martes, 19 de noviembre de 2019

La Patrulla-X. La Era de Hombre-X

En 1995 Marvel publicó el gran evento mutante llamado La Era de Apocalipsis. Aquel evento supuso la cancelación de todas las series mutantes del momento y su sustitución por otras tantas nuevas ambientadas en aquel mundo retorcido dominado por Apocalipsis. El evento era claramente hijo de los años noventa con todo lo que ello significa, pero de toda la producción de la época es una de las series más recordadas por los aficionados mutantes. En 2019, a punto de cumplir veinticinco años desde la edición de la saga, Marvel no podía perder la ocasión de retomar aquella idea y revisitarla de nuevo. Nos encontramos actualmente sumergidos en todo ámbito cultural dentro de una corriente de revisitación del pasado, ven la luz numerosos productos que miran hacia atrás, volviendo a contar viejas historias a veces desde una propuesta nueva y fresca y a menudo sencillamente repitiendo los mismos conceptos ya caducos. En el cómic lo hemos visto en los últimos años en eventos como Secret Wars o Civil War II, ejemplos opuestos de este mismo fenómeno. Inmersos como estamos culturalmente dentro de esta moda del revival, Marvel no podía dejar pasar la oportunidad de volver la vista a La Era de Apocalipsis, más aún cuando el momento parece todavía más propicio ante la esperada llegada de Jonathan Hickman a la franquicia, que parece que viene con la escoba lista para barrer los últimos años y volver a pulir el suelo dejándolo brillante como no lo ha estado en décadas. Parece buen momento pues para agitar un poco la coctelera y jugar con ideas arriesgadas. 

Con esta tesitura los guionistas Lonnie Nadler y Zack Thompson, que han estado los últimos años haciendo algunas cosillas en la oficina mutante de Marvel, nos presentan esta Era de Hombre-X que no es sino el negativo de lo que fue la Era de Apocalipsis. Mientras que aquella representaba una distopía en la que el villano se había alzado con el dominio del mundo imponiéndo su visión de la supremacía del más fuerte, en esta ocasión tenemos una utopía, en la que toda la población del mundo es mutante y el conflicto y la lucha ha quedado prácticamente erradicado del planeta. Cuando todo el mundo es mutante, el concepto mismo de la Patrulla-X, aquello de temidos y odiados deja de tener cabida 

Uno de los planteamientos más interesantes de la saga es precisamente el de una Patrulla-X que se esfuerza sin éxito en resolver los problemas de forma no violenta, básicamente se dedican a apagar incendios y bajar gatitos de los árboles. Pero cuando las cosas se complican y los problemas surgen por vez primera en ese mundo idílico en el que viven, las verdaderas raíces de la Patrulla-X como grupo de respuesta violenta vuelven a surgir y los empujan de nuevo a la lucha. Esto refleja en cierto modo la propia idiosincrasia del cómic de superhéroes, y especialmente los cómics mutantes, a saber, un grupo paramilitar que persigue la paz a través de la lucha. El único modo que tiene la Patrulla-X de lograr la paz es siempre a través de la violencia, algo que es una enorme paradoja pero que no deja de tener su extraña lógica dentro de un medio, el cómic de superhéroes, basado en personajes en mallas que luchan entre sí. 

En la Era de Hombre-X se aprecia también otra interesante metáfora sobre el género mismo de los superhéroes, y es la lucha del propio personaje por destruir aquello que quiere. Qué sentido tendrían las historia de Spiderman si en un momento dado, Peter Parker hubiera podido tener una vida feliz con Gwen Stacy y la Tía May en una casita en un agradable barrio de las afueras. Cuánto hubieran durado las historias de Hulk si Bruce Banner tuviese bajo control la ira representada por el gran monstruo verde. Esta destrucción de la felicidad propia que es la base del cómic de superhéroes es también el motor que hace avanzar esta Era de Hombre-X. La Patrulla-X ha logrado lo que siempre ha soñado, un mundo en el que los mutantes son felices, respetados y viven en completa armonía, pero será la propia Patrulla-X la que acabe luchando por destruir ese mundo idílico que Hombre-X ha creado. 

La Era de Hombre-X es un gran evento formado estructuralmente por dos números de inicio y fin y una serie de colecciones que narran los distintos aspectos de este nuevo mundo. Como todos los eventos similares, hay colecciones mejores que otras, y momentos más interesantes que otros. También tiene su buena dosis de guiños a los viejos aficionados mutantes y series que recuerdan directamente a aquellas que tuvo La Era de Apocalipsis, como la NextGen que aquí es una de las más interesantes igual que lo fue en su día la Próxima Generación en el evento de los noventa. Quizá uno de los fallos que puede achacársele al evento es que muestra todas sus cartas desde el primer momento. Si el lector fuese descubriendo los sucesos a la vez que los protagonistas, la sensación de misterio sería mayor y hubiese resultado un evento más redondo, sin embargo, saber de antemano lo ocurrido, hace que algunas series, como la mencionada NextGen pierdan un poco de empuje. Aún con todo, la Era de Hombre-X es un evento que agradará a los devotos mutantes y a los aficionados a las historias de mundos paralelos y distopías, y supone un digno cierre a toda una época en la que los mutantes han estado arrinconados en el Universo Marvel entre colecciones menores y arcos argumentales intrascendentes. Quedará por ver si con el tsunami Hickman alguno de los conceptos o personajes que se han creado en esta Era de Hombre-X llegará a tener continuidad o repercusión en el futuro.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La Rueda del Tiempo 1. El Ojo del Mundo. Robert Jordan

Comenzar una saga de literatura fantástica provoca siempre una sensación extraña. Por un lado está el entusiasmo por adentrarse en un mundo nuevo y la impaciencia por conocer pueblos, personajes, historias desconocidos hasta entonces y que te acompañarán durante los próximos cientos o miles de páginas. Por otro hay un cierto desasosiego al introducirse en algo no solo desconocido, sino que va a exigirte como lector más de lo que muchas otras lecturas te piden. Una cierta ansiedad al ver el número de páginas que vas a tener que afrontar, que se ve acrecentada si hablamos de una saga formada por catorce volúmenes como la que nos ocupa, La Rueda del Tiempo. Ediciones Minotauro comienza con El Ojo del Mundo la reedición de la saga de fantasía más vendida después de El Señor de los Anillos, comenzada por Robert Jordan y finalizada por Brandon Sanderson tras el fallecimiento del primero. Una oportunidad excelente para conocer una de las sagas de literatura fantástica más famosas del mundo, y prepararse de cara a la futura serie de televisión que prepara Amazon para los próximos años. 

El mundo que Jordan nos muestra está regido por una gran Rueda de siete rayos, cada uno de los cuales representa una edad. La Rueda gira gracias al Poder Único que mana de la Fuente Verdadera. Todas las eras se repiten una y otra vez, todo lo que ocurrió volverá a suceder. Dentro de esta interesante premisa, un grupo de jóvenes granjeros de un lejano pueblo (¿alguien dijo Hobbiton?) se verán abocados a un largo viaje hasta el otro confín del mundo para escapar de un destino repentino y relacionado directamente con el devenir del mundo, la misma lucha entre el bien y el mal. Un destino que les persigue directamente a ellos. 

Durante su primera mitad, El Ojo del Mundo bebe directamente de El Señor de los Anillos de JRR Tolkien. Empezando por el viaje impuesto a los protagonistas, continuando por el despertar de un mal ancestral con el nombre de El Oscuro, que retorna para asolar el mundo y sus habitantes, y terminando por la propia construcción de su propia versión de la Comunidad del Anillo. En este caso formada por cuatro jóvenes, una hechicera, un formidable guerrero, un bardo y una curandera. A la novela le cuesta un buen número de páginas separarse del referente y comenzar a tomar identidad propia, y durante muchos capítulos el lector parece estar leyendo una versión alternativa de la obra de Tolkien, pero se trata de una obra de desarrollo lento y poco a poco los cambios se van sucediendo y los personajes van tomando un cariz diferente. Una nueva raza aquí, un pedacito de historia antigua allá, página a página Jordan va introduciéndote en su mundo y para cuando uno se quiere dar cuenta ya está completamente atrapado. Esta primera mitad se enfoca en el viaje de los protagonistas y en presentar poco a poco los elementos que conforman el universo de la Rueda del Tiempo y dedica menos tiempo al desarrollo de unos personajes que en ocasiones no dejan de ser una suerte de remedos de otros que ya conocemos de incontables historias, el guerrero, la hechicera, etc. Pero es a partir de la segunda mitad, cuando el grupo se separa y los distintos personajes disponen de más espacio para, no solo interactuar entre ellos, sino también con el mundo que los rodea, cuando cada uno empieza a desplegar su propia personalidad y características y enlazar emocionalmente con el lector. Para cuando llega el desenlace de la historia, los personajes han alcanzado un estatus muy diferente. Todos han vivido situaciones que los han marcado de un modo y otro y les han hecho madurar desde lo que eran al comienzo de la novela hasta lo que serán en el futuro. Incluso aquellos personajes que empezaron la historia estando plenamente desarrollados, adquieren nuevos matices que les aportan interés. 

"La Rueda del Tiempo gira, y las eras llegan y pasan y dejan tras de sí recuerdos que se convierten en leyenda. La leyenda se difumina, deviene mito, e incluso el mito se ha olvidado mucho antes de que la era que lo vio nacer retorne de nuevo. En una era llamada la tercera era por algunos, una era que ha de venir, una era transcurrida hace mucho, comenzó a soplar un viento en las Montañas de la Niebla. El viento no fue el inicio, pues no existen comienzos ni finales en el eterno girar de la Rueda del Tiempo. Pero aquél fue un inicio."

Hablando de personajes es necesario mencionar también que se trata de una obra con un fuerte carácter femenino, que no feminista. Tiene una representación muy moderna de la mujer en el mundo, pese a haber sido publicada en 1990. Ejemplo de ello podemos encontrarlo en la concepción de la magia que la novela presenta. El Poder Único que rige la magia en el mundo de la Rueda del Tiempo posee una parte masculina y otra femenina, debido a eventos que no desvelaremos aquí, todos los hombres que tenían contacto con el Poder Único se volvieron locos provocando una gran catástrofe en el mundo de manera que las únicas personas en contacto con la Fuente Verdadera que quedan en pleno uso de sus facultades son todo mujeres. Pero no solo eso, la novela tiene fuerte presencia de personajes femeninos muchos en papeles protagónicos y en posiciones de poder dentro de la sociedad que la novela presenta. En Campo de Emond, por ejemplo, el pueblo del que parten los protagonistas, el día a día está gobernado por el Consejo del Pueblo, formado exclusivamente por hombres, pero existe también el Círculo de Mujeres que son las que realmente solucionan los problemas mientras el Consejo pasa horas reunido. 

Hay que decir a favor de El Ojo del Mundo que es una novela casi autoconclusiva. Tiene su propio comienzo y su propio final, plenamente satisfactorio para quien no quiera ir más allá. Aunque deja obviamente unas cuantas puertas abiertas para continuar la saga, y una buena cantidad de misterios que resolver para aquellos que hayan quedado prendados de este universo, si uno quiere probar con esta primera novela sin saber si continuará o no en la saga, puede hacerlo sin miedo a quedar colgado al final. En cualquier caso se llevará una maravillosa historia de fantasía y un viaje fascinante.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Sidi. Un relato de frontera. Arturo Pérez-Reverte

“Ruy Díaz se puso la cofia y se encasquetó el barbuquejo, el fuego de las hogueras hizo relucir sus ojos tras el protector nasal de acero.  
–No van a castigarte esta vez. Estaré de vuelta antes del alba. 
–Si Dios quiere, amigo mío.  
–No te preocupes… Querrá” 

Se ha dicho que un escritor vuelve siempre a contar la misma historia. Ciertamente los artistas (entendamos la palabra como artesano en honor al invitado de hoy), sean escritores, cineastas o músicos, suelen retomar sus propios temas una y otra vez, el amor, la traición, las relaciones filiales, la política; son esos temas los que les hacen ser quien son, los que les otorgan identidad como artistas, y los que hacen que sus seguidores les sigan. Arturo Pérez-Reverte, yendo más allá convierte los temas en personajes y es con estos con los que puebla sus novelas una y otra vez. Es difícil leer a un Falcó, a un Alatriste o en este caso a un Sidi y no reconocerlo inmediatamente como hijo legítimo del escritor. Hombres de honor, que hacen lo que tiene que hacerse cuando tiene que hacerse, cueste lo que cueste, con las lealtades claras. Con estos personajes como pilar fundamental, Pérez-Reverte se da la libertad de explorar en lo temático y lo mismo habla de las guerras napoleónicas que de la vida de un grafitero, o reinterpreta la vida temprana del Cid. 

En Sidi Pérez-Reverte desnuda la leyenda del Cid de cualquier elemento patriótico que pudiera haber tenido y lo convierte en un personaje de western de John Ford (sus propias palabras, muy acertadas). El Ruy Díaz de la novela no es un héroe sino un mercenario, alguien que lucha para ganar el pan de mañana, el suyo y el de sus hombres. Y lucha bien. Sin importar para quién. Se trata de un hombre que sabe reconocer los valores en aquellos con quienes trata, y que se relaciona de igual manera con un rey musulmán que con el último de sus subordinados. Un hombre que da lo que recibe, que honra a Dios pero que sabe que la fortuna se la tiene que crear uno mismo. Este Sidi es un líder, uno que hace las cosas no porque quiera sino porque debe. Como cualquier personaje de Pérez-Reverte tiene más cojones que corazón, si el Rey Alfonso VI le destierra un año, el se destierra dos; eso sí, bajo ningún concepto luchará contra él, sin importar cuánto le paguen, es su rey legítimo, y ciertas cosas son sagradas. Ruy Díaz es un hombre que no entiende de religiones, solo entiende de dinero y de guerra, y son precisamente esos ámbitos los que otorgan al personaje una visión privilegiada de los hombres y el entorno que le rodea. No juzga a los hombres por ser moros o cristianos, sino por lo que hacen y cómo lo hacen. 

Ha dicho Pérez-Reverte que Sidi se trata de un manual del liderazgo y ciertamente algo de esto hay. La novela no se alarga durante toda la vida del personaje sino que toma un periodo muy concreto y muy corto, tan solo un pequeño vistazo a un par de momentos de su vida, cuando su leyenda comenzaba a forjarse, el número de sus seguidores se hacía cada vez mayor y los amigos los encontraba a ambos lados de la frontera. Lo que a Pérez-Reverte le interesa, más que la veracidad histórica -que la hay, por supuesto, en su justa medida-, es desgranar qué hace que un grupo de hombres duros, violentos, sin dinero y con hambre sigan a un hombre durante kilómetros a lo largo de una zona de guerra cumpliendo sus órdenes, muriendo por él y refrenándose cuando así lo ordena. Quizá por lo reducido del periodo que cuenta, Pérez-Reverte retrata a sus personajes con pocos trazos, maneras sencillas y lealtades claras. Los define a través de acciones y diálogos. Frases cortas que cuentan mucho. No necesita mucho más. Y con ello recupera para nuevas generaciones a uno de los personajes clásicos de nuestro país y trata de sacar aprendizajes que puedan servir hoy en día en un país que no ha cambiado tanto como puede parecer desde el siglo XI. 

–¿Me permites acompañarte?  
La sorpresa del otro se trocó en estupor.  
–¿Conoces la oración de la tarde?  
–Las conozco todas.  
–¿También las rakaat?... ¿Los movimientos?  
–Sí.  
–Pero eres cristiano.  
–Rezamos al mismo Dios, que es uno solo –Ruy Díaz empezó a descalzarse, quitándose las huesas–. La ilaha ilalahu… o hay otro dios que Dios, Mahoma es el mensajero de Dios y Jesucristo otro gran profeta… ¿No es cierto?  
Asintió el moro complacido.  
–Ésa es una gran verdad.  
–No veo, entonces, ninguna razón que nos impida orar juntos.  
Se quedó el moro inmóvil y en silencio.  
–Eres un hombre extraño, Sidi –dijo al fin.  
–No, rais Yaqub –cumpliendo el ritual, Ruy Díaz se pasaba una mano mojada por la cara–. Solo soy un hombre de frontera.

viernes, 18 de octubre de 2019

Crónica del Festival de Cine de Sitges 2019 y IV

Y con esta llegamos a la cuarta y última parte de mi crónica personal del Festival de Cine de Sitges e 2019. Hablamos aquí de un par de documentales y de una de las películas más esperadas del festival. Espero que os guste.

Si tenéis interés en leer el resto de la crónica podéis encontrarla aquí:
Parte I: En la hierba alta, 3 from Hell, Little Monsters, Noche de bodas, Guns Akimbo, The odd Family, The Gangster, the Cop and the Devil
Parte II: Vivarium, Nimic, Lux Aeterna, El Hoyo, Daniel isn't Real, The Lighthouse
Parte III: After Midnight, Come to daddy, I lost my body, Deerskin, Synchronic

Memory: The origins of Alien y Makin Waves: The art of cinematic sound

En el Festival de cine de Sitges puede disfrutarse de gran cantidad de cine con una gran variedad entre sí y disfrutar de películas que difícilmente van a poder verse fuera del entorno del festival. En este sentido siempre es interesante dedicarle tiempo a alguno de los varios documentales que siempre están presentes en el festival y que por norma general suelen tener una calidad elevada.

Este año he podido disfrutar de dos de ellos. El primero Memory: The origins of Alien (Alexandre O. Philipe, 2019) que como su nombre indica trata sobre los orígenes de la película Alien: el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979). Durante más de la mitad del metraje, el documental indaga en los mitos que dieron lugar a la película y como se entremezclaron entre sí para dar lugar a una de las piezas más importantes de la ciencia ficción. O. Philipe articula su mensaje mediante la indagación de las tres personas a través de las cuales estos mitos llegaron a su destino final, el director Ridley Scott, el guionista Dan O’Bannon y el diseñador H.R. Giger. Mediante entrevistas a personas relacionadas con los tres creadores e involucradas en la creación de Alien, la película indaga en la mitología, el estado de la ciencia ficción en los años setenta, la influencia de personalidades tan dispares como Lovecraft o John Carpenter y decenas de otras referencias que en última instancia dieron forma a la película de Scott. 

En la última parte del documental, O. Philipe desgrana el proceso de creación de la famosa escena del Chestbuster. Para cualquier amante de la película o del cine en general resulta muy interesante echar un vistazo tras las bambalinas de una escena como aquella, pero en el conjunto de la película que nos ocupa resulta extraña la decisión de romper con la tesis y el tono que el documental está llevando hasta ese momento para añadir lo que parece el extra de una edición doméstica de Alien. 

El otro documental del que pude disfrutar fue el magnífico Making Waves: The art of cinematic sound (Midge Costin, 2019). Cuando uno busca libros o documentales sobre cine, pocos son los dedicados al sonido. Lo mismo ocurre con los contenidos adicionales de las ediciones domésticas, es habitual encontrar pequeñas piezas dedicadas a los efectos especiales, pero muy difícil al trabajo de sonido. El director Midge Costin hace justicia al sonido del cine con este completísimo documental que recorre todas las fases del mismo dentro de una película. Si solo pudiésemos destacar una cosa sobre esta película es que es tremendamente didáctica. Mediante unos sencillos gráficos recorre todas las facetas del sonido en una película, desde el sonido ambiente hasta la banda sonora, pasando por la grabación de diálogos en estudio o la creación de bibliotecas de sonidos, deteniéndose y explicando en detalle cada una de ellas. Pero es que además de esto tiene tiempo de centrarse en la carrera de tres grandes responsables de sonido en el cine como son Walter Murch (Apocalypse Now), Ben Burtt (Star Wars) y Gary Rydstrom (Toy Story). El documental incluye numerosas entrevistas exclusivas a directores y personalidades del mundo del cine como Steven Spilberg o George Lucas entre otros muchos. Una película esencial para quien quiera entender un poco más de dónde sale la magia del cine.

Snatchers

Snatchers (Íd, 2017) es una web serie lanzanda por el sello Stage 13 perteneciente a Warner Bros en 2017. Lo que en Sitges se ha presentado es la versión fílmica de esta serie que ha utilizado aproximadamente un 25% de material de la serie original y ha añadido el resto con material filmado para la ocasión para contar el mismo argumento en formato largometraje. La historia que cuentan sus directores con esta extraña carambola cinematográfica es la de una joven que tiene relaciones sexuales por primera vez. La mañana siguiente se despierta con un embarazo totalmente desarrollado y esa misma tarde da a luz a una criatura asesina que irá acabando con la vida de cuantos pille por el pequeño pueblo en el que viven. Snatchers (Stephen Cedars, Benji Kleiman, 2019) es una comedia de terror adolescente que no destaca especialmente ni por su argumento (ya otras películas han tratado la sexualidad en la adolescencia de forma mucho mejor que aquí como Teeth (Íd, Mitchell Lichtenstein, 2007) o It follows (Íd, David Robert Mitchel, 2014) por poner dos casos muy diferentes entre sí) ni por su desarrollo visual que no pasa de correcto. Se trata de una película divertida y disfrutable, muy adecuada para un pase del Festival de Sitges pero rápidamente olvidable.

5 is the perfect number

5 is the perfect number (5 è il numero perfetto, Igort, 2019) es una de esas películas por las que uno agradece la existencia de una sección como Órbita en el festival. Si bien es cierto que la categorización de las películas dentro de unas secciones u otras parece cada año más aleatoria y difícil de entender, parece lógico que una película como esta que ni siquiera roza el fantástico al menos quede encuadrada dentro de esta sección en teoría dedicada a películas más alejadas del tema del festival. En cualquier caso, dejando de lado el debate de si debería o no ajustar el festival de Sitges su programación al cine fantástico o seguir abriendo su abanico cada vez más, lo cierto es que para el caso que nos ocupa podemos estar agradecidos de que estuviera en la programación.

Si en algo destaca 5 is the perfect number es en el aspecto visual. No por nada su director Igor Tuveri, es dibujante de cómics y adapta aquí su propia obra. El sentido del espacio y la atmósfera que tienen esta película supera con creces a la mayoría de lo visto en el festival. La composición de los planos, la iluminación y el juego de iluminación y sombra con el que Igort nos introduce en su particular versión noir de la camorra napolitana es fascinante. Más allá de eso es cierto que la película no aporta nada nuevo a un género tan plagado de películas maravillosas como el noir y al final es el magnífico Toni Servillo quien sostiene todo el peso de una trama manida y numerosas veces explorada. A los amantes del género les encantará y los que no, aunque solo sea por la belleza de todos sus planos deberían darle una oportunidad.

Color out of space

Lo que más debe agradecerse a Color out of Space (Richard Stanley, 2019) es su honestidad al mostrarse tal cuál es, sin engaños ni artificios. Se trata de la adaptación de una obra de H.P. Lovecraft en la que literalmente el enemigo es un color llegado del espacio (no es ningún spoiler, es el título de la película). Plasmar eso en pantalla de forma autoconsciente y sin usar desvíos formales que hagan más fácil al público entender qué ocurre es el punto fuerte de la cinta. Richard Stanley, que no dirigía un largometraje desde La isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau, John Frankenheimer, 1996), y de aquella fue despedido y no acreditado, se encarga de llevar a buen término está película con una pericia que hace que uno se pregunte qué ha estado haciendo todos estos años para convertirse en un director tan bueno.

La premisa de la película es sencilla, una familia vive en una vieja casa en mitad del bosque alejada de la población más cercana, cuando un día algo cae del cielo en su jardín. Ese algo irá poco a poco contaminando los alrededores de la granja y todo el bosque en que se encuentra, transformando poco a poco un entorno conocido y acogedor en algo extraño y amenazador. Esa transformación que comenzará con los bosques y los animales, pronto afetará también a la propia familia que comenzará a tener actuaciones extrañas, especialmente el padre, Nathan, interpretado por Nicolas Cage (quien mejor que él para actuar de forma extraña). La sensación de claustrofobia aumenta por momentos conforme las cosas se vuelven más y más raras alrededor de la granja. Pese a estar en un entorno natural y abierto los personajes están cada vez más acorralados. Llegado un punto nadie estará seguro en ningún lado pues no solo el propio color, o la fauna y flora son ajenos y amenazadores sino las propias personas unas hacia las otras. Todo esto va in crescendo hasta llegar a un estallido final que lejos de tratar de ocultar lo que es (¿qué amenaza puede suponer una luz?) lo lleva hasta el extremo y convierte la película en una maravilla visual muy bien resuelta. Una de las mejores adaptaciones de Lovecraft en el cine y uno de los referentes del fantástico de este año.



Hasta aquí ha dado mi visita al Festival de Cine de Sitges este año. Desde mi perspectiva  ha sido un año con quizás no tantos nombres propios como otros pero que ha sorprendido con algunas películas que nadie esperaba. Ha sido un año en el que no había tantos nombres propios que llamaran la atención como en años anteriores pero que ha traído grandes sorpresas que nadie esperaba. Además se ha notado un cierto interés (más que otras veces quizás) en usar el fantástico para analizar los efectos que la sociedad moderna con todos sus éxitos y fracasos tiene sobre las personas. Ejemplo claro de ello son Vivarium o El Hoyo, pero también en un tono opuesto Noche de bodas o The Odd Family.

Algunas de las películas que aquí he comentado se merecen sin duda una reflexión más profunda que las pocas líneas que les he dedicado y quizá esta llegue más adelante, pero por el momento lo dejaremos aquí y comenzaremos la cuenta atrás para el festival del año que viene.

jueves, 17 de octubre de 2019

Crónica del Festival de Cine de Sitges 2019 III

Tercera parte de la crónica del Festival de Sitges de 2019. Podéis encontrar las anteriores crónicas aquí:
Parte I: En la hierba alta, 3 from Hell, Little Monsters, Noche de bodas, Guns Akimbo, The odd Family, The Gangster, the Cop and the Devil
Parte II: Vivarium, Nimic, Lux Aeterna, El Hoyo, Daniel isn't Real, The Lighthouse

After midnight

After Midnight (Jeremy Gardner, Christian Stella, 2019) es otra de esas deliciosas películas que tan bien encajan en un festival como el de Sitges. Se trata de un drama romántico (me resisto a llamarlo comedia romántica, por más que así lo diga la sinopsis de la página del festival) sobre los cimientos de una pareja, y aquellas cosas a las que uno tiene que ceder o dejar de lado en pos del futuro de esta. La cinta por supuesto tiene un toque fantástico, pues  si no no tendría cabida en este festival (cof cof cof que tos más extraña), pero es un elemento mínimo y con muy poca presencia en pantalla. La clave aquí es el drama romántico y la interpretación de los actores. 

La sinopsis es sencilla. Hank (Jeremy Gardner) y Abby (Bea Grant) viven juntos en una casa en el bosque en una zona rural de Estados Unidos, un buen día Abby abandona a Hank y desde ese momento un monstruo acosa la casa cada día a medianoche. Ahora bien, no se trata de una película “de monstruo” y quién ande buscando eso mejor que busque otra cosa. Aquí el monstruo no deja de ser una metáfora del abandono al que está enfrentándose Hank y su duelo tras perder a su pareja. La película tiene el toque exótico de fantástico y las dosis justas de humor para ser algo más, una película diferente, pero si el drama de la pareja y sobre todo la interpretación de los actores (magníficos ambos) no hubiese funcionado la película no tendría razón de ser. A destacar la escena del diálogo en la entrada de la casa, una larga escena con plano fijo en la que lo que se dice y cómo se dice definen el fondo y el tono de toda la película.

Come to daddy

Si en la primera parte de esta crónica destacábamos la presencia de Samara Weaving como un nombre que desde ya queda ligado al mundo del fantástico, aquí llega el momento de nombrar a otro sin el que el género no hubiese sido lo que es en la última década, Elijah Wood. Quien interpretase a Frodo en una de las trilogías más famosas de la historia del cine y la literatura se ha convertido por derecho propio en uno de los nombres claves del género fantástico en la actualidad. En su faceta de actor ha participado en largometrajes como la citada trilogía de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, Peter Jackson, 2001-2003), Sin City (Id, Robert Rodriguez, 2005), Dulces Criaturas (Cooties, Jonathan Milott, Cary Murnion, 2014) o El último cazador de brujas (The Last Witch Hunter, Breck Eisner, 2015). Pero si algo hay que destacar es su faceta como productor, con su empresa Spectrevision fundada en 2010 junto a los directores Daniel Noah y Josh C. Waller, ha llevado a las pantallas películas como The Greasy Strangler (Jim Hosking, 2016), Mandy (Id, Panos Cosmatos, 2018), la citada en la segunda parte de esta crónica Daniel isn’t Real (Adam Egypt Mortimer, 2019) o la nueva adaptación de Lovecraft de la que hablaremos más abajo Color out of Space (Richard Stanley, 2019). Queda claro pues que sin el trabajo delante o detrás de las cámaras de Elijah Wood no habrían llegado a las pantallas algunas de las películas más interesantes del género en los últimos años y sin ir más lejos tres de las películas más destacadas de esta edición del Festival de Sitges.

En este caso toca hablar de su faceta como actor al frente de Come to Daddy (Ant Timpson, 2019) la película hace una mixtura de géneros para narrar la historia de Norval Greenwood (Elijah Wood) que tras recibir una carta de su padre (Stephen McHattie) quien abandonó el hogar familiar cuando Norval era apenas un niño, decide acudir a casa de este esperando encontrar algo con que llenar su vacío emocional. A partir de ahí la historia visita el horror, el thriller, la comedia negra y un sinfín más de géneros mientras Norval descubre la verdad sobre su padre y solventa la papeleta que le ha tocado. La película funciona a la perfección cuando se pone violenta y cómica y falla en el drama emocional del personaje que ni interesa ni llega a desarrollarse con un mínimo de profundidad, pero lo cierto es que tampoco se aprecia una especial intención por parte de sus responsables por ahondar demasiado en esto. Come to Daddy no deja de ser un divertimento gamberro, y como tal es perfecto.

I lost my body

I lost my body (J’ai perdu mon corpse, Jérémy Clapin, 2019) es una cinta de animación que narra la historia de una mano que despierta en un depósito forense y la odisea que emprenderá para reencontrarse con su cuerpo perdido. Tras este loco argumento se encuentra una película emotiva que habla del amor y de lo que estamos dispuestos a hacer por recuperar aquello que nos falta y que forma parte de nosotros, ya sea esto una mano o una persona. Se trata de una película imaginativa y emocional a partes iguales con una animación cautivadora que fluye de forma muy natural.

La película alterna las andanzas de la mano por París (algunas secuencias son magníficas como la que sucede en la estación de metro), con la vida de Naoufel el protagonista y dueño de la mano. Comenzando con su infancia y la tragedia que marcó su vida hasta llegar al periodo anterior a perder la mano en la que el interés romántico por Gabrielle reactivará una vida anodina y gris. Por su frescura y su originalidad I lost my body probablemente sea una de las películas más estimulantes de las vistas este año en el festival.

Deerskin

No he tenido el placer de ver la filmografía anterior de Quentin Dupieux pero tras disfrutar de Deerskin (Le Daim, Dupieux, 2019) pienso ver todas y cada una de sus películas. Deerskin es una maravillosa comedia que no busca nada más allá del humor más absurdo pero con una sobriedad formal que no hace sino acrecentar el sentido del humor de la cinta. En Deerskin un hombre establece una especial relación con su nueva cazadora de piel de ciervo hasta el punto de que esta comience a hablarle. A partir de aquí juntos se embarcarán en una misión vital para lograr que nadie en el mundo más que él lleve una cazadora. 

Dupieux con la inestimable ayuda de Jean Dujardin con una interpretación afinadísima plantea una gran cantidad de temas en la película y no se corta en criticar la sociedad, la industria del cine o las obsesiones del hombre moderno. Pero lejos de hacerlo con un tono moralista o sesudo, lo hace con una naturalidad pasmosa, poniendo en pantalla un absurdo tras otro de una forma fría y sin emociones. Es maravilloso el momento en que un personaje, montadora de cine aficionada cuenta al protagonista cómo una vez decidió montar Pulp Fiction de forma cronológica y se dio cuenta de que la película así era una mierda. Dupieux enfrenta la ambición megalómana de su protagonista con el escenario reducidísimo del pueblo en el que tiene lugar y las acciones casi ridículas que este tiene que hacer para acercarse a su objetivo. Juega también con el tono de la película para acrecentar la sensación de extrañeza y de humor. Da igual que se trate de una escena del protagonista en soledad en la habitación del hotel o un estallido de violencia y sangre, el tono ni aumenta ni disminuye y el espectador queda atrapado en un camino del absurdo del que no puede salir.

Synchronic

El caso contrario me ocurre con Synchronic (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2019). Tras alcanzar Benson y Moorhead el estatus de directores de culto con sus anteriores películas, especialmente The Endless (Id, Benson, Moorhead, 2017), muchos esperaban otra gran película del fantástico en esta incursión en el Hollywood más comercial. Mientras que Deerskin me hace desear ver toda la filmografía de Dupieux, lo contrario ocurre con Synchronic. 

La película comienza con un planteamiento muy interesante. Dos paramédicos recorren la ciudad todas las noches en la parte trasera de una ambulancia lidiando con todo lo malo que la ciudad puede ofrecer, mientras hacen frente a sus propios demonios personales. Esta parte es la que realmente interesa de la cinta. Contrariamente a lo que ha ocurrido en otras películas del festival, aquí la parte emocional sí funciona. En el drama de los personajes se esconde el verdadero interés y es que además está filmado de una forma sorprendentemente sobria. Ambos personajes interpretados por Jamie Dornan y Anthony Mackie, aquí los dos magníficos, tienen sus propios demonios internos y la película se esfuerza con éxito en mostrar la lucha personal que cada uno de ellos tiene que acometer para vivir la vida día tras día. El gran acierto es precisamente la relación entre ellos, las horas de ambulancia o de bar en las que no se dice nada pero se dicen todo. Si esa hubiese sido toda la película, eliminando el fantástico de la ecuación hubiese resultado en una cinta muy estimable. 

Pero es cuando entra lo fantástico cuando Synchronic se tuerce,  y no porque la idea sea mala sino porque no está llevada con acierto a la pantalla. Mientras que la primera parte puede recordar, salvando las distancias, en su tono y ambientación al thriller norteamericano de los años 70, la segunda podría ser un capítulo de Twilight Zone o incluso de Doctor Who. Si hubiera sido así hubiese resultado un episodio muy original pues la premisa tiene cierto encanto, pero en formato largo y en yuxtaposición con el resto de la cinta resulta un fracaso. Resulta en conjunto una película extraña con una parte atractiva y muy bien resuelta y otra ciertamente interesante pero muy mal resuelta. Hay quien ha disfrutado de esta extraña mezcla, merece al menos un visionado.