sábado, 20 de julio de 2013

Los superhéroes en el cine. El espectáculo por el espectáculo


En esto de los superhéroes todos tienen a sus favoritos, en mi caso siempre han sido los X-Men. No sabría decir muy bien por qué, quizá por el rollo de odiados y temidos o porque Gambito era un bribón encantador, pero la cuestión es que de niño si veía un tebeo mutante en el quiosco, tenía que comprarlo. Compré en su día un montón de tebeos de diferentes series que ni siquiera eran correlativos, historias cortadas a mitad con personajes cuyo aciago final no conocí hasta muchos años después (cuando de hecho ya habían dejado de estar muertos), vi personajes bailar de una serie a otra sin saber muy bien por qué y me perdí el final de grandes aventuras por no encontrar el número de aquella otra serie en la que continuaba la historia en cuestión. Pero eran mutantes, y tenía que comprarlos. Me encantaban. 

No os podéis imaginar la ilusión que me hizo enterarme de que iban a hacer una película de los X-Men (Id, 2000). Aquello era una especie de sueño hecho realidad. No recuerdo muy bien cómo me enteré del proyecto pero sí recuerdo perfectamente cuándo vi las primeras imágenes, en un telediario del medio día de no sé qué cadena. Secuestré el mando durante unos minutos para ver a Cíclope destrozando la estación al serle arrancado el visor por Sapo y los primeros vistazos de Lobezno, Tormenta o Dientes de Sable. Todo aquello era nuevo, y os aseguro que me dejó asombrado. Ver por fin a mis héroes favoritos en acción fue algo especial, tanto que ni siquiera me fijé en los extraños uniformes que llevaban, o si lo hice no le di importancia. Solo podía pensar en el momento de ver a los X-Men en la gran pantalla.

Han pasado ya unos cuantos años desde aquello y me acuerdo de esta historia ahora mientras leo el “notición” del fin de semana. En 2015 habrá una película protagonizada por Batman y Superman. Juntos. Por fin. O al menos eso es lo que se lleva rumoreando toda la tarde, que lo menos resulta que es otro rumor más. La cuestión es que me asombra la enorme expectación que ha despertado la noticia. Probablemente en el año 2000 esta misma noticia me habría asombrado y emocionado igual que las primeras imágenes de X-Men pero hoy en día en que cada año se estrenan 3 o 4 películas de superhéroes, 1 o 2 de las cuales siempre suponen el evento de la década (bien porque es el esperado final de una saga,  porque es el esperado reincio de otra, o la esperadísima reunión entre varios personajes), lo que me produce es más bien sopor. Una sensación de “más de los mismo” difícil de quitar. Más aún cuando son pocos de estos estrenos los que realmente tienen una calidad digna de la expectación provocada. Me siento incapaz de emocionarme por el anuncio de una futura Superman/Batman (por cierto, me pregunto si seguirán con su gusto por eliminar el nombre del personaje del título, propongo algo así como El contraataque del Caballero Oscuro que regresa para encontrarse con el Hombre de Acero Returns) cuando este mismo año hemos visto o veremos en las carteleras a Iron Man, Superman, Lobezno y Spiderman y de aquí al supuesto estreno otras tantas.

Llegado el momento en el que el simple anuncio de una película de superhéroes ya no es noticia sino rutina, a las compañías no les queda otra más que anunciar el espectáculo por el espectáculo. Si un superhéroe no es suficiente, juntemos varios. Ya comenzaron con la detestable costumbre de introducir dos y hasta tres enemigos en cada película, reduciéndolos al mínimo exponente y despojándolos de toda su carga, y ahora han comenzado a juntar personajes, cuantos más mejor, en la misma película. Los crossovers han llegado al cine. El espectáculo por el espectáculo.

lunes, 8 de julio de 2013

La película de Batman que nunca fue. Batman Año Uno, por Aronofski y Miller


Tras la poco afortunada versión de Batman a cargo de Joel Schumacher en Batman Forever (Id, 1995) y Batman y Robin (Batman & Robin, 1997) muchos agradecieron la llegada de Christopher Nolan y David S. Goyer en Batman Begins (Id, 2005) y su nueva visión del Hombre Murciélago, más oscura y real. El éxito de crítica y público realmente llegó con su secuela El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008) aunque posteriormente se atenuó con el estreno de la tercera y última cinta de la saga, El Caballero Oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012) gracias a la cual algunos de los más acérrimos defensores del trabajo de Nolan comenzaron a enumerar sus fallos y el halo de intocable que rodeaba al cineasta tras la segunda entrega comenzó a desaparecer. Aún así, la saga del Caballero Oscuro de Nolan es probablemente una de las mejores adaptaciones que se han hecho de un superhéroe a la pantalla y es cinematográficamente sobresaliente, amén de recuperar para el cine la figura de Batman que tan dañada había quedado en sus anteriores incursiones. 

Antes de Nolan, Warner valoró muchas otras opciones, como una película de Batman y Superman dirigida por Wolfgang Petersen o un Batman obra de Darren Aronofsky y Frank Miller. Es de éste último del que han salido a la luz en las últimas semanas varios diseños y de la que más información tenemos gracias al libro Tales From Development Hell: The Greatest Movies Never Made? de David Hughes y editado en 2012 por Titan Books que nos cuenta la historia tras el desarrollo de esta película que nunca llegó a ver la luz. En la web Whatculture! podemos leer algunos extractos del libro en los que los propios implicados hablan sobre la evolución de esta película que se iba a llamar Batman: Year One –aunque poco iba a tener que ver con el cómic homónimo de Frank Miller. En palabras del propio Aronofsky:

“Mi propuesta era completamente opuesta, lo cual suponía devolver al personaje a la crudeza de las calles, tratar de situarlo en una especie de realidad real – sin escenarios, sin sets, filmándolo todo en ciudades del interior de América, creando una sensación muy real. Mi propuesta era una mezcla de El Justiciero de la Ciudad y The French Connection: Contra el imperio de la droga con Batman. En Year One, Gordon era una especie de Serpico, y Batman una especie de Travis Bickle.”

A Warner Brothers les interesó la propuesta de Aronofsky –más aún cuando éste propuso a Clint Eastwood como protagonista– hasta el punto de encargarles un guión.

“Un joven Bruce Wayne es encontrado en la calle después del asesinato de sus padres, y acogido por ‘Big Al’ que dirige un taller de reparación de coches con su hijo ‘Little Al’. Movido por un deseo de venganza que se dirige hacia un destino manifiesto del cual solo es vagamente consciente, el joven Bruce (de edad deliberadamente indeterminada) trabaja duramente día y noche en el taller, viendo las idas y venidas de prostitutas, borrachos, proxenetas y policías corruptos en un sórdido prostíbulo al otro lado de la calle, mientras el detective James Gordon encadenando un cigarro tras otro lucha contra la corrupción que encuentra endémica a todos los niveles de la policía de Gotham City.” 
“El primer acto de Bruce como vigilante es enfrentarse a un policía corrupto llamado Campbell cuando éste aborda a ‘Mistress Selina’ en el prostíbulo, pero Campbell acaba muerto y Bruce apenas escapa de ser culpado. Tras darse cuenta de que necesita operar con una mayor metodología, se viste en un principio con una capa y una máscara de hockey. Sin embargo, Bruce pronto evoluciona hacia un ‘uniforme’ más estilizado tanto formal como funcionalmente, adquiere varios artilugios y armas improvisados, y reconvierte un Lincoln Continental negro en un improvisado ‘Batmovil’ – completado con lunas tintadas de negro, gafas de conducir de visión nocturna, parachoques armados y un motor de autobús escolar sobrealimentado. 

Con su nuevo aspecto de ‘Hombre Murciélago’, Bruce Wayne desata una guerra contra los criminales desde el nivel de la calle hasta los más altos escalones, abriéndose paso en la cadena alimenticia hasta el Comisario de Policía Loeb y el Alcalde Noone, mientras los ejecutores del patrimonio Wayne buscan a su heredero perdido. Al final, Bruce acepta su destino dual como el heredero de la fortuna Wayne y el salvador de la ciudad, y Gordon llega a aceptar que, aunque pueda no estar de acuerdo con los métodos del Hombre Murciélago, no puede discutir sus resultados.”

El guión tenía ciertas similitudes con el Year One de Miller (el cómic), escenas enteras como la de Gordon salvando a un bebé en una situación de rehenes o la paliza que recibe de parte de otros policías como advertencia por sus investigaciones, e incluso dejaba ciertos detalles abiertos de cara a una futurible secuela, pero de lo que no se puede acusar a Aronofsky o a Miller es de hacer ningún tipo de concesión al espectador. La escena de presentación del comisario Gordon de esta versión, por ejmeplo, enseñaba a Gordon “sentado en un retrete con un revolver en su boca y seis balas en la mano, pensando si volarse la cabeza."

A pesar de que esta versión nunca llegó a ser un proyecto demasiado firme, sí llegó a ciertas fases que llevaron a los mandamases de Warner incluso a encargar los diseños para una posible película. Tras la aparición de estos diseños, el propio Aronofsky se apresuró a confirmar en Twitter que “ninguno de estos diseños de Batman Year One que están circulando por internet provienen de mi trabajo ni del de Frank. Así que no podemos tomar ningún crédito o ser culpados por ello.” Los dibujos fueron publicados por la web comicbookmovie sin citar su fuente, pero en algunos de los diseños aparece el nombre del estudio responsable que parece ser Draxhall Jump Entertainment. Este estudio , dirigido por el dibujante Ken Lashley, tenía su base en Toronto y aparece en ComicBookDB acreditado como dibujante en unos pocos números de la serie Angel y The Darkness. Ilustrando este artículo se pueden ver los diseños y bocetos que el estudio preparó para esta curiosa versión cinematográfica de Batman que jamás llegó a ver la luz, quién sabe si en parte debido a los propios aficionados que nunca hubieran perdonado tal violación del personaje.



lunes, 1 de julio de 2013

Los Defensores de Matt Fraction. Un tebeo de los de toda la vida

Marvel tiene una extraña querencia por arruinar guionistas. Allí les gusta coger a escritores del medio independiente, donde han demostrado su valía y meterlos de lleno en pleno centro del Universo Marvel donde las restricciones propias del negocio y los caprichos editoriales les coartan impidiendo desatar su arte.. Así, guionistas que dan lo mejor de sí en series periféricas o directamente independientes, hacen trabajos mediocres cuando se los pone al mando de la Patrulla-X, de Los Vengadores o del macro evento de turno. Esto ha pasado siempre y uno de los últimos casos es Matt Fraction. Denostado (no sin razón) por muchos debido a sus etapas al cargo de los mutantes, de Iron Man o del evento veraniego de hace un par de años, Miedo Encarnado, no hay que olvidar que también es el responsable de El Inmortal Puño de Hierro hace ya unos años, de la imprescindible Ojo de Halcón en la actualidad o de Los Defensores cuya publicación acaba de terminar recientemente en España. Es en estas series alejadas del foco principal de la editorial en la que se le permite rienda suelta para liberar sus locas ideas y su divertida y amena narrativa.

Los Defensores nació precisamente del interior de Miedo Encarnado, probablemente uno de los eventos más insípidos de la Marvel reciente. Desde que Axel Alonso llegó a la silla de Editor Jefe de Marvel dejó claro su interés por potenciar a personajes marginales que no habían encontrado su espacio en el Universo Marvel, y junto al mismo Ojo de Halcón o el Hombre Hormiga, los Defensores siempre estuvieron en esa lista, así que tras el final de Miedo Encarnado, se decidió que fuera el propio escritor del evento, Matt Fraction, quien se encargara del relanzamiento de la serie. Aún así, pese a lo que nos quisieron hacer creer, Los Defensores no nace con naturalidad de Miedo Encarnado, de hecho podría haberse hecho en cualquier otro momento sin apenas cambiar el argumento. Nul el Destructor, salido de las cenizas del evento, es utilizado como gatillo para dar el pistoletazo de salida al primer arco de la serie, pero no es ni mucho menos, parte fundamental e imprescindible de la historia.

Antes de continuar hay que destacar que Los Defensores no es (y esta es el segundo engaño respecto a esta serie) una serie abierta. Desde el primer momento, y muy en consonancia con el espíritu del no-grupo, se trata de una historia perfectamente cerrada, dividida en arcos para adecuarla al mercado actual, pero con un principio y un final perfectamente cerrados a pesar de que la política actual de la editorial le impidiera venderla como lo que es, una maxiserie de las de toda la vida. Al sacarla como serie regular en vez de limitada se ve debilitada por el problema endémico de las series de superhéroes actuales, el baile de dibujantes. La serie comienza con unos Terry y Rachel Dodson muy en consonancia con el tono de la serie pero pronto comienza a ver pasar por sus páginas a dibujantes de muy variados estilos debilitando considerablemente el resultado final. De entre todos, hay que destacar no obstante el trabajo de Jamie McKelvie que ya aquí comienza a mostrar el estilo depurado y original que le está produciendo numerosas alabanzas en su etapa actual en Jóvenes Vengadores, si los 12 números de la serie hubieran sido dibujados por él, estaríamos hablando de una obra muy superior.


Los Defensores tiene una virtud que se echa en falta en muchos tebeos actuales de Marvel o DC y es que la historia que se cuenta solo podría haberse contado en esta cabecera. Lejos del argumento genérico de héroe contra villano-villanísimo que vemos todos los meses, Fraction entrega una historia propia de Los Defensores, una historia divertida, excéntrica e inquieta, llena de casualidades y misterios que se resuelven mes a mes solo para atrapar aún más al lector en una espiral que lo lleva hasta un desenlace que, de nuevo, solo podía tener lugar en un cómic de Los Defensores, el grupo ha salvado el universo entero, y nadie lo sabrá jamás. Y además lo hace con el sentido del humor que caracteriza al guionista y al que solo puede dar rienda suelta en este tipo de cómics más separados del núcleo de la editorial. No solo los personajes están definidos por el humor, destacando un sentido del humor diferente para cada uno, diferenciándolos y haciéndolos más indispensables en la historia, sino que la propia narrativa está llena de humor, comenzando por las notas a pie de página tan típicas en los tebeos de la editorial durante la Edad de Plata. Estos comentarios a pie de página son usados por Fraction como guiño a una época pasada, como desmelene y muestra del sentido del humor de la serie e incluso como avance de lo que ocurrirá en números posteriores. Desde el punto de vista metanarrativo,  muchos de estos comentarios funcionan como profecía de lo que ocurrirá, presentan otra lectura al cómic, una lectura relacionada no con lo que se está leyendo sino con lo que ocurrirá en el futuro de la historia. 

Los Defensores son una muestra del amor de Fraction por los tebeos de toda la vida, con numerosos guiños al trabajo de Jack Kirby, reinventado conceptos usados por el “Rey”, y llevando a sus personajes de un lugar a otro en una sucesión de aventuras sin descanso. En 12 números, Fraction nos lleva a Nueva York, la Montaña Wundagore, Atlantis, Wakanda, a 1967 (en el que es el mejor número de toda la serie, una psicodélica historia protagonizada por un Nick Furia alternativo en lucha contra una Hydra dirigida por un Hitler-Frankenstein), al espacio, a un futuro apocalíptico, y sobra espacio para la aparición de personajes como Preste Juan, las armas inmortales, La Confederación de Curiosos, John Aman, el Consejo de Anticuarios, los Omegas y otros muchos igual de extravagantes, e incluso se permite reescribir el origen del Universo Marvel dando una explicación a la proliferación de héroes en la Tierra similar a lo que ya hicieran Alex Ross y Jim Krueger en Tierra-X, algo que habrá que ver si Marvel tiene en cuenta en el futuro o simplemente pasa al cajón de las ideas-de-las-que-nunca-más-se-supo.

Matt Fraction, demuestra en Los Defensores, igual que está haciendo en la actualidad en la imprescindible Ojo de Halcón, que es uno de los mejores guionistas en nómina actualmente en la industria de los superhéroes, pero que necesita su espacio y su libertad para dar lo mejor de sí. Sabe cómo contar una historia y le gusta jugar con los elementos narrativos para hacerlo de forma original. Fraction ha nació para escribir tebeos de los de toda la vida, de los de leer mes tras mes, de esos en los que pasan tantas cosas que conviene releer cada número antes de leer el siguiente. Tebeos con sabor a grapa.


NOTA: En este enlace podéis ver todas las portadas y algunas portadas alternativas de la serie.