lunes, 17 de abril de 2017

'El día más largo del futuro', Lucas Varela

En Entendiendo el cómic, el dibujante y teórico del noveno arte Scott McLoud, tras una extensa disertación acaba definiendo el cómic como “ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada” pero para simplificar acaba volviendo a la definición clásica de Will Eisner, “arte secuencial”. Si aceptamos la definición de Eisner, probablemente El día más largo del futuro de Lucas Varela publicado por La Cúpula sea el cómic más puro que puede encontrar actualmente uno en las librerías. Narración gráfica en su sentido más honesto.

Varela cuenta en un cómic de 120 páginas una historia de espionaje industrial, grandes corporaciones, visitantes del espacio exterior, pequeños personajes envueltos en grandes tramas y mucha aventura loca y futurista sin una sola palabra, únicamente usando el dibujo. Y aunque el dibujo es importante no es lo más importante. Lo fundamental aquí, lo que convierte El día más largo del futuro en un cómic maravilloso es la narración gráfica que despliega página tras página. En 120 páginas de viñetas sin texto no hay ni una sola vez en la que la historia se desvíe de su camino, ni una sola vez en la que el lector se pierda algún aspecto de la narración, ni una sola viñeta carente de sentido. De hecho cada viñeta arrastra al lector con naturalidad hacia la siguiente viñeta y esta a su vez hacia la siguiente como si estuviéramos viendo una tira de fotogramas en la que ninguna viñeta sobra ni ninguna viñeta falta. Varela despliega toda una gama de géneros y los domina todos con igual maestría. Da igual que estemos viendo a un aburrido oficinista en su rutina diaria de camino a un trabajo alienante e hipercontrolado, que una batalla a muerte entre robots asesinos en una suerte de circo futurista. La línea clara de Varela funciona por igual independientemente del terreno por el que se mueva.

El día más largo del futuro nos presenta la sociedad del futuro, una sociedad dominada por dos grandes corporaciones alimenticias. Como si McDonalds y Burguer King dominasen el mundo y luchasen por la supremacía. Si no trabajas para unos trabajas para otros y no hay medias tintas. Has de amar a tu marca y odiar la contraria, aunque en la práctica estén incluso mezcladas en las mismas calles. Asusta pensar lo cerca que esta estampa está de una realidad en la que las marcas ya no buscan clientes sino fans, y no contratan trabajadores sino embajadores, donde el logo de una empresa se luce con orgullo de pertenencia como seña tribal y donde si tienes un sistema operativo tienes obligatoriamente que odiar los demás. Lo que nos cuenta El día más largo del futuro es la historia de dos personajes perfectamente inmersos en esta sociedad y completamente infelices. Un hastiado oficinista sin más motivación en la vida que la rutina diaria de un trabajo monótono y bajo constante vigilancia y un robot del hogar con un censurado afecto hacia los insectos que es obligado a ejercer violentamente contra otros. Ambos personajes se verán envueltos en una trama de espionaje industrial, usados cada uno por su corporación para destruir al rival sin importar en ningún momento su propia salud personal.


Siguiendo con Scott McLoud, la palabra clave de su definición de cómic es “yuxtapuesto”. A diferencia del cine, que está formado por imágenes que se sobreexponen una sobre la otra en el mismo espacio, el cómic está formado por imágenes que son mostradas unas junto a las otras, algo que puede ser una simple característica del medio o ser usado por manos hábiles como elemento narrativo y transmisor de la propia historia. Varela utiliza todos los medios a su alcance para hacer de El día más largo del futuro una historia fácil de leer y de entender, y crea con las viñetas hermosas composiciones, estableciendo relaciones entre ellas ya sea mediante los colores, la estructura de las mismas o las formas que las unen. Tan solo con echarle un vistazo a una página, el lector capta rápidamente la sensación adecuada. Si una escena ocurre en el interior de una casa, un espacio conocido y ordenado las viñetas son todas idénticas con la misma paleta de colores y la misma estructura interna, pero cuando un personaje sale al bullicio de la calle, el número de colores aumenta, las viñetas se llenan de formas y figuras y la página vista en conjunto parece mucho más caótica. Una vez acabada la obra se puede volver a leer sin detenerse en las viñetas, pasando únicamente las páginas, y el diseño que estas tienen transmite todo lo que es necesario transmitir. Puro cómic.

Viendo el trabajo que Varela ha hecho en otros cómics publicados como La Herencia del Coronel junto a Carlos Trillo o Diagnósticos escrito por Diego Agrimbau, o incluso las viñetas que publica en diversos medios como Clarín, The Financial Times o Rolling Stone se aprecia todavía más el arte de este argentino que lejos de quedar estancado en un único estilo parece tener facilidad para navegar con soltura entre varios de ellos. Y con El día más largo del futuro consigue algo que solo unos pocos hacen, y es que además de entretener y provocar la reflexión sobre lo que está contando, hace que el lector piense en el cómic como medio, como herramienta para contar historias. Es uno de esos libros que demuestran el enorme potencial del cómic como transmisor de historias y creador de arte y, lejos de lo que a menudo se piensa, el extenso camino que aún queda por recorrer. La innovación aún es posible, no todos los caminos están ya andados, y descubrirlos es cuestión de esfuerzo y pasión.

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