jueves, 13 de abril de 2017

'Power Rangers', Dean Israelite

Power Rangers (Id, Dean Israelite, 2017) comienza con el consabido flashback que pone en contexto todo lo que verás después, con Bryan Cranston (Zordon) haciendo de imposible Power Ranger Rojo y la última gran batalla contra Rita Repulsa (Elisabeth Banks) por la salvación de la Tierra, aprovechando por cierto, con todo descaro, para vincular la extinción de los dinosaurios con la llegada de los Rangers al planeta. Tras esto, una escena en la que Jason (Dacre Montgomery) huye de la policía en una persecución por el pueblo en el que tiene lugar la acción, Angel Grove. La persecución está filmada con una interesante cámara colocada en el centro del coche en su interior, y que va girando sobre su eje en un plano continuo hacia delante y hacia atrás una y otra vez, en un movimiento casi mareante mientras la persecución tiene lugar. La cámara muestra alternativamente lo que ocurre por delante y por detrás del vehículo, hasta el accidente final, que se rueda en el mismo plano sin mover la cámara de su eje mientras el coche da vueltas y vueltas destrozándose poco a poco. Tras esto un pequeño rótulo en la parte inferior derecha de la pantalla nos indica que estamos viendo una película de los Power Rangers. Nada de grandes letras a todo color, no una música impactante ni ningún efecto especial, pequeñas letras en la parte inferior derecha. Un comienzo extraño para una película como los Power Rangers.

Reflotar la franquicia para nuevas generaciones se presentaba como una tarea harto complicada. En la década de los 90 los Power Rangers fueron un auténtico bombazo gracias a la serie ¿original? creada por Haim Saban y fusilada de las series supersentai japonesas -quien no conozca a estas alturas la historia de cómo Saban cogió imágenes de la serie original japonesa y las mezcló con escenas rodadas en Estados Unidos para inventarse una serie completamente nueva, que la busque sin más tardar, no tiene desperdicio-, pero la calidad artística tanto de las distintas temporadas de la serie, que sigue emitiéndose en la actualidad, como de la exitosa Power Rangers: la película (Mighty Morphin Power Rangers: the movie, Bryan Spicer, 1995) dejaba bastante que desear. Al fin y al cabo la historia cuenta como cinco adolescentes reciben poderosas armaduras y robots gigantes con forma de dinosaurios para derrotar a una villana que responde al nombre de Rita Repulsa y que quiere destruir la Tierra y de paso al universo. Quién puede tomarse eso en serio.

Y precisamente ese es el punto fuerte de la película, no se toma en serio en ningún momento. Tiene una total falta de pretensiones que la convierte exactamente en lo que debe ser, una continuación espiritual de la serie original actualizada a los nuevos tiempos. En la serie de los 90 había batallas absurdas contra enemigos ridículos, diálogos que no merecían la consideración de tales y un argumento apenas mencionable, amén de tremendamente repetitivo. Todo aquello está presente en esta Power Rangers aliñado con un poco de siglo XXI y un mensaje buenista y simplón con el que los adolescentes de hoy puedan encontrar identificación. Todos para uno, la cultura del esfuerzo, la importancia de ser diferente, todo ello bien mascadito y puesto en boca de unos chicos que a pesar de pretender lo contrario no dejan de ser los chicos mas guays del instituto. Incluso el humor esta pasado por este filtro de actualidad–cf. La escena en la que un zord destroza un Camaro amarillo con dos franjas negras y el Power Ranger que lo pilota grita un “lo siento Bumblebee”-. Pero estos Power Rangers son los mismos que vimos en la televisión hace 20 años. Incluso los masillas que han sido ligeramente remozados son los mismos masillas de siempre. El culmen de todo esto es el inevitable y esperado plano lateral con los zords corriendo por el desierto y el archiconocido “go go power rangers” sonando de fondo.

A pesar de todo esto, o precisamente por la libertad que otorga asumir el propio espíritu de autoparodia, Israelite se molesta en buscar momentos interesantes dentro del maremágnum, como la citada e inusual escena inicial –que luego será repetida ya sin tanto impacto en la huída de la mina- o las escenas que ocurren bajo –o sobre- el agua. Así, mientras que otras sagas mucho más grandes se preocupan por gastar millones y contratar a estrellas para luego ofrecer productos pobres y sin garra –y me estoy acordando de Independence Day: Contraataque (Independence Day: Resurgence, Roland Emmerich, 2016)- Power Rangers sabe desde el primer momento en qué liga juega y puede construir desde ahí una película con algunos puntos interesantes y que exceptuando un tramo central demasiado lento, algo que acusan últimamente muchas películas de acción, resulta ser un efectivo vehículo de acción.

Mención aparte merece la escena post créditos, una herramienta que se ha convertido ya a estas alturas en un elemento casi ineludible en cierto tipo de cine como la femme fatale en el cine negro o la persecución de vehículos en el cine de acción, pero que excepto algunas destacables excepciones –lo de Shyamalan en Multiple (Split, M. Night Shyamalan, 2016) es inesperado y muy muy acertado- se ha convertido en algo totalmente rutinario y predecible. ¿Es necesario incluir a modo de escena post créditos una escena que cualquier aficionado a la serie original puede adivinar antes incluso de entrar en la sala?


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