domingo, 16 de febrero de 2014

'Había que contar otras cosas y de otro modo'

"En cierto modo parece ligarse ese ideal de "novela gráfica" a cierta heterodoxia que nacía de la insatisfacción de los esquemas recibidos. Esa disparidad de procedencias conlleva que un concepto se haya convertido en algo muy versátil, y por ende, puede que polémico. El peligro que acecha será ampliarlo demasiado para convertirlo en algo que pudiera funcionar como sinónimo de cómic, con lo que perdería todo poder explicativo. Cierto es que bajo el término "novela" se haya querido ver una dependencia de la literatura o se haya enfatizado una extensión determinada. por mi parte, prefiero entender que, bajo los postulados de la novela gráfica existe una voluntad de realizar un cambio cualitativo más que cuantitativo o, dicho de otro modo, había que contar otras cosas y de otro modo: que esas nuevas maneras pidieran un mayor espacio (que además se revistió editorialmente en forma de libro) fue un efecto secundario pero con el tiempo no imprescindible, ya que pronto los autores de "novelas gráficas" trasladaron ese espíritu a historias más breves que habían aprendido de esas distancias nuevas otras fórmulas narrativas impensables antes del surgimiento de la novela gráfica. Con ello se puede explicar que relatos breves o narraciones de apenas una página puedan ser algo más parecido a la novela gráfica que otras narraciones de más de cien páginas."

José Manuel Trabado Cabado en la introducción de La novela gráfica. Poéticas y modelos narrativos; editado por ARCO/LIBROS

domingo, 9 de febrero de 2014

Chemtrail (Martín López Lam)


Chemtrail es un desplegable de papel de 68X48cm que cuesta 4€. Chemtrail es un webcomic en constante evolución. Chemtrail es un cómic creado con imágenes extrañas entre sí, ajenas a la propia creación. Chemtrail es una reinvención del proceso creativo. Chemtrail es una reflexión sobre la significación del cómic y sus formatos. Chemtrail es una edición de Ediciones Valientes –con todo lo que ello implica–. Chemtrail es todo esto y mucho más. Según el propio autor:

“Chemtrail es un cómic basado en la improvisación. Las imágenes que componen este pliego han sido realizadas esporádicamente en intervalos distintos de tiempo: apuntes de block de notas, ejercicios de soltura, papeles donde limpio los pinceles, errores de escaneo, imágenes encontradas en la web.
Chemtrail está basado en las experiencias del cine expandido (…). Explora el concepto de montaje y edición como valor principal en el arte narrativo.”

Mientras que el cine expandido trata de huir de las normas impuestas por el cine convencional en cuanto a formatos y procesos y llevar la experiencia fílmica a entornos ajenos a ella ya sea mediante nuevos procesos creativos o nuevas formas de exposición e interacción con el público, Chemtrail trata de crear cómic pensando fuera de los parámetros comunes de la creación de un tebeo. Utilizando unos métodos diferentes a los acostumbrados y un formato que supone más que nunca parte sustancial de la creación.


Chemtrail es algo más que un simple cómic. Es una reflexión sobre el cómic, es un producto que plantea dudas sobre el propio medio. Si damos por válida –yo lo hago– la teoría que afirma que el elemento definitorio de un cómic es la narración gráfica, es decir que para que algo pueda ser considerado cómic no solo ha de tener dibujos sino que éstos han de estar estructurados formando una narración, con Chemtrail tenemos un problema, pues dibujo es obvio que tiene pero narración ya no queda tan claro. Al menos una narración convencional con sus personajes y sus desarrollos y una trama continuada con un inicio, un desarrollo y una conclusión. Pero que el autor no imponga una narración no quiere decir que la obra carezca de ésta. Martín López va más allá del cómic tradicional que entiende al lector como agente pasivo que se limita a percibir la obra que se le entrega con el juicio de valor como única actividad posible sobre ella y persigue la implicación activa del lector, su interacción con la obra. Chemtrail presenta al lector una serie de imágenes azarosas y las muestra en un determinado orden, estructuradas de una forma determinada, moviendo radicalmente el peso de la balanza de forma que lo importante en el proceso creativo no es ya la narración sino la estructuración de las imágenes y la presentación formal del contenido más que el contenido en sí, y provocando con ello que sea el propio lector el que busque un significado a lo que está viendo. Es el lector el que ha de completar la obra en su mente, crear una narración que se adecúe a las imágenes que percibe. De este modo, el lector está obligado a un esfuerzo creativo en el momento de leer el tebeo, se convierte en cierto modo en autor del cómic que, además, será un cómic diferente para cada lector.


En este sentido la edición en papel de Chemtrail es algo muy diferente de la edición digital. Mientras que en la segunda el autor va introduciendo material al cómic y el lector puede bucear por él en el orden y ritmo que le apetezca, deteniéndose en un vídeo o pasando por alto toda una determinada parte, en la edición en papel el autor controla el orden de visualización de las imágenes por parte del lector. En el papel las imágenes tienen una colocación y una disposición concreta que se va descubriendo conforme se va desplegando el cómic  renunciando así a cierto nivel de abstracción que quizá sea excesiva en la versión digital. La versión en papel elimina ese caos dirigiendo al lector por un camino ya trazado, lo que no impide que luego éste se salga del camino y visualice de nuevo la obra del modo en que se le antoje.

Chemtrail no saldrá en las listas de los mejores cómics del año porque no lo necesita ni tiene lugar en ellas, resulta únicamente –que ya es bastante– una experimentación sobre la narración historietística, un cómic teórico que reflexiona sobre sí mismo y sobre el medio al que se adscribe y que puede una vez leído provocar al lector una mirada nueva, un entendimiento diferente de los recursos discursivos del tebeo, ampliando los márgenes de lo que se puede hacer y hasta donde se puede llegar.



Chemtrail puede adquirirse en la página web de Ediciones Valientes

domingo, 2 de febrero de 2014

JLA: Tierra 2 (Grant Morrison y Frank Quitely)

Ya lo he dicho más de una vez pero por si acaso lo repito. Creo que Grant Morrison y Frank Quitely son uno de los mejores equipos creativos que ha dado el cómic de superhéroes. Por separado son artistas sobresalientes, pero juntos han alcanzado tal grado de conexión que resulta extraño cuando uno lee un tebeo de alguno de ellos con otro artista. Flex Mentallo, We3, All-Star Superman, New X-Men, y suma y sigue. Quitely es el dibujante perfecto para trasladar a la página los desvaríos de Morrison y es con él con quien el guionista logra plasmar de forma más certera sus ideas. Lo bueno de Morrison es que más que un guionista es un teórico del cómic de superhéroes, solo que en lugar de escribir libros -que también- introduce sus tesis dentro de los propios cómics que escribe. Sus obras siempre tienen una doble capa, por una parte el tebeo en sí, la historia de superhéroes o de lo que sea que esté contando, generalmente muy bien narrada aunque con algún que otro tropiezo que tampoco nadie es perfecto, y por otra la reflexión sobre el género que subyace en una segunda lectura algo más profunda. Morrison subvierte el propio género haciendo algunos de los mejores tebeos de superhéroes del mercado a la vez que expone a la luz sus carencias, todo ello en las mismas páginas. En JLA Tierra 2, cómic del año 2000 que ECC reedita ahora en un volumen de lujo con un buen número de extras, Morrison plantea ese trastorno ya en la misma portada cambiando el sentido al que se refiere un concepto tan imbricado en el universo DC como el de “Tierra 2”, que aquí se refiere al mundo en el que habita la JLA del presente, la de toda la vida. En JLA Tierra 2 un benévolo Lex Luthor proveniente de un mundo formado por antimateria poblado por el mal y dominado por el Sindicato el Crimen, versión malvada de la JLA, llega a nuestro mundo para pedir ayuda a la JLA en la derrota de sus enemigos. Morrison utiliza esta premisa tan de cómic de superhéroes para, por una parte enfrentar a los superhéroes a sus versiones malvadas subrayando de este modo no solo sus virtudes, lo que los hace ser lo que son, sino también y en especial sus defectos, y por otra reflexionar sobre el inmovilismo de un género que permanece estático desde su creación allá a finales de los años 30. Y todo esto, por supuesto, sin olvidar la historia que está contando.

En primer lugar la contraposición de los superhéroes contra sus versiones malvadas sirve a Morrison para poner en relieve los puntos débiles de cada personaje. En lugar de utilizar este contraste para ensalzarlos aún más de cara al lector, lo usa para que éste sea consciente de los fallos que los aquejan, los debilitan. Tras la lectura de este cómic uno tiene la sensación de creer un poquito menos que antes en los superhéroes de toda la vida, de ser más consciente de sus defectos. Así, Superwoman, la versión maligna de Wonder Woman, es una mujer lasciva que utiliza su sexualidad para enfrentarse al mundo y someter a cuantos hombres se cruzan por su camino; Johnny Quick, alter ego de Flash, es un yonqui que necesita sus dosis regular de droga para poder “ir acelerado” o Ultraman, versión de Superman en este mundo desviado, es un déspota conquistador y autoritario que todo lo ve y todo lo oye -«Si me insultan donde puedo oírlos, ya saben lo que toca. Gran hermano os vigila.»-. Incluso se permite introducir un perverso y celoso triángulo amoroso entre el Batman, el Superman y la Wonder Woman de esta realidad. Todos estos elementos que forman las características esenciales de los personajes de este mundo de antimateria no son sino las imperfecciones que siempre han subyacido en los superhéroes originales tan aparentemente perfectos física y psicológicamente que resultan imposibles de mantener.

Por otra parte Morrison utiliza este cómic para hablar del inmovilismo del género de superhéroes. Y digo hablar y no criticar porque no creo que Morrison juzgue el género con sus reflexiones, no censura nada, tan solo lo hace patente, lo saca a la luz para que sea el lector el que saque su propia opinión sobre ello. Cuando la JLA llega al mundo de antimateria le bastan 48 horas para cambiarlo y acabar con toda la corrupción, violencia y hambre que lo asolan. Es más, cuando la JLA vuelve a su tierra natal que ha sido atacada por sus alter ego malvados, reconstruyen los destrozos en apenas dos páginas. En ningún momento se duda de que con su poder esto esté dentro de sus capacidades, pero si damos esto por supuesto, la pregunta es, ¿por qué en más de 70 años de historia nunca han solucionado los males del mundo? ¿Por qué sigue habiendo hambre, guerras, corrupción, violencia en un mundo en el que existen seres con la capacidad y la ética necesarias para acabar con ello? Inmovilismo. En otro momento del tebeo los protagonistas se dan cuenta de que no pueden arreglar el mundo de antimateria, pues su naturaleza, su razón de ser, es que al contrario que en su mundo, allí el mal siempre vence. Por contraposición, en su universo, es decir en el universo de los superhéroes que todos hemos leído toda nuestra vida, el bien siempre vence. No importan los planes que conciban los villanos (o los editores ya puestos) el bien siempre va a vencer. Los superhéroes siempre van a vencer. Inmovilismo. Otro momento también destacado en este sentido es cuando Owlman, la versión malvada de Batman, llega al mundo de la JLA y ve la tumba de Thomas Wayne que en su mundo era su archienemigo. Owlman se echa al suelo desesperado y dice: «Nos la han jugado. Estamos en un sitio donde tampoco podemos ganar. Nada significa nada. No queda nadie a quien hacer daño». Cada superhéroe tiene un axioma, un elemento definitorio que lo hace ser lo que es y sin el que carecería de todo sentido. En ocasiones es un hecho acaecido en la historia del personaje, en ocasiones es un compañero o un enemigo. Thomas Wayne es la némesis de Owlman, su principio elemental, sin él, carece de sentido, no puede ganar o lo que viene a ser lo mismo, no tiene sentido como personaje, no puede continuar con sus historias. Inmovilismo.


Todo esto no son sino ejemplos de la constancia a la que está sometido el género de los superhéroes. Nada cambia porque nada puede cambiar, el género ha alcanzado tal dimensión que todo ha de seguir igual para asegurar su pervivencia, los superhéroes seguirán luchando contra los supervillanos en una sucesión infinita de batallas por la supervivencia del mundo, seguirán ganando esas batallas y los villanos seguirán amenazando el planeta una y otra vez. Lo que pase entre medias vendrá definido por la pericia de algunos creadores con la suficiente capacidad para hacer historias sugerentes y que rocen los márgenes de este marco, pero el camino ya está trazado, es un círculo sin fin del que no se puede salir porque su propia idiosincrasia así lo exige. Morrison, con todo el amor que profesa hacia el género, es consciente de ello y lo hace presente en este cómic, de hecho trastoca en cierto modo estos cimientos al hacer que la única forma que la JLA tiene de ganar la batalla es precisamente haciendo lo contrario de lo que se supone que deben hacer como personajes -«No contabas con que hiciéramos nada malo a propósito- y de este modo lograr salir del bucle en el que se ven atrapados. A pesar de esto Morrison conoce muy bien el terreno en el que se mueve y los límites que impone, y se siente cómodo confinado en ellos y por ello no propone nunca una ruptura sino que arroja luz sobre los fallos del sistema mientras sigue habitando en él desde la ventaja que le supone el mayor conocimiento y dominio del engranaje.

Es muy esclarecedora una de las últimas frases que pronuncia Batman una vez solucionada la crisis al final del cómic y que es perfectamente aplicable a la totalidad del género de superhéroes y especialmente a sus autores. Para trabajar en la industria hay que entrar en la rueda y los que intentan cambiar la rueda o cambian ellos mismos o son expulsados:

Me he dado cuenta de algo sobre los que intentan cambiar el mundo. El mundo se da la vuelta y ellos también cambian”.

domingo, 26 de enero de 2014

Mi amigo Dahmer (Derf Backderf)

Por formación y por cierta atracción siempre me ha suscitado interés el tema de los asesinos en serie. Estudié Psicología y me fascina el funcionamiento de la mente humana. Por qué una persona hace lo que hace supone un complejo rompecabezas que plantea más preguntas que respuestas y las primeras siempre son más estimulantes que las segundas. Los procesos mentales y la gestación de una mente perturbada como la de Jeffrey Dahmer que asesinó a decenas de personas e incluso acabo canibalizando algunos de los restos me parecen un tema con gran aliciente y esto es básicamente lo que Derf Backderf cuenta en Mi amigo Dahmer (Astiberri, 2014) desde la perspectiva cercana de quien fue amigo personal del asesino y compartió con él varios años de instituto.

Cuando años después de haber perdido el contacto, el caso de Dahmer salió a la luz, Backderf se autopublicó publicó una pequeña historia de 24 páginas sobre su otrora compañero de clase que le adjudicó nada menos que una nominación a los premios Eisner. No contento con la brevedad de la historia y teniendo mucha información que volcar dada su relación Dahmer, el autor se implicó en una meticulosa investigación de los hechos estudiando entrevistas, documentación del FBI y realizando decenas de entrevistas a implicados para dar con la historia que se presenta en este tomo. El primer nombre que me vino a la cabeza leyendo Mi amigo Dahmer fue el de Joe Sacco, otro periodista que narra sus reportajes desde la primera persona, desde la perspectiva que le da el involucrarse de lleno en los conflictos que relata. La diferencia es que Sacco se envuelve en la acción de forma consciente para obtener una visión privilegiada de la misma mientras que Backderf se vio relacionado a posteriori; fue años después de perder el contacto con Dahmer que descubrió sus asesinatos y entonces se puso a recordar aquellos años. Ésto supone la primera traba, y es que el relato de Backderf pierde la objetividad al conocer el final antes de comenzar la investigación. Todos los datos que recogió, los recuerdos que recapturó, las entrevistas que realizó, las hizo con el sesgo de saber que Dahmer había asesinado a 17 personas y que era una persona inestable mentalmente. Mientras que Sacco entrevista a una persona sin saber dónde le va a llevar la situación o cuál es la relación del entrevistado con su investigación, Backderf al tratar de recordar los momentos pasados junto a Dahmer, lo hizo desde la premisa de que Dahmer ya entonces tenía algún desequilibrio mental que lo condujo a su trágico final.

"Solo quería ver cómo era."

Lo segundo que más me llamó la atención en su lectura es la autodefensa a la que se aferra Backderf durante todo el relato. Dahmer provenía de una familia desestructurada con serios problemas funcionales. En varios momentos, el autor se pregunta si con unos padres más dedicados o unos profesores más atentos a las necesidades de su alumno, Dahmer no hubiera podido escapar de su tormentoso final, pero se excusa el mismo número de veces de su responsabilidad y la de sus compañeros aun reconociendo el poco interés que le prestaban y el desplazamiento social al que lo tenían sometido. El autor renuncia explícitamente a cualquier tipo de responsabilidad por el destino de Dahmer a pesar de que la tesis que estructura el libro es que la juventud de éste y el entorno en el que se crió fueron los elementos clave que lo convirtieron en lo que acabó siendo.

En cualquier caso, todo esto no son más que reflexiones personales de un cómic mucho más sobresaliente de lo que podría parecer a simple vista. Aunque la narración de Blackderf se resienta en ocasiones de ciertas interrupciones, de cierta dificultad al enlazar unas escenas con otras, en general se desenvuelve acertadamente por el relato vital de Dahmer, repartiendo el peso entre los distintos personajes y los diferentes escenarios y con una brillantez especial a la hora de mostrar el lado oscuro que poco a poco va inundando al protagonista y que se refleja en ocasiones en actos enfermizos y en otras en actos de lo más mundano. Dahmer va cayendo poco a poco en el oscuro pozo en el que acabará atrapado cediendo cada vez con más facilidad a los bajos instintos que le provoca su mente. 

En el apartado gráfico el estilo de Backderf puede recordar en algunos momentos a un moderado Robert Crumb o de nuevo a Joe Sacco, aunque sin decantarse por ninguno de los dos. A pesar del uso de un extraño sentido del humor que caricaturiza personajes y escenas con el fin de aliviar la gravedad cada vez mayor que va adquiriendo la narración, muy lejos queda el psicodélico sentido del humor de Crumb. Backderf además adapta a la perfección su dibujo a la escena que está contando jugando con los negros para añadir densidad o aligerar la narración haciendo que el dibujo sea en cierto modo la representación física de la mente del protagonista, en ocasiones directo, otras más sinuoso, jugando mucho con las sombras y en especial con las perspectivas para mostrar el estado mental de Dahmer.

Mi amigo Dahmer es en definitiva un tratado psicológico en formato cómic sobre la gestación de un asesino en serie. Más allá de apreciaciones personales que puedan discrepar más o menos con las tesis propuestas por el autor resulta un libro sólido con un relato documentado y bien hilado y un dibujo muy bien planteado en perfecto equilibrio entre la seriedad que requiere la historia y un tono lo suficientemente ligero para resultar abarcable y atractivo para cualquiera esté o no interesado en los desmanes de la mente humana.

domingo, 19 de enero de 2014

No os indignéis tanto (Manel Fontdevila)

No os indignéis tanto (Astiberri, 2013) de Manel Fontdevila es uno de los cómics de los que más se está hablando estas últimas semanas junto con Beowulf y Los surcos del azar, pero es, en mi opinión un tebeo difícil de enmarcar entre los mejores cómics del año, y no por falta de méritos pues es una obra completa que brilla en todos sus aspectos, sino por su propia naturaleza de narración de la vivencia social de una época, de zeitgeist de la sociedad española de la última década. Desde este prisma parece insuficiente y en cierto modo injusto limitar el tebeo de Fontdevila a una lista meramente anual.

No os indignéis tanto habla del sentir popular, del clima de una sociedad que siente cada vez un mayor desapego por sus políticos y dirigentes (que tristemente no siempre son los mismos). Habla de revolución y de descontento, de la necesidad de desobediencia pero llevada a otro nivel. Desobediencia no como algo físico y tangible sino como un estado de la mente, una revolución social que puede pasar por el cauce material si es necesario (Fontdevila defiende que lo es) pero que donde debe tomar su origen y fundamento es en el intelecto, en la forma de pensar de toda una sociedad.

Fontdevila, con el sentido del humor y la agudeza que caracteriza su trabajo, nos invita a tomar una posición incómoda. Nos agita la mente para que veamos el mundo a través de sus ojos, que no son mejores ni peores, solo los suyos. Y lo que vemos es una España corrupta en la que banqueros y millonarios varios se enriquecen con libertad mientras políticos electos pisotean su programa electoral para protegerlos, todo ello mientras unos pocos se quejan y otros muchos callan y callan a los que se quejan.

En su zigzagueante relato, Fontdevila pasa por George Brassens, por la insumisión, por el secuestro de El Jueves, por La vida de Brian,… No os indignéis tanto casi podría haberse llamado “Historia de la desobediencia”. Pero hay mucho más. Lo que en un primer momento parece una simple defensa del movimiento 15M y un alegato en pro de la desobediencia civil acaba resultando todo un discurso social más amplio que plantea todo un modelo mental de sociedad. La narración parece en ocasiones difusa, irregular, saltando de un tema a otro aparentemente sin orden ni concierto pero todo cobra sentido al final. Un poco al modo de su obra como humorista gráfico en prensa formada por viñetas aparentemente individuales pero que juntas forman un corpus unificado, transmiten una misma filosofía; No os indignéis tanto en conjunto, al llegar al final declama un único mensaje, una única filosofía formada por muchas aristas, pero bien cohesionada.


Más allá de la importancia social que indudablemente tiene el tebeo, más allá de la moraleja que transmite, está la maestría de Fontdevila como autor de cómic que no debería quedar eclipsada por el mensaje. Manel Fontdevila es actualmente uno de los mejores autores de cómic del panorama nacional con un dominio técnico y visual único sabiendo desentenderse de los lugares comunes para plasmar sus ideas de una forma asombrosamente sencilla e innovadora. Dispone de una habilidad extraordinaria para romper los cánones del tebeo tradicional jugando con la página y la viñeta a su antojo pero sin perder nunca el rumbo ni hacer la lectura enrevesada. Uno de los fuertes de Fontdevila es su naturalidad, lo fácil que uno lo tiene para sentirse identificado con sus historias y que aquí tiene algunos grandes aciertos como el dibujo de los políticos con un círculo blanco donde debieran tener la cara, demostrando su falta de partidismo, metiendo a todos los políticos en un mismo saco como figuras intercambiables de un viciado juego. Si le diera por hacer más trabajos largos sin duda tendría un reconocimiento mucho mayor que el que ya tiene dentro del medio.

A pesar de todo, No os indignéis tanto corre el peligro de convertirse, como le ocurrió también en cierto momento al Indignáos de Stephan Hessel del que esta obra parte, en un objeto de consumo rápido. Al ser un libro corto, accesible y rápido de leer muchos lo leerán por inercia sin pararse a hacer una reflexión posterior de lo que han leído, para estar de acuerdo o en desacuerdo, pero al menos darle un par de vueltas en la cabeza. No os indignéis tanto no debería de acabar siendo un consumible más sin valor ni relevancia. Debería hacerte pensar, debería hacerte levantar del sofá y plantearte si estás de acuerdo o no con la sociedad en la que vives, debería hacer que bajaras a la calle a quejarte de la primera injusticia que vieras. O quizá solo debería hacerte pensar en lo equivocado que está Manel Fontdevila, pero en cualquier caso te habrá hecho pensar.

domingo, 12 de enero de 2014

Beowulf, forma y contenido

Ya escribí sobre Beowulf (Astiberri, 2013) de Santiago García y David Rubín aquí, pero me quedé con algún pensamiento en el tintero que no me gustaría dejar sin comentar.

Existen tebeos que tienen una importancia particular dentro del medio. Tebeos que presentan unas propuestas creativas y unas innovaciones formales que o bien no se han visto antes o no se han tratado con la suficiente reflexión y consciencia. Son obras hechas por autores que tienen un discurso creativo particular y un interés palpable por el crecimiento del medio. Mientras que otros autores se centran en el aspecto narrativo, en contar una historia, éstos hacen prevalecer el continente sobre el contenido. Lo importante para ellos es reinventar el medio y progresar como autores antes que contar una historia accesible. Por supuesto es una postura muy defendible y de hecho, sin estos autores (hablo del cómic pero podemos encontrarlos en cualquier arte) el lenguaje de la historieta no habría llegado hasta donde está ahora, o al menos no a la misma velocidad.

El problema con estas obras tan innovadoras es que pierden parte de su sentido en un entorno ajeno al que se han creado. Me estoy acordando ahora por ejemplo, de cuando ECC Ediciones editó Flex Mentallo hace ahora un par de años. A pesar de la buena noticia que supuso el hecho de poder ver editado en España uno de los mejores cómics de Grant Morrison y Frank Quitely, duo creativo que ha aportado alguno de los mejores cómics del género, se creó cierta discusión sobre el hecho de si un tebeo como ese puede o no recomendarse a alguien ajeno al tebeo de superhéroes. Personalmente no le negaría su lectura a nadie pero probablemente a según qué lector le ofrecería otras muchas obras antes o, en todo caso, le explicaría un par de cosas previas a su lectura. La dificultad con Flex Mentallo estriba en que se preocupa más de indagar y retorcer los cimientos del género que de contar una historia. Esto, que es su principal objetivo, lo cumple magistralmente, pero pierde por el camino parte del poder narrativo que se le presupone a una historia. Al fin y al cabo, qué busca uno en un tebeo sino una historia que lo atrape durante una o dos horas.

Defiendo Flex Mentallo y admiro a sus autores que siempre han presentado ese interés por profundizar en su trabajo, por traspasar la capa superficial de un género ya muy sobado y ofrecer una vuelta de tuerca que permita a otros autores plantear ideas y conceptos nuevos, pero pienso que es una obra poco accesible para alguien no acostumbrado a leer tebeos de superhéroes, algo que también le ocurre a We3 también de Morrison y Quitely que plantea una interesante reflexión formal sobre la narración visual en el cómic de acción, pero que por eso mismo, puede suponer una lectura algo caótica provocando que el lector sea en ocasiones más consciente de las virguerías visuales (narrativas en el caso de Flex Mentallo) que de la historia que se le está contando.

Pasando a Beowulf, el mérito de Rubín y García está precisamente en ser capaces de plantear esa reflexión, esa mejora del cómic como formato sin perder en ningún momento el pulso de la historia que están contando. Tanto narrativa como gráficamente Beowulf presenta innovaciones, técnicas narrativas originales y depuradas, pero sin perder nunca de vista la historia del héroe mata monstruos que te mantiene en vilo hasta el final. García y Rubín comprenden que la finalidad de un tebeo es entretener y contar una historia que importe a quién la lee y no permiten que la forma predomine sobre el contenido pero sin renunciar a esa experimentación formal. De este modo la primera lectura de Beowulf se realiza del tirón sin pararte a pensar más allá de cómo será el próximo monstruo y cómo acabará Beowulf con él y es necesaria una segunda o tercera lectura para pararse a analizar el trabajo que hay detrás de esas páginas. Esto ya supone una innovación en sí misma en un medio relativamente joven al que todavía le queda mucho por explorar y en el que muchos autores están ansiosos por investigar y demostrar sus aptitudes técnicas. Beowulf demuestra que siempre es mejor centrarse ante todo en contar tu historia y aprovechar esa historia para madurar como artista que no someter la historia a tus exploraciones formales.


miércoles, 8 de enero de 2014

Papel Estrujado (Nadar)

Con varios meses de retraso leo este Papel Estrujado (Astiberri, 2013) de Nadar (Pep Dominguez, 1985) que me deja asombrado de la enorme calidad que tiene para ser el debut de un autor joven. Un denso drama de 400 páginas con varias tramas paralelas con sus propios personajes que se superponen poco a poco. Un tebeo mucho más maduro de lo que cabría esperar de un autor novel.

Papel Estrujado, el último cómic creado gracias a la tristemente desaparecida beca Alhóndiga de Bilbao, cuenta dos historias. Por un lado la de Javier, un joven que ha dejado la escuela a espaldas de su madre enferma y que se saca un dinero recuperando objetos o “dando lecciones” por encargo de antiguos compañeros de clase. Por otro lado, Jorge, un hombre solitario y misterioso que llega a la ciudad y comienza una nueva vida desde cero. Ambos recorren el camino de la culpa, Jorge transita el camino de vuelta, acosado por los remordimientos de un pasado que nos es desconocido y que lo ha marcado de forma imperecedera, mientras que Javi comienza el camino de ida, un camino torcido que puede llevarlo al mismo estado de arrepentimiento en el que se encuentra Jorge.

Papel Estrujado habla principalmente de la culpa, pero también lo hace de la adolescencia y la madurez, del amor adulto sin florituras, del abandono, de las decisiones de la vida, y lo hace con una contención y un estilo inhabituales hoy en día, tratando con honestidad los detalles más delicados y haciendo que nada desentone en el conjunto de una obra extensa pero ligera, que atrapa al lector de principio a fin.



El lector viaja constantemente en el espacio y en el tiempo desentramando historias presentes y pasadas, pero Nadar no se molesta en acentuar los cambios, no avisa de las variaciones espaciotemporales, que acontecen a menudo incluso de una viñeta a otra de una misma página sino que es labor del lector hacer el esfuerzo de seguir el curso de la historia. Papel Estrujado no es un cómic sencillo, requiere atención, esfuerzo y dedicación, es un cómic lleno de detalles, de personajes aparentemente sin razón de ser pero que forman parte esencial del puzle final. Está poblado de personajes muy bien construidos, imperfectos, hermosos en su sencillez, todos tratados con una naturalidad pasmosa.

Hay quien podría argumentar que se trata de un cómic demasiado ambicioso, con más páginas de las necesarias para contar su historia, incluso con más personajes de los imprescindibles, y podría tener razón en parte. Pero Papel Estrujado es como la vida, llena de detalles y actos cotidianos, de personas que pueden no tener una influencia directa en el devenir de los hechos pero sí influyen de forma indirecta en el carácter de los protagonistas, en la balanza de las decisiones que toman, y este es un cómic sobre decisiones, algunas correctas y otras muchas equivocadas que llevan a sus personajes a recorrer recónditos pasillos del alma humana y a reencontrarse con su verdadero yo, con aquel que realmente quieren ser.

Nadar firma una obra seria y ambiciosa sin juzgar los hechos ni a quienes los protagonizan por reprobables que éstos puedan resultar. Y lo hace con una madurez digna de admiración, presentando una cómic perfectamente envuelto con una primera y última página de una apacible belleza y con una portada y un título magníficos, sugerentes y poéticos. De seguir por este camino, Nadar será con unas pocas obras más uno de los autores de referencia españoles. De momento esperamos con sumo interés su siguiente tebeo.

sábado, 4 de enero de 2014

Beowulf (Santiago García y David Rubín)

Leer Beowulf (Astiberri, 2013) de Santiago García y David Rubín puede resultar una experiencia reveladora. Por un lado, uno experimenta desasosiego ante la perturbadora visión de los monstruos que pueblan la historia, es testigo de la valentía y del coraje del héroe, acompaña al rey Hrothgar en su desdicha ante la matanza de sus súbditos y tantas otras cosas más dignas de las mejores epopeyas. Por otra parte, si uno consigue abstraerse de la historia durante una segunda o tercera lectura, es consciente de lo revolucionario de la forma, de lo innovador que puede resultar Beowulf en tantos sentidos que hace a uno plantearse qué supondrá para la industria del cómic española el éxito de este tebeo, hace que uno se emocione por vivir en directo este momento de cambio, esta época de titanes que estamos viviendo en el cómic español y de la que este título es uno de sus más claros exponentes.

Beowulf tiene la fuerza del mito. En él resuena el eco de héroes y monstruos, del bien contra el mal, del valor y el miedo. Una historia narrada cientos de veces y que García y Rubín nos presentan de una forma directa, visceral, sin adornos ni complementos que reduzcan su potencial. Los autores hacen suyo el ansia de inmortalidad del protagonista, su deseo de trascender más allá de la muerte facturando un cómic de calidad atemporal, una historia que huye de los convencionalismos del medio para lanzarse directamente a la yugular del lector, sin remordimientos ni contemplaciones. Salvaje, violenta, desagradable, pero también heroica, optimista y singularmente brillante.


García y Rubín han llegado a un estado de simbiosis perfecta en el que el guión se esconde cuando la espectacularidad del dibujo necesita ser liberada y el dibujo se retrae dejando paso a un comedido diálogo que define a los protagonistas mejor que cualquier texto de apoyo. Juntos mediante un hábil guión y un sofisticado dibujo dominan el ritmo de las escenas y la composición de las páginas de una forma sobresaliente. Son numerosas las soluciones gráficas que sorprenden a cada página. Destacables son por poner tan solo unos ejemplos, el juego de contraposiciones que se repite durante toda la historia, entre lo que ocurre y lo que ocurrió, entre la alegría y le destrucción, entre lo que ve el lector y la mirada escarlata de los monstruos; o los arriesgadísimos planos que se atreven incluso a introducir la cámara en el interior de la boca del héroe buscando la abstracción, la incomodidad y la emoción; o la brutal elipsis al final del segundo capítulo, para mí una de las mejores páginas de toda la obra, que en tan solo dos viñetas casi idénticas que además se niegan la una a la otra, se resumen 50 años en un admirable ejercicio de contención narrativa.

Beowulf está dividido en tres capítulos de similar duración y comienzo. Los tres empiezan con una página doble de idéntica composición y varias páginas en las que el pasado y el presente se entrelazan haciendo que el primero en mayor o menor medida de lugar o influya en los sucesos del segundo. Más que tres capítulos de una misma historia, parecen tres historias de un mismo personaje, una trilogía sobre un héroe, tres arcos argumentales de una misma serie. El primero, el más luminoso, el que presenta al héroe y lo muestra en todo su esplendor, en lo mejor de su juventud y su fuerza derrotando desnudo y con la sola fuera de sus músculos a un monstruo aterrador. El segundo, más oscuro, en el que el enemigo que se creía derrotado vuelve a amenazar la tranquilidad conquistada por el héroe y éste tiene que enfundarse –esta vez sí– su armadura y partir a la aventura una vez más. El tercero, por último, la historia crepuscular, tras años retirado el héroe tiene que enfrentarse de nuevo contra sus demonios, derrotar a un monstruo del pasado y con ello a un mundo en decadencia, y dar paso a una nueva era en la que paladines como él ya no tienen cabida. Beowulf desafía así los estándares actuales presentando en un solo tomo los tres capítulos, las tres partes de una historia que podría haberse alargado durante varios años pero que García y Rubín nos presentan en una única y colosal obra vital.


Muchos se han lanzado a buscar alegorías políticas o sociales en Beowulf, pero si una cosa queda potenciada en las páginas del cómic es la fuerza del mito, la claridad de sus conceptos arquetípicos que pueden relacionarse con cualquier cosa…o con ninguna. Si algo tienen los mitos es que afectan a todos por igual, cada lector encontrará una interpretación diferente y se verá afectado de una forma distinta por su lectura. Este cómic además, no es la historia de Beowulf como se demuestra en las últimas páginas, es la visión que Santiago García y David Rubín tienen de Beowulf. No es una historia reemplazable sino el relato fruto del trabajo de dos autores con una visión y un talento característicos e irremplazables. Y como tal supone además de un tebeo sobresaliente, un salto cualitativo importante no solo en la carrera de ambos autores sino en la propia industria del cómic español. Probablemente pasará un tiempo hasta que la influencia de Beowulf sea del todo patente en el mercado pero no dudo de que estará ahí y de que probablemente ya esté ahí causando su efecto.

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