martes, 2 de agosto de 2011

Entrevista a Alan Moore. Parte I

Os traigo aquí la traducción de la fantástica entrevista que Wired.com realizó al maestro Alan Moore hace unos días con motivo del lanzamiento de League of Extraordinary Gentleman Century: 1969.

Al tratarse de una entrevista bastante extensa la dividiré en tres partes. En esta primera parte, Moore habla sobre su experiencia durante los años ’60 (“cuando el estado comenzó a tomarnos en serio e inició contramedidas, la mayoría de nosotros nos quebramos como perras”), su opinión sobre la cultura punk (“fue por supuesto un movimiento principalmente centrado en el nihilismo. Eso no es progresar hacia nada, es un estado de indignación, aunque brillante”) y el magnífico trabajo de Kevin O’Neill en las páginas de la Liga (“Kevin simplemente continúa mejorando, como un buen vino.”). Continúa leyendo para conocer las extraordinarias reflexiones de este extraño ser que es Alan Moore.


Alan Moore traslada La Liga de los Hombres Extraordinarios a los ‘60


¡Inminente sobrecarga de referencias de la cultura popular!

Wired.com: Hablemos sobre 1969, el cómic y el año. Ambos fueron todo un viaje mental.

Alan Moore: Bueno, muchas gracias, Scott. Kevin y yo esperamos que tuviera algo del auténtico sabor de aquellos años. Queríamos que se sintiera como el equivalente ficticio de aquellos años y sus drogados extremos. Es probablemente la primera época en la cronología de la Liga de los Hombres Extraordinarios de la que realmente tenemos recuerdos. Sí, hicimos la Liga en 1958, pero yo tenía 5 años, de modo que no tenía realmente mucha noticia de la cultura que se desarrollaba a mi alrededor. Pero 1969 es un poco más cercano a nuestro tiempo, así que intentamos ser auténticos en el modo en que imaginamos los ’60.

Wired.com: Gran parte de la diversión de leer la Liga viene de rastrear las entrecruzadas coordinadas de la cultura y literatura popular y la historia. Y 1969 tuvo algunas realmente grandes, especialmente en lo referente a la muerte del Rolling Stone Brian Jones como preludio de una era de supremacía satánica, con Mick Jagger literalmente como Señor Oscuro.

Moore: Kevin y yo lo hemos pasado realmente bien. En este punto, debería dejar claro que Kevin es responsable de la mitad de las referencias oscuras. Estaba haciendo una entrevista recientemente y surgió una pregunta del comentarista de La Liga de los Hombres Extraordinarios Jess Nevins que preguntaba si 1969 era un intento de matarlo. Y yo esquivé la pregunta diciendo que podía ser un intento de matarlo, pero que Kevin era probablemente más responsable de su fallecimiento definitivo. Como ves, estoy intentando pasar la culpa a mi colaborador.

Pero a pesar de las muchas sugerencias que incluyo en mis guiones, siempre va a haber algunos personajes en el fondo cuando me llegan los dibujos, respecto a los cuales voy a tener que llamar a Kevin y preguntarle, “¿Quién es este tipo? Me resulta familiar.” Y Kevin siempre me lo dirá, aunque estoy seguro de que hay algunos que jamás han surgido. De modo que los lectores deberían estar animados si hay ciertas referencias que no han surgido.

Pero con suerte, la historia es lo suficientemente fuerte, incluso si no captas todas las referencias. Ese es el modo en el que tratamos de hacerla. Pero lo pasamos realmente bien, no solo refiriéndonos a todas esas cosas, lo cual cualquiera puede hacer, sino también uniéndolas todas juntas. El modo en el que un margen rugoso en una historia quizás de una película o serie de televisión puede hacerme unirla casi perfectamente con el margen rugoso de otra. Puedes obtener unas yuxtaposiciones sorprendentes y graciosas como resultado, lo cual siempre es gran parte de la diversión. Especialmente en 1969 así como el próximo 2009, del cual he visto como una cuarta parte del dibujo y he de decir que es incluso mejor que 1969. Kevin simplemente continúa mejorando, como un buen vino.


Acido para el enfrentamiento astral

Wired.com: El dibujo de O’Neill es sensacional, especialmente en ese enfrentamiento lisérgico en el plano astral durante el concierto de los Stones post-Jones en Hyde Park. Eso fue otra cosa.

Moore: Como trasfondo para esa escena, debería recordarse que este escritor ha experimentado realmente la enajenación psicodélica en los festivales de Hyde Park, aunque no en el concierto de los Stones. Yo estaba de hecho en el concierto de Canned Heat, que siguió un par de semanas después del de los Stones. Pero Kevin, por otra parte y según mi conocimiento, jamás se ha imbuido de ninguna clase de droga durante toda su vida. Lo cual provoca cierto tipo de preocupación cuando ves lo que realmente ha hecho en 1969.

De acuerdo, sí, estuve dándole sugerencias para el boceto sobre la mirada derretida y las burbujas con voces reverberantes. Pero cuando vi lo que Kevin había hecho con eso, esa maravillosa doble página con la estatua de Hyde, y la realidad formándose en un túnel sobre el límite de las páginas, era simplemente fantástico.

Kevin fue también responsable de una de las imágenes más conmovedoras del cómic, que fue una en la que yo no había pensado. La sección derecha al final del mencionado festival de Hyde Park cuando vemos la estatua previamente establecida de Jacob Epstein de Mr. Hyde desde arriba, y hay un globo sobrante del festival con la palabra Amor escrita en él flotando hacia el cielo. Debajo nuestro, la estatua de Hyde está alzando sus brazos como si tratara de capturar este globo perdido, la cual es una imagen perfectamente preciosa para el final tanto de la secuencia en el cómic como de los ’60 en sí mismos. Eso fue algo que no le pedí hacer, pero que él percibió. Hay una enorme cantidad de estos pequeños momentos.

Pero sí, disfruté particularmente las secuencias del viaje y la batalla astral, todo establecido por el trasfondo de música pop contemporánea. Fue una escena algo fuerte, aunque fue muy colorida, brillante y fluorescente en algunos lugares. Lo que por supuesto te lleva a las tres últimas páginas que tienen lugar en el punk de los ’70, que son una especie de humillación o un mal viaje, como solíamos decir. De modo que funcionó en todo tipo de formas. No podría estar más encantado con el trabajo que ha hecho Kevin.


Hablando de mucha mierda, quebrándose como perras

Wired.com: Iba a preguntarte por ese globo con la palabra amor, y la parte del cómic en la que Mina describe el “fascismo hippie”. Recientemente vi el excelente documental de Adam Curtis, All Watched Over By the Machines of Living Grace, y aunque no es el primero en hablar sobre los sueños fallidos de los ’60, estoy particularmente fascinado por cómo esa generación y sus tecnófílos hijos, han creado nuestro estado de vigilancia.

Moore: Desde mi perspectiva, cuando escribí 1969, tenía que acercarme al simulacro de una época que realmente recuerdo y con la que tengo conexiones emocionales. En 1969, yo tenía, ¿qué, 15 años? Esa es la edad a la que comencé mi efímera carrera psicodélica, la cual además acabó también con mi carrera escolar. De modo que mi visión de aquella época fue muy formativa. Es una época a la cual tengo mucho cariño. De todos modos, ya no tengo 15 años, ni por asomo. [Risas] No desde hace unos 42 años.

De modo que mi perspectiva sobre esa época ha cambiado. Puedes ver esto en algunas partes del diálogo como cuando Mina Murray trata de abrazar demasiado los ’60. Como ella, Alla Quatermain y Orlando tratan de escabullirse del festival de Hyde Park, ella dice que todos ellos están buscando en el futuro y siendo increíblemente progresistas. Y Orlando, que ha estado por ahí mucho más tiempo que Mina, señala que no, no lo están siendo. Simplemente se sienten nostálgicos por sus propias infancias. Lo cual, mirando atrás, fue parte importante de los ’60. Está reflejado en un montón de las angustiadas tonadas de aquel periodo, especialmente en la música del Pink Floyd de Syd Barrett.

De modo que mis sentimientos reales sobre los ’60 son que sí, por supuesto que tuvimos limitaciones. Hablamos de un montón de mierda, y no tuvimos la fuerza para apoyar todo aquello. En su mayor parte, teníamos buenas intenciones. De todos modos, no fuimos capaces de implementar esas intenciones. Y cuando el estado comenzó a tomarnos en serio e inició contramedidas, la mayoría de nosotros nos quebramos como perras. No todos, pero un gran número. No nos mantuvimos en pie por la lucha que había sonado tan bien en nuestros manifiestos.

Y sí, como reflejé al final de La Liga de los Hombres Extraordinarios: 1969, en un puñado de años la contracultura hippie optimista y ostensiblemente progresista había casi desaparecido y había sido reemplazada por el movimiento punk. El cual estaba lleno de increíble energía, pero en gran medida cargado de rabia, frustración y decepción. Y a pesar de lo fantásticos que fueran aquel primer par de años de la era punk, incluso en retrospectiva, fue por supuesto un movimiento principalmente centrado en el nihilismo. Eso no es progresar hacia nada, es un estado de indignación, aunque brillante.

Y algo importante del punk fue su insostenible postura de tirar a la basura los valores de la cultura que los había precedido. En aquel momento, puedo recordar tener unos 25 años y pensar que el punk era un movimiento que era determinadamente anti-hippie, y sí, tenían sus razones hasta cierto punto. Ciertamente nosotros no hicimos todo lo que dijimos que íbamos a hacer con el mundo, y les dejamos un desastre.

Mi postura sobre el punk era que me encantaba la música y quería estar involucrado en ella. Pero a diferencia de algunos de mis asociados, no iba a salir ahí y hacerme una cresta o llenarme de pinchos. Esa fue su generación, eran todos mucho más jóvenes que yo, y merecían explorar su propio camino. Por supuesto, encontré más tarde que John Lydon era como, qué, ¡ocho meses más joven que yo! [Risas] Y creo que un par de The Stranglers eran casi tan viejos como mi padre. Así que realmente echando la vista atrás, la generación de los ’60, a pesar de todas sus faltas e idioteces, todavía es el único movimiento juvenil que acabó siendo, durante un tiempo, como pretendía, una genuina contracultura. ¡Es el único movimiento juvenil que puedo recordar que no fue predicado sobre la rabia y la destrucción!

En el maravilloso libro de Jeff Nuttall, Bomb Culture, habla sobre cómo, como una reacción a la evaporación de Hiroshima y Nagasaki, la generación que siguió a la Segunda Guerra Mundial representó cierto tipo de nihilismo nuclear. Por aquí en Inglaterra, tuvimos teddy boys rajando asientos de cines y caras de policías. Por ahí en América, tuvisteis la pintoresca cultura de la delincuencia juvenil, como está representada en Salvaje y Rebelde sin Causa. Esas fueron en muchos modos simples reacciones al nuevo estado del mundo tras el desarrollo de las armas nucleares.

Así que creo que incluso si el movimiento de los ’60 nunca derivó en una genuina contracultura, fue al menos un intento. Es la única respuesta positiva que un movimiento juvenil ha dado jamás a las cuestiones de nuestra viabilidad derivadas del trastorno de Hiroshima y Nagasaki. Así que veo los errores, pero también la genuina valentía de aquellos años, que probablemente recibió más críticas de las que merecía. Así que abogo por una aproximación equilibrada. Sin haber visto el nuevo documental de Adam Curtis, aunque realmente disfruté The Power of Nightmares, no puedo hablar sobre él.

Wired.com: Es bastante bueno, aunque no es tan asombroso como The Power of Nightmares.

Moore: Recuerdo esa frase del poema de Richard Brautigan, “All Watched Over By Machines of Loving Grace.” Fui un gran fan suyo a principios de los ’70. Y creo que puedo recordar sentimientos similares de la excelente etapa de Michael Moorcock en New Worlds, que fue la revista más adelantada a su tiempo que la ciencia ficción ha producido jamás. Gran parte de la critica a nuestra creciente mecanización se dio realmente en su momento más fuerte, y podría decirse que en el más perceptivo, durante finales de los ’60.

Recuerdo a gente como el maravillosos John Sladek, que estuvo haciendo cantidades infinitas de historias de ciencia-ficción increíblemente divertidas, que parecía tener una obsesión con los códigos y la encriptación. Por supuesto, en aquel momento, pensé, “¿Qué tienen que ver los códigos y la encriptación con el futuro?” Bueno, como ha resultado ser, ¡bastante!

Y la Nueva Ola de aquí ciertamente tuvo conexiones temáticas con la Nueva Ola de ahí, que incluiría a Philip K. Dick, que estaba prácticamente acabando el final de su línea por aquel entonces. Sus sospechas – bueno, llamemos a las cosas por su nombre- su paranoia [Risas] referente a las cambiantes realidades multivalentes que nuestras tecnologías pronto harían disponible para nosotros, estaba bastante adelantada al juego. Me parece que fueran cuales fueran los fallos de los ’60, su contracultura tiene varios focos de percepciones muy astutas y agudas.


Del Surrealismo al Realismo Social, vía Patrick McGoohan

Wired.com: ¿De qué manera juegas con esas percepciones del futuro tecnológico en The League of Extraordinary Gentleman Century: 2009, si es que puedes hablar de ello?

Moore: Bueno, en ciertos aspectos, esto es sobre lo que trata todo League of Extraordinary Gentleman: Century. A un nivel puramente argumental, trata de todo tipo de cosas que apuntamos en 1910, la clásica agenda satánica ocultista a través de la cual operativos diabólicos esperan realizar algún tipo de nacimiento de algún tipo de anticristo. Comenzamos esos temas en 1910, se desarrollaron significativamente en 1969 y legan a una conclusión en 2009. Pero eso es simplemente el argumento. El subtexto general de Century está justo ahí en el nombre: Estamos mirando a 100 años en la continuidad de nuestro mundo de ficción. No estamos mirando al mundo real, sino a nuestros sueños, qué había en nuestras mentes durante esos periodos. Lo cual es una reflexión próxima a los eventos reales, al menos del modo en el que Kevin y yo lo estamos planteando.

Y creo que una de las cosas más evidentes, cuando los tres capítulos puedan ser leídos sin interrupción, es el extraordinario impacto de cambio sobre nuestro mundo de ficción, y por extensión el mundo real que producen esas ficciones.

Puedes notar de forma bastante perceptible… bueno, quiero ser cuidadoso en cómo formulo esto, porque no quiero ser innecesariamente crítico con toda la cultura moderna. Pero en términos de su ostentación, su libertad, su expresividad, su dificultad para no notar un declive. Cuando comienzas en 1910, estás a solo 12 años de la gran extravagancia Victoriana que exploramos en nuestros dos primeros volúmenes de la Liga. Hay todavía un fuerte eco de ese mundo, porque el siglo XX no comenzó realmente hasta la Primera Guerra Mundial. Fue todo una resaca del siglo anterior.

Para el momento en el que llegamos a 1969, hay toda una plétora de maravillosos y fascinantes personajes y referencias fílmicas. Pero no están tan liberadas ni tan desencadenadas por la realidad como las grandes creaciones de finales de la era Victoriana. Supongo que en los ’60 estábamos comenzando nuestra insegura relación con el realismo, en términos de cultura de masas. Fue insegura porque teníamos cosas como la excelente serie El Prisionero de Patrick McGoohan.

Wired.com: Tío, realmente echo de menos esa serie, y a McGoohan. Descansa en paz Patrick.

Moore: El Prisionero es una de mis series favoritas de todos los tiempos. En su montaje y tono básicos, McGoohan estaba planteando un montón de preguntas sobre cuánto podíamos confiar en nuestro gobierno, en nuestras instituciones e incluso en nosotros mismos. Fue un trabajo profundamente poderoso. En cierto sentido, en sus percepciones políticas, podrías decir que El Prisionero dio una bofetada al realismo. Ofreciendo una visión más paranoica de lo que los servicios secretos probablemente hacían en realidad – aunque estaba basada en un pueblo real que existió en Escocia durante la Segunda Guerra Mundial – El Prisionero expresaba cierto tipo de realismo incluso aunque sea recordada como una de las visiones más surrealistas de aquel periodo.

Estaba teniendo lugar un conflicto en los ’60, y buscábamos realismo. Por cada Nuestro Hombre Flint, había un El Espía que Surgió del Frio. Estaba John Le Carre, que estaba tratando de reparar el equilibrio de los superhéroes fantásticos que se habían hecho más populares que el genero de espías.

El realismo estaba comenzando a morder fuerte, y no obtenías personajes como El Hombre Invisible, Mr Hyde o el Capitán Nemo. Obtenías personajes como el Jack Carter de Michael Caine, o cualquier otro personaje de los que referimos en 1969. Había personajes interesantes, pero bajo ningún concepto tan desencadenados en su imaginación. Estaban trabajando para un nuevo tipo de mandato social.

Para el momento en el que llegues a 2009, creo que quedará bastante claro el hecho de que Kevin y yo no le tenemos tanto cariño a la actual era y su cultura. Estamos informados sobre ella, de modo que sí, hay cientos de referencias como podrías esperar. Pero mirando los tres cómics, los lectores van a ver una contracción de la cultura hacia un estado mucho más mezquino, escaso y posiblemente más limitado que cuando empezamos Century en la gran llamarada de Bertolt Brecht y Kurt Weill. Creo que esa será una de las cosas más sorprendentes sobre Century, una vez puedas leerlo todo seguido.

Quiero decir, cien años no son tanto tiempo. Conforme me he ido haciendo mayor, parece cada vez menos tiempo para mí. Es básicamente una vida humana ligeramente extendida. Hay cantidad de centenarios ahora, y habrá incluso más en el futuro.

Continúa en la parte II

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