenciado una conversación entre un hombre de unos 70 años y la dependienta de la sección. El hombre le decía que solía ser aficionado a leer tebeos, pero que desde los 90 no leía ninguno. La cuestión era que su hijo ahora leía cómics y le había pasado alguno, en concreto Vampir de Sfar y Habibi de Thompson, y como no, le había picado de nuevo el gusanillo. Así que ahí estaba, en la sección de cómic de la Fnac, con sus 70 años, pidiendo a la dependienta que le recomendara tebeos similares a los citados porque quería retomar su afición. Me he tenido que ir y me he quedado sin conocer las recomendaciones pero sin duda el hombre se ha ido con uno o dos tebeos bajo la manga y probablemente haya pasado hoy la tarde disfrutando de su lectura.

La otra cosa que me ha llamado la atención es la existencia en la Fnac de un catálogo de navidad dedicado exclusivamente al cómic, algo que reconozco puede que no sea el primer año que se hace, pero que yo personalmente no había visto nunca. Me ha agradado ver el catálogo, muy variado por cierto, por lo que éste dice de la salud del medio. Si los grandes almacenes tienen catálogos enteramente dedicados al cómic es porque venden cómics, y me atrevo a afirmar que una gran parte de las personas que los compran en la Fnac no son lectores habituales o aficionados de toda la vida, sino lectores esporádicos o incluso nuevos. 

Estos dos hechos me hacen pensar en el buen momento que está viviendo el medio hoy en día. Sí es cierto que queda mucho camino por andar para mejorar las condiciones de los autores españoles. Es cierto que estamos viviendo una crisis económica brutal que resulta tremendamente negativa para el medio, y para cualquier otro medio ya puestos. Es cierto que son necesarias nuevas innovaciones en los formatos, en las ediciones, en las formas de distribución y en cientos de cosas más. Es cierto todo lo que queráis añadir. Pero a pesar de todo esto, el cómic tiene hoy una presencia mucho mayor que la que tenía hace tan solo diez años en la cultura general. El cómic resulta hoy accesible y visible al público mayoritario. Cada vez es más habitual ver a gente leyendo tebeos en el autobús, ver historietas en revistas culturales de gran tirada, reportajes sobre cómic en periódicos nacionales, etc.


Como he dicho al principio, este año he leído poco. No me voy a poner por lo tanto a hablar de los mejores cómics del año porque me dejaría sin lugar a dudas grandes tebeos y autores que lo merecen y no sería en ninguna medida justo. Pero sí puedo hablar del buen momento que estamos viviendo y que en gran medida es gracias a nosotros. Y con nosotros me vais a permitir que me refiera a un ente algo etéreo en el que incluyo a los lectores de cómics, autores, editores, críticos y demás personajes que pululamos alrededor de las viñetas. No me gusta etiquetar y no me gusta caer en endogamias que nunca resultan positivas para nadie, pero permitidme usar este “nosotros” esta vez, entre amigos, para referirme a todos los que estamos haciendo en mayor o menor medida promoción del cómic. Los que regalan tebeos a sus familias y consiguen “engancharlos” para que sigan comprando; o los que humildemente hablamos de tebeos en nuestros pequeños blogs; o los que valientemente y con enormes cantidades de trabajo se lanzan a aventuras muy necesarias como el GRAF que tratan de separar el grano de la paja y ubican el cómic como centro neurálgico; o las nuevas editoriales que están apostando por un cómic diferente con un tratamiento adulto y apasionado como Fulgencio Pimentel o Entrecomics Cómics; o por supuesto los autores que están publicando obras cada vez de mayor calidad y que forman una escena que más quisieran muchos en otras partes del mundo; o las cada vez más habituales publicaciones de divulgación y teoría que son otro tema importante en este año que acaba. De hecho creo que 2013 ha sido especialmente fructífero en este ámbito. Han surgido numerosas propuestas para todos los públicos, como los amigos de CuCo, Cuadernos de Cómic, que publican una revista de una calidad asombrosa por el mísero precio de 0€ y que ahora van a por su segundo número, o las publicaciones de Ninth Ediciones, o los múltiples libros como Supercómic o Radiografías de una explosión por poner solo unos pocos ejemplos, o el compendio Panorama publicado por Astiberri que incluyó a los mejores autores y críticos del país en una recopilación fabulosa e imprescindible.

Resumiendo, que he acabado enumerando cosas lo cual no era mi intención, lo único que pretendía decir es que estoy convencido de que nos encontramos en un buen momento. Y esto es gracias a todos, y depende de todos también el aprovechar este momento para seguir creciendo, para seguir potenciando la historieta y por supuesto para seguir disfrutando de más y más viñetas maravillosas. Permitidme con este texto que agradezca a todos la buena salud del tebeo en España, sois muchos pero seguro que no hace falta que os nombre para saber quién sois. Deseo que este año que comienza sea excelente para todos y nos traiga un panorama tan bueno o mejor que el que hemos podido vivir este año.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Gravity, la belleza de las 3 dimensiones


He publicado en mi otro blog una crítica a Gravity, que podéis leer pinchando en este enlace.

"(...)si algo destaca en Gravity por encima de lo demás esto es el movimiento de su cámara. Cuarón aprovecha con ingenio las posibilidades que le ofrece un escenario virtualmente infinito haciendo que ésta se mueva constantemente, flotando sin gravedad como cualquier otro elemento y efectuando movimientos lentos pero constantes en largos planos que entran y salen de los trajes de astronauta, de la estación espacial, de las cápsulas de salvamento, sin permitir que ningún obstáculo impida su continuo movimiento, proporcionando en todo momento un mapa completo de todo lo que está ocurriendo en pantalla desde todos los ángulos posibles convirtiéndose en narradora omnisciente de cuanto sucede."

jueves, 10 de octubre de 2013

Vapor, más con menos

Leyendo Vapor de Max, me ha dado por pensar en la capacidad única que tiene el cómic como medio para transmitir emociones, valores, sentimientos, enseñanzas de una forma sencilla y directa.  El dibujo es un canal que todo el mundo es capaz de comprender, no obstante es utilizado para enseñar y comunicarse con personas autistas, sordas o con problemas de comunicación, y como tal es el canal perfecto para hacer llegar un mensaje de la forma más espontanea. El peso (y el poso) que tiene la obra de Max no es nada insignificante, y no hay más que leer algunos de los textos que se han escrito sobre el libro desde distintas perspectivas para verlo1. En Vapor hay mucho de filosofía existencial, se habla de la vida y también de la muerte, se habla de la sociedad en la que vivimos y del ruido constante al que estamos sometidos y se habla también de nosotros mismos, de lo que llevamos dentro y de cómo llegar a conocerlo.  Todo esto, que podríamos encontrar en un panfleto de autoayuda o en una obra de filosofía oriental nos es presentado en un formato en apariencia modesto pero de una complejidad indudable con mucho de crítica hacia el mundo que nos ha tocado vivir. A través de un dibujo de líneas básicas y de un texto de prosa sobria es quizá la mejor manera de hacer llegar el mensaje, y que cale, lenta pero profundamente.

Si Art Spiegelman dejó claro hace ya 30 años que unos personajes zoomorfos eran perfectamente capaces de transmitir los horrores del holocausto, no debería suponer sorpresa alguna que un simpático gato regordete represente nuestro yo más hedonista y material, o que una urraca sea quién provea las necesidades básicas para la vida tales como alimento o agua. Dividido en todas estas pseudo-identidades arrancadas de sí mismo, Nicodemo, Nick para los amigos, puede emular a los anacoretas clásicos buscando las razones de la existencia en el desierto, alejándose paulatinamente del ruido del mundo y enfrentándose progresivamente a una versión actual de las tentaciones. Aislado en el desierto, se enfrentará contra los placeres físicos y psicológicos, contra las necesidades más básicas, contra el circo de la sociedad e incluso hasta contra su propia sombra.

Pero Max no se queda ahí. Por si no fuera suficiente narrar la epopeya trascendental de Nick desde la sociedad moderna hasta la elevación espiritual, el autor lo hace además utilizando todos los recursos que el cómic puede brindarle potenciando el lenguaje figurativo de modo que los pájaros que Nick tiene en su cabeza (sus distracciones) se muestren reales y habitando en un espeso bosque que un leñador llamado Hércules tendrá que talar hasta dejar la mente del anacoreta en blanco y libre de pensamientos que lo alejen del camino que ha emprendido. Vapor posee un marcado metalenguaje mediante el que no solo Nick lucha contra sus propios demonios sino en el que el propio Max lucha en ocasiones contra el propio lenguaje del cómic huyendo de las figuras narrativas habituales. Vapor avanza a la par que la exploración vital de su protagonista perdiendo por el camino y casi sin darnos cuenta la separación y la organización en capítulos, desde una disposición marcadamente estructurada hasta la nada representada por la página en blanco en el momento en el que el protagonista alcanza el cenit de su búsqueda espiritual encontrándose con lo que estaba buscando y uniéndose (o no) al todo.


Aún así, Max se permite continuar su viaje después de finalizado el de su protagonista. Reservando las últimas páginas del libro para dejar constancia de que la vida continúa, que probablemente esta haya sido la empresa más importante de la vida de Nick, pero para el resto del mundo no ha supuesto nada significativo. La vida sigue y seremos cada uno de nosotros los que tendremos que decidir qué hacer y a dónde ir.


1 El azar ha querido que este libro que se publicó originalmente en octubre del pasado año haya llegado a mis manos recientemente. También fruto del azar Josep Oliver firmó un texto en el primer número de CuCo Cuadernos de cómic titulado “Entre el sueño y la muerte: las tradiciones meditativas y Vapor de Max” en el que analizaba el libro de Max utilizando como clave el Tao Te King de Lao Tse. El ensayo de Oliver es un análisis certero y estructurado que a punto estuvo de hacer que esta pequeña crítica que ya estaba escrita con anterioridad no viera la luz. Finalmente decidí retrasar la publicación de este escrito y la casualidad ha atacado de nuevo queriendo que el mismo día en que pensaba subirlo al blog Gerardo Vilches haya publicado en EntrecomicsEl horror supremo del vacío más absoluto: una lectura filosófica de Vapor”, artículo en el que recorre Vapor desde un prisma filosófico y complementario a la visión de Oliver. Ambos ensayos son buena muestra del calado de la propuesta de Max y de lo mucho que aún tiene por ofrecer, y a su lado mis breves párrafos parecen ciertamente escasos. Aún así he decidido finalmente publicar la crítica entendiendo que la finalidad de un texto y de los otros es muy distinta y que bien pueden convivir todos en armonía. Espero al menos que sirva para acercar a quien no lo haya hecho ya a Vapor y les invite a reflexionar sobre su lectura.

viernes, 4 de octubre de 2013

Robert Crumb: 'El undergorund implica hacer cosas que te pueden meter en problemas"


Estos días se está celebrando en Bilbao el festival La Risa de Bilbao que dedica una retrospectiva a Robert Crumb. Estos días veremos unas cuantas entrevistas con el dibujante, entre las cuales estará la charla que Santiago Segura entablará con él en el marco del festival pero ayer mismo salió en El Cultural esta entrevista realizada por Marta Caballero que merece la pena releer un par de veces. En ella el maestro hace comentario como éste:

Literalmente, [el underground] implica hacer cosas que te pueden meter en problemas con la ley, con el Gobierno... Ese es el verdadero underground, un sistema cultural tan pequeño que ni siquiera llega a sistema, que vive de espaldas al mainstream. Es el tipo de humor que sólo apreciaría una minoría, el humor que puede mostrar la sexualidad de forma explícita, ser inmoral y abiertamente crítico. Y por definición es algo que no toda la gente puede entender, de manera que no puede gozar de una estimación popular. El mainstream es muy cuidadoso a la hora de hacer cosas que puedan generar dinero, por eso procura no ofender a nadie, a la gente religiosa o a los valores más estrictos. Lo que vende es un humor seguro e inocuo que puedan consumir hasta los niños. Y hasta cierto punto están en lo cierto, el underground no es para niños. Cuando yo dibujaba esas cosas tan locas hace 40 años no quería que las vieran mis hijos.

Podéis leer la entrevista completa en el siguiente enlace: 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Nace CuCo, Cuadernos de Cómic, revista digital gratuita sobre cómic

El mundillo del tebeo patrio está de enhorabuena. Ciertamente estamos viviendo un momento fructífero en cuanto a la abundancia de publicaciones teóricas y críticas sobre el medio. Cada mes podemos encontrar en las estanterías desde libros que tratan el cómic como lo que es: un medio con la misma vigencia y valor como cualquier otro, como es el caso de Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea a revistas que bucean en el pasado y presente del cómic desde un enfoque maduro y desacomplejado como Ninthcomic. A todas estas publicaciones hemos de sumar desde hace unos días una más, CuCo Cuadernos de cómic.

CuCo es una revista digital sin periodicidad declarada pero con continuidad asegurada que se presenta a sí misma como “una revista digital que abordará el cómic desde múltiples puntos de vista, pero siempre a través de artículos de investigación y ensayos extensos que profundicen en los temas con rigor. Además, la revista contará con una sección de crítica donde se analizarán en profundidad algunas de las novedades editoriales recientes que consideremos más relevantes.

La revista está co-dirigida por los solventes Octavio Beares y Gerardo Vilches y cuenta en su plantel (en el que he tenido el placer de colaborar en la sección de crítica) con un buen número de firmas destacadas que podéis apreciar más abajo.

En cuanto a contenidos, las más de 300 páginas de CuCo están divididas en tres secciones, CuCoEstudio, CuCoEnsayo y CuCoCrítica. En la primera, este primer número se centra en los orígenes del cómic con estudios como “El cómic, una cuestión de formatos (1): de los orígenes periodísticos al comic-book” o “Los orígenes del cómic en la segunda mitad del siglo XIX: de Fliegende Blätter a Little Nemo” aunque sin desatender temas de mayor actualidad como el texto “The Walking Dead o la insoportable contemporaneidad del ser”.

En la sección de CuCoEnsayo tenemos tres escritos con un carácter menos académico pero igualmente atractivo como la interpretación de la obra Vapor de Max que realiza Josep Oliver en base al Tao Te King de Lao Tse. Mientras que en CuCoCrítica se tratan un total de 13 obras en su mayoría publicadas recientemente con un enfoque extenso y detallado.

En el blog El nido del CuCo podéis saber más sobre esta publicación y su gestación y en la web cuadernosdecomic.com podéis encontrar la revista para su descarga gratuita. No os dejéis engañar por el formato digital y gratuito, CuCo tiene la calidad suficiente como para competir e incluso vencer a muchas publicaciones actuales y de seguir a este nivel, sin duda se convertirá en una publicación de referencia dentro del cómic español. Estamos viviendo buenos tiempos y CuCo es la perfecta imagen de ello.

A continuación tenéis el sumario completo del número 1 de CuCo para que juzguéis por vosotros mismos:

SUMARIO 

CuCoEstudio
 

Rubén Varillas: El cómic, una cuestión de formatos (1): de los orígenes periodísticos al comic-book.
 
Roberto bartual: Los orígenes del cómic en la segunda mitad del siglo xix: deFliegende Blätter a Little Nemo. 
Octavio Beares: La grafía en la historieta: evolución de la combinación de texto y dibujo en los orígenes y primer desarrollo del cómic. 
Óscar Gual Boronat: Los Flagston: una auténtica familia americana. 
Irene Costa Mendia: Justin Green y el surgimiento del cómic autobiográfico. 
Antonio Bernárdez Sobreira: The Walking Dead o la insoportable contemporaneidad del ser.
 
 
CuCoEnsayo 

Diego Matos: La doble identidad: imagen e iconografía bajo la máscara del héroe.
 
José M García: Cine y cómic. Los encuentros y desencuentros de una pareja condenada a entenderse. 
Josep Oliver:  Entre el sueño y la muerte: las tradiciones meditativas y Vapor de Max. 
CuCoCrítica 

Breixo Harguindey: “Monsieur Crépin” (Rodolphe Töpffer).
 
Pablo Ríos: Nela. Una adaptación gráfica de la novela Marianela de Benito Pérez Galdós (Rayco Pulido Rodríguez). 
Olga Ayuso: La infancia de Alan (Emmanuel Guibert). 
Borja Crespo: Pudridero 2 (Johnny Ryan). 
Daniel Ausente: Atajos (Martí Riera). 
Mireia Pérez: Grandes preguntas (Anders Nilsen). 
Octavio Beares: Panorama: la novela gráfica española hoy (VV. AA.). 
Gerardo Vilches: Fraction (Shintaro Kago). 
Olga Ayuso: La Hermandad de Historietistas del Gran Norte (Seth). 
Daniel Ausente: Conspiraciones (José Domingo). 
Borja Usieto: Ojo de Halcón 1. Seis días en la vida de… (Matt Fraction, David Aja y otros). 
Mireia Pérez: Pulir (Nacho García). 
Octavio Beares: La colmena (Charles Burns).

sábado, 20 de julio de 2013

Los superhéroes en el cine. El espectáculo por el espectáculo


En esto de los superhéroes todos tienen a sus favoritos, en mi caso siempre han sido los X-Men. No sabría decir muy bien por qué, quizá por el rollo de odiados y temidos o porque Gambito era un bribón encantador, pero la cuestión es que de niño si veía un tebeo mutante en el quiosco, tenía que comprarlo. Compré en su día un montón de tebeos de diferentes series que ni siquiera eran correlativos, historias cortadas a mitad con personajes cuyo aciago final no conocí hasta muchos años después (cuando de hecho ya habían dejado de estar muertos), vi personajes bailar de una serie a otra sin saber muy bien por qué y me perdí el final de grandes aventuras por no encontrar el número de aquella otra serie en la que continuaba la historia en cuestión. Pero eran mutantes, y tenía que comprarlos. Me encantaban. 

No os podéis imaginar la ilusión que me hizo enterarme de que iban a hacer una película de los X-Men (Id, 2000). Aquello era una especie de sueño hecho realidad. No recuerdo muy bien cómo me enteré del proyecto pero sí recuerdo perfectamente cuándo vi las primeras imágenes, en un telediario del medio día de no sé qué cadena. Secuestré el mando durante unos minutos para ver a Cíclope destrozando la estación al serle arrancado el visor por Sapo y los primeros vistazos de Lobezno, Tormenta o Dientes de Sable. Todo aquello era nuevo, y os aseguro que me dejó asombrado. Ver por fin a mis héroes favoritos en acción fue algo especial, tanto que ni siquiera me fijé en los extraños uniformes que llevaban, o si lo hice no le di importancia. Solo podía pensar en el momento de ver a los X-Men en la gran pantalla.

Han pasado ya unos cuantos años desde aquello y me acuerdo de esta historia ahora mientras leo el “notición” del fin de semana. En 2015 habrá una película protagonizada por Batman y Superman. Juntos. Por fin. O al menos eso es lo que se lleva rumoreando toda la tarde, que lo menos resulta que es otro rumor más. La cuestión es que me asombra la enorme expectación que ha despertado la noticia. Probablemente en el año 2000 esta misma noticia me habría asombrado y emocionado igual que las primeras imágenes de X-Men pero hoy en día en que cada año se estrenan 3 o 4 películas de superhéroes, 1 o 2 de las cuales siempre suponen el evento de la década (bien porque es el esperado final de una saga,  porque es el esperado reincio de otra, o la esperadísima reunión entre varios personajes), lo que me produce es más bien sopor. Una sensación de “más de los mismo” difícil de quitar. Más aún cuando son pocos de estos estrenos los que realmente tienen una calidad digna de la expectación provocada. Me siento incapaz de emocionarme por el anuncio de una futura Superman/Batman (por cierto, me pregunto si seguirán con su gusto por eliminar el nombre del personaje del título, propongo algo así como El contraataque del Caballero Oscuro que regresa para encontrarse con el Hombre de Acero Returns) cuando este mismo año hemos visto o veremos en las carteleras a Iron Man, Superman, Lobezno y Spiderman y de aquí al supuesto estreno otras tantas.

Llegado el momento en el que el simple anuncio de una película de superhéroes ya no es noticia sino rutina, a las compañías no les queda otra más que anunciar el espectáculo por el espectáculo. Si un superhéroe no es suficiente, juntemos varios. Ya comenzaron con la detestable costumbre de introducir dos y hasta tres enemigos en cada película, reduciéndolos al mínimo exponente y despojándolos de toda su carga, y ahora han comenzado a juntar personajes, cuantos más mejor, en la misma película. Los crossovers han llegado al cine. El espectáculo por el espectáculo.

lunes, 8 de julio de 2013

La película de Batman que nunca fue. Batman Año Uno, por Aronofski y Miller


Tras la poco afortunada versión de Batman a cargo de Joel Schumacher en Batman Forever (Id, 1995) y Batman y Robin (Batman & Robin, 1997) muchos agradecieron la llegada de Christopher Nolan y David S. Goyer en Batman Begins (Id, 2005) y su nueva visión del Hombre Murciélago, más oscura y real. El éxito de crítica y público realmente llegó con su secuela El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008) aunque posteriormente se atenuó con el estreno de la tercera y última cinta de la saga, El Caballero Oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012) gracias a la cual algunos de los más acérrimos defensores del trabajo de Nolan comenzaron a enumerar sus fallos y el halo de intocable que rodeaba al cineasta tras la segunda entrega comenzó a desaparecer. Aún así, la saga del Caballero Oscuro de Nolan es probablemente una de las mejores adaptaciones que se han hecho de un superhéroe a la pantalla y es cinematográficamente sobresaliente, amén de recuperar para el cine la figura de Batman que tan dañada había quedado en sus anteriores incursiones. 

Antes de Nolan, Warner valoró muchas otras opciones, como una película de Batman y Superman dirigida por Wolfgang Petersen o un Batman obra de Darren Aronofsky y Frank Miller. Es de éste último del que han salido a la luz en las últimas semanas varios diseños y de la que más información tenemos gracias al libro Tales From Development Hell: The Greatest Movies Never Made? de David Hughes y editado en 2012 por Titan Books que nos cuenta la historia tras el desarrollo de esta película que nunca llegó a ver la luz. En la web Whatculture! podemos leer algunos extractos del libro en los que los propios implicados hablan sobre la evolución de esta película que se iba a llamar Batman: Year One –aunque poco iba a tener que ver con el cómic homónimo de Frank Miller. En palabras del propio Aronofsky:

“Mi propuesta era completamente opuesta, lo cual suponía devolver al personaje a la crudeza de las calles, tratar de situarlo en una especie de realidad real – sin escenarios, sin sets, filmándolo todo en ciudades del interior de América, creando una sensación muy real. Mi propuesta era una mezcla de El Justiciero de la Ciudad y The French Connection: Contra el imperio de la droga con Batman. En Year One, Gordon era una especie de Serpico, y Batman una especie de Travis Bickle.”

A Warner Brothers les interesó la propuesta de Aronofsky –más aún cuando éste propuso a Clint Eastwood como protagonista– hasta el punto de encargarles un guión.

“Un joven Bruce Wayne es encontrado en la calle después del asesinato de sus padres, y acogido por ‘Big Al’ que dirige un taller de reparación de coches con su hijo ‘Little Al’. Movido por un deseo de venganza que se dirige hacia un destino manifiesto del cual solo es vagamente consciente, el joven Bruce (de edad deliberadamente indeterminada) trabaja duramente día y noche en el taller, viendo las idas y venidas de prostitutas, borrachos, proxenetas y policías corruptos en un sórdido prostíbulo al otro lado de la calle, mientras el detective James Gordon encadenando un cigarro tras otro lucha contra la corrupción que encuentra endémica a todos los niveles de la policía de Gotham City.” 
“El primer acto de Bruce como vigilante es enfrentarse a un policía corrupto llamado Campbell cuando éste aborda a ‘Mistress Selina’ en el prostíbulo, pero Campbell acaba muerto y Bruce apenas escapa de ser culpado. Tras darse cuenta de que necesita operar con una mayor metodología, se viste en un principio con una capa y una máscara de hockey. Sin embargo, Bruce pronto evoluciona hacia un ‘uniforme’ más estilizado tanto formal como funcionalmente, adquiere varios artilugios y armas improvisados, y reconvierte un Lincoln Continental negro en un improvisado ‘Batmovil’ – completado con lunas tintadas de negro, gafas de conducir de visión nocturna, parachoques armados y un motor de autobús escolar sobrealimentado. 

Con su nuevo aspecto de ‘Hombre Murciélago’, Bruce Wayne desata una guerra contra los criminales desde el nivel de la calle hasta los más altos escalones, abriéndose paso en la cadena alimenticia hasta el Comisario de Policía Loeb y el Alcalde Noone, mientras los ejecutores del patrimonio Wayne buscan a su heredero perdido. Al final, Bruce acepta su destino dual como el heredero de la fortuna Wayne y el salvador de la ciudad, y Gordon llega a aceptar que, aunque pueda no estar de acuerdo con los métodos del Hombre Murciélago, no puede discutir sus resultados.”

El guión tenía ciertas similitudes con el Year One de Miller (el cómic), escenas enteras como la de Gordon salvando a un bebé en una situación de rehenes o la paliza que recibe de parte de otros policías como advertencia por sus investigaciones, e incluso dejaba ciertos detalles abiertos de cara a una futurible secuela, pero de lo que no se puede acusar a Aronofsky o a Miller es de hacer ningún tipo de concesión al espectador. La escena de presentación del comisario Gordon de esta versión, por ejmeplo, enseñaba a Gordon “sentado en un retrete con un revolver en su boca y seis balas en la mano, pensando si volarse la cabeza."

A pesar de que esta versión nunca llegó a ser un proyecto demasiado firme, sí llegó a ciertas fases que llevaron a los mandamases de Warner incluso a encargar los diseños para una posible película. Tras la aparición de estos diseños, el propio Aronofsky se apresuró a confirmar en Twitter que “ninguno de estos diseños de Batman Year One que están circulando por internet provienen de mi trabajo ni del de Frank. Así que no podemos tomar ningún crédito o ser culpados por ello.” Los dibujos fueron publicados por la web comicbookmovie sin citar su fuente, pero en algunos de los diseños aparece el nombre del estudio responsable que parece ser Draxhall Jump Entertainment. Este estudio , dirigido por el dibujante Ken Lashley, tenía su base en Toronto y aparece en ComicBookDB acreditado como dibujante en unos pocos números de la serie Angel y The Darkness. Ilustrando este artículo se pueden ver los diseños y bocetos que el estudio preparó para esta curiosa versión cinematográfica de Batman que jamás llegó a ver la luz, quién sabe si en parte debido a los propios aficionados que nunca hubieran perdonado tal violación del personaje.



lunes, 1 de julio de 2013

Los Defensores de Matt Fraction. Un tebeo de los de toda la vida

Marvel tiene una extraña querencia por arruinar guionistas. Allí les gusta coger a escritores del medio independiente, donde han demostrado su valía y meterlos de lleno en pleno centro del Universo Marvel donde las restricciones propias del negocio y los caprichos editoriales les coartan impidiendo desatar su arte.. Así, guionistas que dan lo mejor de sí en series periféricas o directamente independientes, hacen trabajos mediocres cuando se los pone al mando de la Patrulla-X, de Los Vengadores o del macro evento de turno. Esto ha pasado siempre y uno de los últimos casos es Matt Fraction. Denostado (no sin razón) por muchos debido a sus etapas al cargo de los mutantes, de Iron Man o del evento veraniego de hace un par de años, Miedo Encarnado, no hay que olvidar que también es el responsable de El Inmortal Puño de Hierro hace ya unos años, de la imprescindible Ojo de Halcón en la actualidad o de Los Defensores cuya publicación acaba de terminar recientemente en España. Es en estas series alejadas del foco principal de la editorial en la que se le permite rienda suelta para liberar sus locas ideas y su divertida y amena narrativa.

Los Defensores nació precisamente del interior de Miedo Encarnado, probablemente uno de los eventos más insípidos de la Marvel reciente. Desde que Axel Alonso llegó a la silla de Editor Jefe de Marvel dejó claro su interés por potenciar a personajes marginales que no habían encontrado su espacio en el Universo Marvel, y junto al mismo Ojo de Halcón o el Hombre Hormiga, los Defensores siempre estuvieron en esa lista, así que tras el final de Miedo Encarnado, se decidió que fuera el propio escritor del evento, Matt Fraction, quien se encargara del relanzamiento de la serie. Aún así, pese a lo que nos quisieron hacer creer, Los Defensores no nace con naturalidad de Miedo Encarnado, de hecho podría haberse hecho en cualquier otro momento sin apenas cambiar el argumento. Nul el Destructor, salido de las cenizas del evento, es utilizado como gatillo para dar el pistoletazo de salida al primer arco de la serie, pero no es ni mucho menos, parte fundamental e imprescindible de la historia.

Antes de continuar hay que destacar que Los Defensores no es (y esta es el segundo engaño respecto a esta serie) una serie abierta. Desde el primer momento, y muy en consonancia con el espíritu del no-grupo, se trata de una historia perfectamente cerrada, dividida en arcos para adecuarla al mercado actual, pero con un principio y un final perfectamente cerrados a pesar de que la política actual de la editorial le impidiera venderla como lo que es, una maxiserie de las de toda la vida. Al sacarla como serie regular en vez de limitada se ve debilitada por el problema endémico de las series de superhéroes actuales, el baile de dibujantes. La serie comienza con unos Terry y Rachel Dodson muy en consonancia con el tono de la serie pero pronto comienza a ver pasar por sus páginas a dibujantes de muy variados estilos debilitando considerablemente el resultado final. De entre todos, hay que destacar no obstante el trabajo de Jamie McKelvie que ya aquí comienza a mostrar el estilo depurado y original que le está produciendo numerosas alabanzas en su etapa actual en Jóvenes Vengadores, si los 12 números de la serie hubieran sido dibujados por él, estaríamos hablando de una obra muy superior.


Los Defensores tiene una virtud que se echa en falta en muchos tebeos actuales de Marvel o DC y es que la historia que se cuenta solo podría haberse contado en esta cabecera. Lejos del argumento genérico de héroe contra villano-villanísimo que vemos todos los meses, Fraction entrega una historia propia de Los Defensores, una historia divertida, excéntrica e inquieta, llena de casualidades y misterios que se resuelven mes a mes solo para atrapar aún más al lector en una espiral que lo lleva hasta un desenlace que, de nuevo, solo podía tener lugar en un cómic de Los Defensores, el grupo ha salvado el universo entero, y nadie lo sabrá jamás. Y además lo hace con el sentido del humor que caracteriza al guionista y al que solo puede dar rienda suelta en este tipo de cómics más separados del núcleo de la editorial. No solo los personajes están definidos por el humor, destacando un sentido del humor diferente para cada uno, diferenciándolos y haciéndolos más indispensables en la historia, sino que la propia narrativa está llena de humor, comenzando por las notas a pie de página tan típicas en los tebeos de la editorial durante la Edad de Plata. Estos comentarios a pie de página son usados por Fraction como guiño a una época pasada, como desmelene y muestra del sentido del humor de la serie e incluso como avance de lo que ocurrirá en números posteriores. Desde el punto de vista metanarrativo,  muchos de estos comentarios funcionan como profecía de lo que ocurrirá, presentan otra lectura al cómic, una lectura relacionada no con lo que se está leyendo sino con lo que ocurrirá en el futuro de la historia. 

Los Defensores son una muestra del amor de Fraction por los tebeos de toda la vida, con numerosos guiños al trabajo de Jack Kirby, reinventado conceptos usados por el “Rey”, y llevando a sus personajes de un lugar a otro en una sucesión de aventuras sin descanso. En 12 números, Fraction nos lleva a Nueva York, la Montaña Wundagore, Atlantis, Wakanda, a 1967 (en el que es el mejor número de toda la serie, una psicodélica historia protagonizada por un Nick Furia alternativo en lucha contra una Hydra dirigida por un Hitler-Frankenstein), al espacio, a un futuro apocalíptico, y sobra espacio para la aparición de personajes como Preste Juan, las armas inmortales, La Confederación de Curiosos, John Aman, el Consejo de Anticuarios, los Omegas y otros muchos igual de extravagantes, e incluso se permite reescribir el origen del Universo Marvel dando una explicación a la proliferación de héroes en la Tierra similar a lo que ya hicieran Alex Ross y Jim Krueger en Tierra-X, algo que habrá que ver si Marvel tiene en cuenta en el futuro o simplemente pasa al cajón de las ideas-de-las-que-nunca-más-se-supo.

Matt Fraction, demuestra en Los Defensores, igual que está haciendo en la actualidad en la imprescindible Ojo de Halcón, que es uno de los mejores guionistas en nómina actualmente en la industria de los superhéroes, pero que necesita su espacio y su libertad para dar lo mejor de sí. Sabe cómo contar una historia y le gusta jugar con los elementos narrativos para hacerlo de forma original. Fraction ha nació para escribir tebeos de los de toda la vida, de los de leer mes tras mes, de esos en los que pasan tantas cosas que conviene releer cada número antes de leer el siguiente. Tebeos con sabor a grapa.


NOTA: En este enlace podéis ver todas las portadas y algunas portadas alternativas de la serie.

lunes, 24 de junio de 2013

Cómic Vs. Cine. A propósito de El hombre de acero

[Advertencia: en el presente texto se revelan detalles importantes de la trama de la película]

Estos días anda la red revolucionada con el estreno de El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) la nueva versión en gran pantalla del superhéroe de los calzoncillos por fuera –que ya ha aprendido a metérselos por dentro– de la mano de Zack Snyder (300, Watchmen) y Christopher Nolan (Trilogía de El Caballero Oscuro). Como es habitual la principal discusión está entre los que afirman que es una gran película de superhéroes y los que la califican de bodrio, ahí será mejor no meternos si no queremos salir mal parados, pero lo que sí me interesa son las voces que reniegan de la película diciendo que es una mala adaptación, que este Superman no es Superman.

Dejemos las cosas claras para no andar en error, es cierto que el Superman que vemos en El Hombre de Acero no es el Superman icónico al que estamos acostumbrados y que debería ser según los cómics de toda la vida, se supone que Superman es más que un héroe, es el héroe por excelencia, aquel que pondría su vida en riesgo por salvar cualquier otra vida, sea la que sea, y lo que aquí vemos se aleja bastante de eso. La cantidad de muertes evitables por Superman en la película es asombrosa e incluso el villano es asesinado sin piedad a manos del supuesto héroe. Pero la pregunta que me ronda la cabeza cada vez que leo a alguien hablar de esto es ¿y a mí qué más me da? Qué me importa que este Superman no sea el Superman de los tebeos. Leñe, es que no es el Superman de los tebeos, es el del cine, y concretamente el de Zack Snyder. 

Los que me conocen saben que suelo valorar las películas de superhéroes sin hacer caso a lo fiel que sea la adaptación del personaje. Cómo puedo pedirle a un director de cine que haga una adaptación exacta de un personaje cuando ni siquiera en los cómics ocurre eso. ¿Acaso el Batman de Frank Miller es igual al de Scott Snyder, o al de Arkham Asylum de Grant Morrison? Ya sé, algunos me diréis que algunas de esas historias no entran en continuidad, pero si éstas no entran, por qué debería hacerlo El Hombre de Acero. Para no salirnos del propio personaje, tengamos en cuenta que el Superman que vemos actualmente en los quiscos ni siquiera se parece al Superman que crearon en su día Jerry Siegel y Joe Shuster, de hecho anda algo alejado de la moral de aquel.


Me preocupa todo este tema de la fidelidad de las adaptaciones porque le veo en el fondo un poso de autodegradación del cómic como medio. A veces exigimos que una película sea una copia exacta a un tebeo determinado, y es lo que no entiendo, para qué iba a querer yo una copia de un cómic en película, acaso por ser cine iba a ser, la misma historia, mejor que en formato cómic. Un buen cómic lo es, además de por tener un buen dibujo y un buen guión, por el buen uso del formato en el que se presenta y de las herramientas que éste le brinda. Un cómic bien hecho, jamás podría ser mejor en una traslación literal a la pantalla. Jamás. Y si no se puede mejorar trasladándolo literalmente, para qué intentarlo siquiera. Igual que Batman tiene cientos de versiones diferentes en los cómics o existe un Punisher en el Universo Marvel tradicional y otro en la línea MAX que toman caminos separados, debería de tenerse la misma permisividad de los superhéroes en la gran pantalla. Dejemos que creen su propio universo, y si el Superman de Zack Snyder es un extraterrestre ciertamente influenciable y con una mentalidad más bien radical en lo que a tratar villanos se refiere, dejémoslo. Si queremos otro Superman, leamos a Morrison, o a John Byrne o a los mismos Siegel y Shuster, pero permitamos que diferentes autores (escritores, directores o lo que sean) nos brinden su propia versión de cada personaje distinta y complementaria. Tal vez así, podríamos llegar a ver películas de superhéroes realmente arriesgadas como la famosa versión de Batman que estuvieron a punto de realizar Darren Aronofski y Miller, en vez de quedarse –casi- siempre en un insustancial término medio que ni tiene lo mejor del cómic (porque no puede) ni aprovecha lo mejor del cine por miedo a la reacción de los aficionados.

lunes, 10 de junio de 2013

'Supercómic'. La imparable extensión del tebeo

Portada de David Sánchez 
“El cómic no sucede ya en el vacío de una relación de consumo vertical entre el productor y el consumidor infantil que compra fantasías escapistas. El cómic de Miguel Ángel Martín se articula en una dinámica de relaciones entre lo humano y lo posthumano, entre lo local y lo global, lo cercano y lo lejano, lo vivo y lo muerto, lo sentimental y lo maquinal, que el lector administra atendiendo a códigos que desbordan el artefacto cultural concreto que tiene en las manos. El cómic no es ya un relato, sino un fragmento de código en una comunicación en red continuamente interferida.”

Esto escribe Santiago García, coordinador de Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, en la introducción del libro hablando del texto en el que Eloy Fernández Porta habla de la obra de Miguel Ángel Martín. Me he permitido tachar el nombre del autor, no como desprecio, sino como generalización de las palabras de García. Tomemos estas líneas como descripción del lugar que el cómic en su totalidad ocupa hoy en día, un lugar que queda bien patente tras leer Supercómic.

Los cómics comenzaron siendo en su origen un reflejo de la sociedad en la que fueron creados. Tebeos del Capitán América o de Superman presentaban a grandes cantidades de lectores problemas cotidianos, preocupaciones del día a día, la injusticia social, la guerra, la corrupción… incluso tiempo después, cuando ya la autocensura impuesta por el Comics Code había desbaratado esas primeras intenciones, estos temas tuvieron que ser difuminados, pero se resistieron a desaparecer, y siguieron mostrando mediante dibujos coloridos y narraciones fluidas cuestiones de importancia social y cultural, como la creciente multiplicidad racial, las drogas o el temor al desastre nuclear. Esto lo veíamos en los cómics de superhéroes, a la venta en grandes tiradas en cualquier quiosco del país (fuera éste el que fuese), pero también, desde el comix underground se ejercía una crítica social más afilada y con menos cortapisas. Con el paso de los años y la aparición y hegemonía de otros medios como el cine, la televisión o los videojuegos, los cómics fueron entrando en una espiral endogámica que les privó cada vez más de esta visión social, de este carácter de espejo de la realidad que habían tenido.

No ha sido hasta años recientes en que esta faceta del cómic ha podido resurgir mediante el fenómeno conocido como Novela Gráfica, gracias al cual, un autor puede publicar el tebeo que quiere, del modo en que quiere y hablando de temas que hasta ahora parecían imposibles de contar en viñetas. La novela gráfica también ha servido para popularizar de nuevo la historieta, si bien de forma diferente a la que fue. El tebeo ya no es ese producto de precio ínfimo y consumo rápido que se podía encontrar en las estanterías de cualquier quiosco sino que se ha convertido en un objeto cultural en igualdad de condiciones a la literatura o al cine y que por tanto puede encontrarse en cualquier espacio cultural y es susceptible de ser considerado como tal por el público y la crítica.

De este modo, el cómic ha alcanzado un nivel, ya adquirido anteriormente por otras artes, que le permite de nuevo ejercer de espejo de la sociedad, hasta el punto de convertirse en artículo necesario para el conocimiento de una sociedad múltiple y cambiante como la que nos ha tocado vivir. Tratar de entender la cultura, y por extensión una buena parte de la sociedad actual, sin entender, aunque sea de forma tangencial, el cómic, sus formas y contenidos se antoja hoy tan difícil como lo hubiera sido hace unos años sin conocer el cine o hace aún más años sin tener nociones de literatura o pintura. Es este carácter caleidoscópico que posee el cómic en la actualidad el que queda manifiesto en Supercómic y al que aludía la cita antes referida.

Echando un vistazo rápido al tomo, encontramos ensayos sobre autores y su obra como el de Ana Merino sobre el Love&Rockets de los hermanos Hernández, ejemplo del cómic seriado de autor anterior a la novela gráfica; o el de David M. Ball quien presenta la aparente modestia autoflageladora de Chris Ware como rasgo estilístico propio que entronca con cierta historia de la literatura. Enlazando con esta determinación de relacionar el cómic con otras artes, Eloy Fernandez Porta analiza la obra de Miguel Ángel Martín enmarcándola dentro del ciberpunk español de origen castellanoleonés; Jordi Costa pone el foco en la obra de Shintaro Kago desde un prisma cinematográfico como extensión o reflejo de la obra de Antonioni o Dario Argento presentando una larga exposición sobre el giallo y sus factores antes de introducir al autor japonés en la mezcla; y Oscar Palmer reflexiona sobre el cómic noir estableciendo los paralelismos correspondientes con la literatura y el cine negro norteamericano y poniendo especial interés en el cómic noir moderno representado por autores como Garth Ennis o Ed Brubaker.

Por su parte desde una visión historicista, política y social, Daniel Ausente presenta una resumida pero acertada historia de la novela gráfica en España acercándose a la situación sociopolítica del país en sus respectivas etapas; Pepo Pérez sitúa, en uno de los ensayos más extensos del libro, al superhéroe americano en su entorno político analizando la obra de Frank Miller y adscribiéndolo a una corriente histórica que comienza con los primeros tebeos de Superman y acaba con las últimas obras de Joe Sacco; y Fernando Castro Flores examina la violencia de la sociedad actual en paralelismo con los cómics de Alan Moore, Frank Miller y Mark Millar en un texto en perfecta sincronía con el de Pérez

Encontramos también, como es natural,  ensayos sobre temas inherentes al cómic como el de Eddie Campbell en el que escribe sobre la autobiografía como uno de los géneros representativos de la novela gráfica desde el conocimiento que le aporta ser uno de los autores representativos de dicha corriente; o el de Raúl Minchinela que nos habla de la preponderancia de la continuidad y el universo de ficción como elementos inseparables al mundo del tebeo. Es dentro de este bloque de textos sobre el cómic y sus particularidades en donde encontramos M+M el ensayo en el que Max Y Mireia Pérez exponen en una de más brillantes ideas de este libro la labor de un autor de cómic en primera persona y en formato cómic, la voz del autor que ya quedaba en cierto modo representada por Eddie Campbell o Pepo Pérez, pero en el idioma que mejor dominan, la viñeta.

Por último queda mencionar la entrevista que Alberto García Marcos realiza a Emmanuel Guibert, autor de El Fotógrafo y La guerra de Alan, que responde a las preguntas sobre su oficio, su generación y su obra con claridad y optimismo sirviendo a su vez para dar voz al tebeo francés en un libro abastecido mayoritariamente por autores norteamericanos.

Supercómic es un tomo ecléctico que, lejos de ser un catálogo sobre la historia del cómic trata de representar diversas corrientes alejadas y casi opuestas del mundo de la historieta. Este carácter atemático propicia una visión del cómic como un todo. La negativa a presentar un volumen centrado en un ángulo concreto del mundo de la viñeta hace posible que al lector, al leer el tomo en su conjunto, le sea descubierta una visión polifacética del mundo del cómic en su conjunto en el que las obras de un autor influyen a otro aunque aparentemente puedan estar alejadas por kilómetros o años de distancia. Así, hablando de Shintaro Kago, sale a colación Chris Ware, o un texto que comienza mencionando la revista Pulgarcito, acaba hablando de los grandes crossovers editoriales de Marvel y DC. De este modo surge una visión global del cómic como un medio en el que todo tiene cabida y, aunque se compartimente a cada autor o cada género en su lugar correspondiente, destaca una clara interacción entre todos ellos. 

Supercómic ayuda también a eso tan necesario que hablábamos más arriba: involucrar la historieta dentro del conjunto de la cultura, gracias a ubicar el tebeo dentro de otras corrientes culturales mayores y hacerlo partícipe de lo que tiene lugar en la sociedad a su alrededor. Son libros como este los que permiten que el cómic se introduzca poco a poco en la cultura y vaya adquiriendo poco a poco el lugar que le corresponde.



sábado, 8 de junio de 2013

Marcos Martín sobre la industria del cómic, los precios y los cómics digitales

Marcos Martín y Brian K. Vaughan han sido entrevistados en The Verge a raíz de su nuevo cómic de distribución únicamente digital y precio a establecer por el comprador, The Private Eye, sobre el que ya escribí aquí. Ha sido Martín el que ha dejado algunos de los mejores y más acertados comentarios. A continuación tenéis algunos de ellos traducidos:

"Siempre he pensado que los cómics mainstream necesitaban encontrar una mayor audiencia y disminuir el precio del producto, lo cual es lo opuesto a lo que ha estado ocurriendo de unos años a esta parte. Básicamente, para recapturar el concepto original del tebeo como producto o entretenimiento popular, pero hacerlo de forma en que los creadores sean la figura principal del modelo de negocio. Por primera vez, la tecnología nos permite hacer justo eso. Y tenía esperanza de que, a través de la distribución digital, seríamos capaces de atraer a más lectores también a los cómics impresos." 

"Creemos que es el mejor modelo posible ya que establece una nueva relación más directa entre los lectores y los creadores en la que ambos comparten la misma responsabilidad en el éxito de la obra. Como creadores, tenemos la responsabilidad de crear productos de calidad con la mejor de nuestras habilidades y el lector es responsable de decidir el valor que él/ella considere que tiene el producto, de acuerdo con la percepción, las posibilidades y las circunstancias personales de cada uno."

"Personalmente no tengo nada en contra de las opciones que se han tomado a la hora de presentar cómics digitales. Pero creo que existe el riesgo de adulterar el medio de los cómics hasta el punto en el que pierda los elementos que definen su lenguaje y acabe convirtiéndose en algo parecido a una presentación de diapositivas o a un storyboard animado."


viernes, 24 de mayo de 2013

Moebius y Mézières sobre el diseño de El Quinto Elemento (vídeo subtitulado)

Buceando por la web he encontrado este vídeo sobre el diseño de producción de El Quinto Elemento (The Fifth Element, Luc Besson, 1997) en la que participaron activamente Jean Giraud y Jean-Claude Mézières. En el vídeo (que está subtitulado al castellano) se habla de la amistad que ambos artistas compartían y de la creación del mundo que puede apreciarse en la película con declaraciones de ambos dibujantes y de otras personas relacionadas con la película.

martes, 14 de mayo de 2013

Oblivion, la novela gráfica que nunca existió


El término Novela Gráfica no hace más que darnos sorpresas. Además de las múltiples polémicas que creó en su día y que aún sigue creando de tanto en cuanto, ha logrado no solo dar una mayor presencia al mundo del cómic sino que se ha convertido en un reclamo para vender películas. Tal y como lo leéis. Si antes un espectador medio no se acercaba a un tebeo si no era para regalárselo a su sobrino pequeño, ahora nos encontramos en un punto en el que la frase “basado en una novela gráfica” es utilizada como muletilla para vender una película de amplio presupuesto, aunque (y aquí viene lo mejor de todo) esta novela gráfica ni siquiera exista. Este es el caso de Oblivión, película de ciencia ficción protagonizada por Tom Cruise que podéis encontrar en las carteleras estos días.

Oblivion nos presenta un mundo futuro devastado por las armas nucleares que se utilizaron para derrotar a una raza alienígena que atacó el planeta. Los humanos a pesar de ganar la guerra, destruyeron el planeta y se vieron obligados a emigrar a Titán, una de las lunas de Saturno, quedando tan solo un reducido número de personas en tierra para controlar que las enormes maquinarias que succionan el agua del planeta para convertirla en energía funcionen correctamente y defenderlas ocasionalmente de los ataques de los pocos alienígenas que aún quedan en el planeta. Es un argumento no especialmente original con una puesta en escena adecuada pero dentro de los parámetros habituales. Un blockbuster de ciencia ficción de los de libro, con sorpresa incluida y giro del guión. A pesar de todo, no es un blockbuster de los malos sino que resulta una cinta correcta, entretenida y muy disfrutable. Como es habitual en los últimos años (más de lo que parece a simple vista), Oblivión está basada en una novela gráfica obra del propio director del film, Joseph Kosinski, y publicada por Radical Publishing, algo que ya quedó claro en todas las notas de prensa distribuidas y que queda bien patente en los títulos de crédito. 

Como a uno le gustan las cintas de ciencia ficción, pero aún más los tebeos, me propuse buscar el cómic en el que está basada Oblivión para comparar entre ambos y esperando que ahondase un poco más en ciertos elementos que en el film quedaban algo huérfanos. Así que, ingenuo de mí, busqué en las bases de datos habituales la información sobre el tebeo en cuestión y, al no encontrar nada, busqué directamente en Google y como un remedo del Tom Cruise de la película descubrí la verdad: al igual que a los protagonistas de la película, me habían estado mintiendo. La novela gráfica Oblivión de Joseph Kosinski no existe, ni ha existido jamás. 

En la Comic-Con de Nueva York de 2009, tuvimos ya las primeras noticias de que Kosinski iba a publicar una novela gráfica titulada Oblivion a través de Radical Publishing que vería la luz en 2010. Ya en 2010, en la convención de San Diego, Kosinski y Radical Publishing estuvieron publicitando su futura novela gráfica y, de hecho, mostraron algunas imágenes (que ilustran esta entrada) y concedieron algunas entrevistas, por ejemplo estas declaraciones de Kosinski para CBR

“Creo que Oblivion podría ser hecha como una novela gráfica con viñetas, pero en nuestro caso, ‘Oblivión’ será una novela ilustrada con unas 40 o 50 imágenes de amplio formato intercaladas con la historia. Quería hacer grandes imágenes pintadas para mostrar realmente el alcance de los mundos.”

A pesar de ser anunciada como una novela gráfica de Joseph Kosinski, éste tan solo se encargaba del argumento, teniendo a un guionista y a un dibujante para ocuparse del cómic, Arvid Nelson y Andree Wallin respectivamente. En la misma entrevista para CBR el propio Kosinski habla del trabajo con Nelson:

“Arvid es genial. Es inteligente y es divertido trabajar con él. Nuestro proceso es bastante típico. Hablamos por teléfono y discutimos notas, y luego escribe algo más y envía algunas páginas y hablamos de nuevo. Intercambiamos vídeos de referencia, imágenes que tienen relación con la historia y hablamos sobre películas y libros. Tiene una gran comprensión de la ciencia ficción y su habilidad para construir mundos es única.”

Después de esto nada más se supo hasta que saltó la noticia de que Oblivión iba a convertirse en película protagonizada por Tom Cruise suponiendo además el salto de Radical a la producción cinematográfica. A partir de aquel momento poco más se supo sobre la supuesta novela gráfica en la que se basaba la película. A  pesar de que en las notas de prensa se seguía hablando de una película basada en una novela gráfica, y que en la página oficial de Radical incluso llegó a anunciarse 2012 como fecha de publicación de la misma (fecha que todavía aparece en la web de la editorial como se ve en la imagen de la derecha), la novela gráfica fantasma jamás llegó a ver la luz. Ahora la película ha sido estrenada en las salas de todo el mundo con la referencia en sus créditos a un cómic que no existe.

Finalmente, en marzo de 2013 encontramos declaraciones de Kosinski para la revista Empire en las que habla sobre las razones de la película y la supuesta novela gráfica:

“Fue solo una etapa en el proyecto. La huelga de guionistas (de Hollywood) tuvo lugar en 2007 así que tenía un tratamiento para una película pero no tenía forma de escribirla. No podía ser escrita por nadie del sindicato así que la asociación con Radical Comics me permitió continuar trabajando en la historia mediante el desarrollo de una serie de imágenes y continuar refinando la historia durante unos cuantos años. Luego básicamente usé todo ese desarrollo como propuesta para el estudio. Así que incluso aunque nunca la publicamos como novela ilustrada la historia está contada como una película, que fue siempre la intención.”

Viendo todo el proceso y las declaraciones actuales del propio director, cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Creo que queda claro que en ningún momento Kosinski planeo publicar una novela gráfica sino llegar a la luz verde en Hollywood dando un extraño rodeo. De hecho las supuestas imágenes previas que formaban parte del cómic parecen mucho más arte conceptual como el que podemos encontrar de la mayoría de superproducciones hollywoodienses que páginas de una novela gráfica. No es mi intención aquí criticar el método utilizado por Kosinski para estrenar su película sino llamar la atención sobre como el término “novela gráfica” tiene ahora una repercusión que ningún cómic hubiera soñado hace diez años y cómo el mundo del cómic en ocasiones no es usado más que como trampolín para el salto a Hollywood, algo de lo que ya hablé en cierto modo aquí.

lunes, 15 de abril de 2013

Entrevista a Santiago García, Supercómic, Panorama y la situación de la historieta española hoy


Hay una cita que me gusta mucho y que leí por primera vez al crítico de cine Tomás Fernández Valentí que dice algo así como: “no a todo el mundo que le gusta ver cine le gusta leer sobre cine”. Esta idea aplicada al ámbito que nos ocupa, los tebeos, daría lugar a algo así: “no a todo el que le gusta leer tebeos, le gusta leer sobre tebeos”. Un espacio como este blog está dedicado sin lugar a dudas al segundo grupo, a los que no se conforman solo con leer un tebeo y guardarlo en la estantería sino que acuden a internet o a los libros para saber más sobre el tebeo en cuestión, sobre el autor, sobre la corriente en la que se inscribe y sobre todo lo que pueda aprender. Y cuando hablamos de leer sobre tebeos en España un nombre nos acude rápido a la cabeza: Santiago García.

Santiago García lleva toda su vida escribiendo sobre cómics (y escribiendo cómics también). Ganador del Premio a la Divulgación en el Salón del Cómic de Barcelona en 2011, escribió en las revistas U y Volumen (de cuyos nacimientos formó parte), en la prensa generalista, en internet y en todas las partes en las que alguien pueda escribir sobre tebeos. En 2010 publicó el ensayo La Novela Gráfica y tiene un buen puñado de cómics con guión suyo publicados y otros tantos en camino. García es sin duda una referencia imprescindible en lo que a ensayo y teoría del cómic se refiere y, con un buen puñado de publicaciones con su nombre en el mercado estos meses, parece un buen momento para charlar con él y que nos cuente un poco en qué punto se encuentra la historieta española hoy en día.

-Estos días estamos leyendo mucho sobre Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, libro que has coordinado y que ha sido editado hace unos días por Errata Naturae, ¿Cuáles son los porqués y los cómos tras éste libro?

El por qué no es demasiado trascendental: porque sí. Porque me gustan los libros, me gusta leerlos y me gusta hacerlos, y me apetecía hacer un libro que pudiera leer, es decir, un libro no escrito por mí, sino por otras personas. Un libro sobre cómic, claro. Tenía la idea de hacer un conjunto de ensayos sobre cómic con la perspectiva de Supercómic rondándome por la cabeza desde hace tiempo, y el cómo llegó cuando entré en contacto con Errata Naturae, que era la editorial ideal para este proyecto, les conté lo que tenía en mente, y les pareció muy bien desde el principio. A partir de ahí nos pusimos a trabajar para hacerlo realidad. Ha sido un proceso bastante sencillo e indoloro, la verdad.

-¿Cuál ha sido tu labor como editor de este volumen?

Una vez concebido el tipo de libro que quería que acabara siendo, y una vez definido con la editorial qué forma acabaría teniendo de acuerdo a las posibilidades materiales de las que disponíamos, mi labor como editor ha consistido principalmente en buscar a los autores que me han parecido más adecuados para este proyecto. Los autores son los que hacen realmente el libro, así que para mí son fundamentales, son todo. A los autores que aceptaban participar les propuse temas o les pedí que sugiriesen ellos mismos de qué les gustaría escribir. A partir de ahí, y a medida que iba recibiendo respuestas, mi principal preocupación ha sido intentar que los temas no se solapasen unos a otros. Hay que negociar y comentar con los autores los contenidos y formas del ensayo, lo cual es siempre un placer, y hay que tener en cuenta que uno siempre tiene que intentar ayudar al autor en su trabajo. Hay que estar ahí, pero sin estorbar; hay que apoyar, pero sin agobiar. Cuando todos los textos entregados ya estaban dados por buenos y entregados a la editorial, lo penúltimo que me quedaba era escribir yo mismo un texto que sirviera de presentación para el libro. El último trabajo, podríamos decirlo así, es el que estoy haciendo ahora mismo: ayudar a la difusión de la obra mediante entrevistas o cualquier otra cosa que se pueda hacer. Y que sea legal, claro.

-Supercómic es un libro eminentemente teórico. Como uno de los teóricos sobre cómic más reconocidos del panorama nacional ¿en qué punto crees que se encuentra la teoría del cómic en España en la actualidad? ¿Crees que se está avanzando en el buen camino o nos falta gente dispuesta a escribir y reflexionar sobre la historieta?

Bueno, no sé si estamos en el buen camino porque no sé si estamos en ningún camino. Quiero decir que la historia de la teoría del cómic en España se ha caracterizado por una sucesión de esfuerzos individuales y discontinuos de diferentes personas o grupos pequeños. Pero no ha habido una línea ininterrumpida, una herencia transmitida de unos estudiosos a otros. No hay una verdadera tradición de estudios sobre cómic en España. Hay que decir que tampoco es un problema exclusivamente español, ha pasado en casi todo el mundo. Pero es cierto que en el ámbito francobelga, y también en Estados Unidos, que es el país que conozco mejor, hace tiempo que se están consolidando esfuerzos tanto en la academia como fuera de ella. Es algo reciente, que costaba identificar hace más de una década, pero ahora creo que ya podemos decir que es algo real y creciente, y muy prometedor. Creo que en España cada vez hay más gente trabajando en las universidades, y el año pasado se organizó un congreso internacional muy interesante en Alcalá de Henares. O sea, que interés y personal dispuesto a implicarse hay, como siempre ha habido. Pero todavía es un poco pronto para saber si estos esfuerzos se van a consolidar y a articular en unas líneas de investigación coherentes y duraderas, o si volverán a agotarse en sí mismos, como siempre. Yo soy optimista, ¿eh?

-Además de Supercómic también has traducido Marvel Comics. La historia jamás contada que también ha llegado recientemente a las tiendas de la mano de Panini. Sin duda ya conocías ampliamente la historia de Marvel antes de leer este libro, ¿Qué has encontrado novedoso en él? ¿Qué nuevos ángulos enfoca que no conociéramos ya?

Marvel Comics: La historia jamás contada es sorprendente. Yo llevo toda la vida leyendo sobre el tema, de manera que pensaba que era sólo «otro libro» sobre Marvel, y que no me aportaría más que las viejas batallitas de siempre. Sin embargo, lo agarré y no pude soltarlo, lo leí con la pasión con la que se lee una novela absorbente. Aparte de los datos nuevos o no que pueda aportar Sean Howe, lo interesante es cómo sabe relacionar los diferentes aspectos de la editorial para dar una visión muy completa de cómo funciona realmente un fenómeno industrial-artístico como es Marvel. Porque creo que si algo queda claro al leer la historia que ha escrito Howe es que los aspectos industriales y los aspectos creativos de Marvel no se pueden separar, y no se entienden unos sin otros. Los unos responden a los otros. Todas las decisiones artísticas están relacionadas con la economía. Y todo es mucho más azaroso de lo que uno podría pensar. La editorial ha sobrevivido durante 50 años, pero en realidad uno se da cuenta de que lleva todo este tiempo trabajando sólo para sobrevivir al día a día. Y día a día van pasando los años... A veces parece un milagro que Marvel todavía exista, sobre todo después de las crisis que sufrió en los 70. Creo que este libro da una de las visiones más matizadas y complejas que se han dado de una figura tan polémica como Stan Lee. También me han interesado muy especialmente los capítulos dedicados a los últimos tiempos, los años 90 y la actualidad, donde se explica cómo Marvel Comics ha pasado a ser una pieza en el entramado de intereses de grandes corporaciones, para quienes ya es más valiosa por la posibilidad de poseer la propiedad intelectual de los personajes que por el propio beneficio que pueda dar la actividad editorial en sí de la empresa. La verdad es que me sorprendió que Panini sacara este libro, que en Estados Unidos no está publicado por Marvel, porque no da una visión oficial y benévola de lo que ha sido la historia de la editorial, y no rehúye las miserias y contradicciones de su trayectoria. Me parece muy valiente y honrado por parte de Panini.

Por otra parte, quiero señalar que no es un libro únicamente para aficionados de Marvel. Es un gran libro de historia del cómic, en general, y cualquiera que esté interesado por entender lo que ha sido el modelo tradicional del cómic industrial en occidente que ha dominado este medio durante cinco décadas debería leerlo. Entenderá muchas cosas de las que están pasando ahora.

-Otro de los proyectos en los que has estado involucrado y que verá la luz próximamente es Panorama. La novela gráfica española hoy, editado por Astiberri. Panorama es, corrígeme si me equivoco, una antología sobre el cómic nacional, una recopilación de historietas y críticas mediante las que tomar el pulso al tebeo español en la actualidad, ¿Qué me puedes decir del libro y de tú papel en él?

Panorama, que sale a la venta en mayo, es una antología del cómic que se hace en España ahora mismo, lo que para el gran público, que es al que se dirige, sería una antología de la novela gráfica de ahora. Seleccionamos a un puñado de autores que están activos en estos momentos y les pedimos una historieta nueva, siempre con la intención de que esa historieta fuera representativa de su producción y pudiera servir de introducción a su obra para un nuevo lector que no lo conociera. La vocación de Panorama es promocional e inclusiva, pero evidentemente un único volumen tiene unas limitaciones de espacio infranqueables. Con esta nómina de autores ya nos hemos ido a más de 300 páginas, que supera el límite que nos habíamos planteado en principio. De manera que buscamos una forma complementaria de incluir más autores y obras en el volumen, y lo hemos hecho a través de una sección de reseñas de cómic españoles recientes, de la que se han encargado Alberto García Marcos y Gerardo Vilches. Los cómics reseñados en este apéndice son de autores que no tienen historieta en el libro. La idea, como digo, es que el público casual que lee novelas gráficas ocasionalmente y que puede tener interés en leer alguna más pero tal vez no conozca en profundidad la oferta, descubra que hay un montón de autores produciendo cómics interesantes ahora mismo en España. Y que a partir de Panorama, siga buscando.

-¿Cómo de necesaria crees que es una antología de este tipo en la actualidad? ¿Crees que hace falta en nuestro país abrir puertas a los lectores, descubrirles nuevos tebeos y nuevos autores?

Sí, claro. Es un poco lo que te he comentado en la respuesta anterior. En España hay muy poca gente que lea, y menos aún que lea cómics habitualmente, eso es un hecho y es un problema que afecta a toda la industria editorial. El cómic se mantuvo tradicionalmente gracias a las ventas a través de kioscos a los niños, pero eso ya se ha acabado. Estamos en un momento de transición a un nuevo modelo con un nuevo espacio, que es la librería general, y un nuevo público, que es el público casual adulto, no coleccionista ni aficionado de toda la vida. Diría que estamos en un momento de transición hacia un modelo de industria cultural más parecido al de la literatura y el cine que al que venía siendo el del cómic, que era prácticamente un nicho especializado. O conquistamos nuevos lectores en ese nuevo terreno, o me temo que los lectores ya existentes no bastarán para sostener una industria propia.

-Hay quien cree que la industria del tebeo en España se está yendo a pique, recientemente se han oído voces a favor y en contra de esta “tormenta perfecta”, ¿estamos realmente en una situación grave en lo que se refiere a las editoriales y a la viabilidad financiera del cómic en nuestro país tal y como lo conocemos?

El tebeo en España se fue a pique hace treinta años, no sé quién se ha enterado ahora. Desde los 80, las únicas editoriales que realmente se han mantenido bajo el modelo tradicional han sido las que importan y traducen cómic americano y japonés. Pero en cuanto a la producción nacional, esta desapareció del modelo tradicional hace ya mucho tiempo. No es ninguna novedad, y no hay más que ir a la hemeroteca para ver textos hablando de esto hace diez y quince años. Por ponerte un ejemplo, esto lo escribí yo mismo en 2000: Los 90 en España: guerreros de antaño

La verdad es que es un tema que me tiene un poco aburrido, sobre todo porque yo creo que en todos estos años ya ha habido tiempo no sólo para detectar la situación, sino para plantearse alternativas y trabajar en nuevas direcciones, si es que había voluntad de hacerlo. Para preparar el futuro, en suma. En relación con la situación de hace 15 años, la principal novedad es que ahora el autor español no sólo tiene la posibilidad de emigrar profesionalmente a Estados Unidos o Francia, sino que también puede plantearse desarrollar una obra en España gracias a editoriales como Astiberri, Sinsentido, Diábolo y otras, y gracias principalmente a la aparición de la novela gráfica. De esta dinámica están surgiendo nuevas iniciativas completamente distintas de lo que estábamos acostumbrados a ver hasta ahora, como las que están planteando ¡Caramba!, Entrecomics Comics, Autsaider y otros. Es pronto para saber dónde acabará todo esto, si conseguirá consolidarse o si acabará fracasando, más cuando ha coincidido con una crisis económica general devastadora. Pero ésa es la batalla en la que están implicados ahora mismo los autores de cómic que publican en España, intentando labrarse un futuro.


-Parece un buen momento para las publicaciones sobre cómic. Aunque de temática y ambiciones bien diversas, en un periodo muy corto de tiempo han visto o van a ver la luz libros como Supercómic, Marvel Comics LHJC o Marvel Ahora (obra de los compañeros de Zona Negativa), o revistas como el primer número de Ninth Comic o la revista de Zona Comic; incluso Alberto García, de Entercomics Cómics anunciaba el otro día en una imprescindible entrevista la idea de convertir la web en revista y publicar un libro teórico ¿A qué crees que se debe este pequeño boom? ¿Crees que hay realmente una demanda por parte del público de publicaciones de este tipo o más bien es una apuesta de un cierto sector más interesado en la divulgación a la espera de que el púbico general se involucre en ello?

No hay arte que avance en la sociedad sin que vaya acompañado de un discurso. El cine generó sus discursos, la literatura siempre ha tenido los suyos, el arte no es nada sin sus argumentos. Que el cómic careciera de ellos formaba parte de su marginación cultural, era parte de su identidad como lo que se llamaba antes subcultura. En el momento en que el cómic es absorbido por la cultura, tienen que aparecer textos teóricos. Los discursos teóricos son imprescindibles para que el cómic sea asumido por la sociedad, y al mismo tiempo cada vez que ésta los asume, reclama más discursos teóricos. Es una dinámica de retroalimentación. Los discursos no son accesorios, son fundamentales en el desarrollo de un medio. La historia del arte no empieza cuando alguien empieza a pintar cuadros, la historia del arte empieza cuando Vasari escribe su libro y explica que los pintores son artistas, criaturas nobles y divinas dignas de admiración. Hasta entonces eran criados.

-Al hilo de lo que hablamos, me gustaría preguntarte también por la ACDComic, Asociación de Críticos y Divulgadores  de Cómic de España, asociación de reciente creación y a la que tú perteneces. ¿Qué nos puedes decir sobre ella? ¿Cuáles son sus tareas y sus objetivos?

Poco te puedo contar. Pertenezco a la asociación porque quiero darle mi apoyo. Creo que la falta de asociacionismo ha perjudicado mucho al cómic español en todos sus estamentos. Así que si los críticos, teóricos e investigadores quieren asociarse y crear algo que nos ayude a todos, me parece una idea magnífica. Pero por la lejanía y un exceso de ocupaciones no estoy demasiado implicado en el desarrollo de la asociación, que ahora mismo está sacando adelante José Antonio Serrano, una de las personas más trabajadoras y concienzudas que he conocido en el mundo del cómic. Sé que con él estamos en buenas manos.

-Además de los libros ya mencionados, tienes a David Rubín dibujando tu guión de Beowulf, a Javier Peinado y a Javier Olivares con sendos proyectos firmados por ti, y algún otro guión tuyo rondando por ahí. También está en marcha, si no me equivoco, El Vecino 4 con Pepo Perez y por supuesto el blog que sigue funcionando a las mil maravillas. Parece que estás viviendo un momento muy provechoso profesionalmente, ¿algún otro proyecto con el que vayas a sorprendernos? ¿Algún deseo para el futuro?

Ideas hay muchas, algunas van pasando poco a poco a la fase de proyectos, y realmente mi único deseo para el futuro es que todos estos esfuerzos sean fructíferos y acaben saliendo a la luz. Y luego, que sea lo que Dios quiera.