jueves, 10 de octubre de 2013

Vapor, más con menos

Leyendo Vapor de Max, me ha dado por pensar en la capacidad única que tiene el cómic como medio para transmitir emociones, valores, sentimientos, enseñanzas de una forma sencilla y directa.  El dibujo es un canal que todo el mundo es capaz de comprender, no obstante es utilizado para enseñar y comunicarse con personas autistas, sordas o con problemas de comunicación, y como tal es el canal perfecto para hacer llegar un mensaje de la forma más espontanea. El peso (y el poso) que tiene la obra de Max no es nada insignificante, y no hay más que leer algunos de los textos que se han escrito sobre el libro desde distintas perspectivas para verlo1. En Vapor hay mucho de filosofía existencial, se habla de la vida y también de la muerte, se habla de la sociedad en la que vivimos y del ruido constante al que estamos sometidos y se habla también de nosotros mismos, de lo que llevamos dentro y de cómo llegar a conocerlo.  Todo esto, que podríamos encontrar en un panfleto de autoayuda o en una obra de filosofía oriental nos es presentado en un formato en apariencia modesto pero de una complejidad indudable con mucho de crítica hacia el mundo que nos ha tocado vivir. A través de un dibujo de líneas básicas y de un texto de prosa sobria es quizá la mejor manera de hacer llegar el mensaje, y que cale, lenta pero profundamente.

Si Art Spiegelman dejó claro hace ya 30 años que unos personajes zoomorfos eran perfectamente capaces de transmitir los horrores del holocausto, no debería suponer sorpresa alguna que un simpático gato regordete represente nuestro yo más hedonista y material, o que una urraca sea quién provea las necesidades básicas para la vida tales como alimento o agua. Dividido en todas estas pseudo-identidades arrancadas de sí mismo, Nicodemo, Nick para los amigos, puede emular a los anacoretas clásicos buscando las razones de la existencia en el desierto, alejándose paulatinamente del ruido del mundo y enfrentándose progresivamente a una versión actual de las tentaciones. Aislado en el desierto, se enfrentará contra los placeres físicos y psicológicos, contra las necesidades más básicas, contra el circo de la sociedad e incluso hasta contra su propia sombra.

Pero Max no se queda ahí. Por si no fuera suficiente narrar la epopeya trascendental de Nick desde la sociedad moderna hasta la elevación espiritual, el autor lo hace además utilizando todos los recursos que el cómic puede brindarle potenciando el lenguaje figurativo de modo que los pájaros que Nick tiene en su cabeza (sus distracciones) se muestren reales y habitando en un espeso bosque que un leñador llamado Hércules tendrá que talar hasta dejar la mente del anacoreta en blanco y libre de pensamientos que lo alejen del camino que ha emprendido. Vapor posee un marcado metalenguaje mediante el que no solo Nick lucha contra sus propios demonios sino en el que el propio Max lucha en ocasiones contra el propio lenguaje del cómic huyendo de las figuras narrativas habituales. Vapor avanza a la par que la exploración vital de su protagonista perdiendo por el camino y casi sin darnos cuenta la separación y la organización en capítulos, desde una disposición marcadamente estructurada hasta la nada representada por la página en blanco en el momento en el que el protagonista alcanza el cenit de su búsqueda espiritual encontrándose con lo que estaba buscando y uniéndose (o no) al todo.


Aún así, Max se permite continuar su viaje después de finalizado el de su protagonista. Reservando las últimas páginas del libro para dejar constancia de que la vida continúa, que probablemente esta haya sido la empresa más importante de la vida de Nick, pero para el resto del mundo no ha supuesto nada significativo. La vida sigue y seremos cada uno de nosotros los que tendremos que decidir qué hacer y a dónde ir.


1 El azar ha querido que este libro que se publicó originalmente en octubre del pasado año haya llegado a mis manos recientemente. También fruto del azar Josep Oliver firmó un texto en el primer número de CuCo Cuadernos de cómic titulado “Entre el sueño y la muerte: las tradiciones meditativas y Vapor de Max” en el que analizaba el libro de Max utilizando como clave el Tao Te King de Lao Tse. El ensayo de Oliver es un análisis certero y estructurado que a punto estuvo de hacer que esta pequeña crítica que ya estaba escrita con anterioridad no viera la luz. Finalmente decidí retrasar la publicación de este escrito y la casualidad ha atacado de nuevo queriendo que el mismo día en que pensaba subirlo al blog Gerardo Vilches haya publicado en EntrecomicsEl horror supremo del vacío más absoluto: una lectura filosófica de Vapor”, artículo en el que recorre Vapor desde un prisma filosófico y complementario a la visión de Oliver. Ambos ensayos son buena muestra del calado de la propuesta de Max y de lo mucho que aún tiene por ofrecer, y a su lado mis breves párrafos parecen ciertamente escasos. Aún así he decidido finalmente publicar la crítica entendiendo que la finalidad de un texto y de los otros es muy distinta y que bien pueden convivir todos en armonía. Espero al menos que sirva para acercar a quien no lo haya hecho ya a Vapor y les invite a reflexionar sobre su lectura.

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