domingo, 9 de febrero de 2014

Chemtrail (Martín López Lam)


Chemtrail es un desplegable de papel de 68X48cm que cuesta 4€. Chemtrail es un webcomic en constante evolución. Chemtrail es un cómic creado con imágenes extrañas entre sí, ajenas a la propia creación. Chemtrail es una reinvención del proceso creativo. Chemtrail es una reflexión sobre la significación del cómic y sus formatos. Chemtrail es una edición de Ediciones Valientes –con todo lo que ello implica–. Chemtrail es todo esto y mucho más. Según el propio autor:

“Chemtrail es un cómic basado en la improvisación. Las imágenes que componen este pliego han sido realizadas esporádicamente en intervalos distintos de tiempo: apuntes de block de notas, ejercicios de soltura, papeles donde limpio los pinceles, errores de escaneo, imágenes encontradas en la web.
Chemtrail está basado en las experiencias del cine expandido (…). Explora el concepto de montaje y edición como valor principal en el arte narrativo.”

Mientras que el cine expandido trata de huir de las normas impuestas por el cine convencional en cuanto a formatos y procesos y llevar la experiencia fílmica a entornos ajenos a ella ya sea mediante nuevos procesos creativos o nuevas formas de exposición e interacción con el público, Chemtrail trata de crear cómic pensando fuera de los parámetros comunes de la creación de un tebeo. Utilizando unos métodos diferentes a los acostumbrados y un formato que supone más que nunca parte sustancial de la creación.


Chemtrail es algo más que un simple cómic. Es una reflexión sobre el cómic, es un producto que plantea dudas sobre el propio medio. Si damos por válida –yo lo hago– la teoría que afirma que el elemento definitorio de un cómic es la narración gráfica, es decir que para que algo pueda ser considerado cómic no solo ha de tener dibujos sino que éstos han de estar estructurados formando una narración, con Chemtrail tenemos un problema, pues dibujo es obvio que tiene pero narración ya no queda tan claro. Al menos una narración convencional con sus personajes y sus desarrollos y una trama continuada con un inicio, un desarrollo y una conclusión. Pero que el autor no imponga una narración no quiere decir que la obra carezca de ésta. Martín López va más allá del cómic tradicional que entiende al lector como agente pasivo que se limita a percibir la obra que se le entrega con el juicio de valor como única actividad posible sobre ella y persigue la implicación activa del lector, su interacción con la obra. Chemtrail presenta al lector una serie de imágenes azarosas y las muestra en un determinado orden, estructuradas de una forma determinada, moviendo radicalmente el peso de la balanza de forma que lo importante en el proceso creativo no es ya la narración sino la estructuración de las imágenes y la presentación formal del contenido más que el contenido en sí, y provocando con ello que sea el propio lector el que busque un significado a lo que está viendo. Es el lector el que ha de completar la obra en su mente, crear una narración que se adecúe a las imágenes que percibe. De este modo, el lector está obligado a un esfuerzo creativo en el momento de leer el tebeo, se convierte en cierto modo en autor del cómic que, además, será un cómic diferente para cada lector.


En este sentido la edición en papel de Chemtrail es algo muy diferente de la edición digital. Mientras que en la segunda el autor va introduciendo material al cómic y el lector puede bucear por él en el orden y ritmo que le apetezca, deteniéndose en un vídeo o pasando por alto toda una determinada parte, en la edición en papel el autor controla el orden de visualización de las imágenes por parte del lector. En el papel las imágenes tienen una colocación y una disposición concreta que se va descubriendo conforme se va desplegando el cómic  renunciando así a cierto nivel de abstracción que quizá sea excesiva en la versión digital. La versión en papel elimina ese caos dirigiendo al lector por un camino ya trazado, lo que no impide que luego éste se salga del camino y visualice de nuevo la obra del modo en que se le antoje.

Chemtrail no saldrá en las listas de los mejores cómics del año porque no lo necesita ni tiene lugar en ellas, resulta únicamente –que ya es bastante– una experimentación sobre la narración historietística, un cómic teórico que reflexiona sobre sí mismo y sobre el medio al que se adscribe y que puede una vez leído provocar al lector una mirada nueva, un entendimiento diferente de los recursos discursivos del tebeo, ampliando los márgenes de lo que se puede hacer y hasta donde se puede llegar.



Chemtrail puede adquirirse en la página web de Ediciones Valientes

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