Ser Devorado. Sara Tantlinger. Reseña

La comida ha sido siempre un elemento fundamental desde el punto de vista antropológico, no solo como forma de alimentarse y dotar al organismo de los nutrientes necesarios para sobrevivir, sino también como elemento social, como forma de relacionarse con los otros. El mero acto de comer puede tener diferentes significados según la persona o la cultura. No supone lo mismo comer en la oficina con los compañeros de trabajo que acudir al banquete de una boda, igual que no tiene las mismas implicaciones encontrar una cucaracha en el plato en un restaurante español que en uno chino donde puede ser uno de los manjares del menú. La comida puede ser un momento de auténtico placer sensitivo o todo un trauma a superar a diario en múltiples trastornos de la alimentación. Puede ser un castigo para el niño que no le gustan las verduras o todo un trofeo para el cazador que alimenta a su familia con la pieza obtenida. Pero la comida puede ser también un suceso trasformado, un evento de sublimación del ser hacia algo nuevo y diferente. 

Esto último es lo que le ocurre a la protagonista de Ser Devorado, la novela corta de Sara Tantlinger ganadora del premio Ladies of Horror Fiction y finalista en los premios Bram Stoker. Andi, que así se llama la protagonista, perdió siendo niña a su hermano y sus padres en una tragedia familiar de la que nunca ha logrado recuperarse. Este hecho la convirtió en una marginada, la “chica rarita” de cualquier sitio en que estuviera. Su cara pública es tan solo la fachada tras la que esconde sus extraños pensamientos. Andi comienza a obsesionarse con los cuervos que ve todos los días en los alrededores del terreno donde vive. Piensa de forma recurrente en su capacidad de volar, en la simplicidad de su existencia y en su pertenencia a un grupo mayor, algo de lo que ella carece. Pero sobre todo piensa en su alimentación. No puede quitarse de la cabeza la imagen de los cuervos devorando carne muerta. Andi está gravemente trastornada y necesita ayuda pero nadie a su alrededor, ni su novia Luna, ni su único vecino ni su terapeuta son capaces de captar las alarmantes señales que emite, ni de comprender de verdad lo arraigado de su mal. Ser Devorado es la historia de una persona enferma pidiendo ayuda a gritos. Andi está cautiva en su propia mente de unos pensamientos de los que necesita escapar. La carne muerta que devoran los cuervos parece a sus ojos un camino directo hacia la libertad, un medio para la tan ansiada transformación. Quiere dejar de ser lo que es, y convertirse en otra cosa. Puesto que la sociedad la ha rechazado, quizás una bandada de cuervos no sea un mal grupo al que pertenecer. Alimentarse de las entrañas de un cadaver puede ser quizás un pequeño peaje a pagar para salir del agujero en el que vive.


"He tocado fondo, luchando contra mi propia inclinación hacia la ira ante la que mi madre siempre supo que sucumbiría. Pero lo intentaré, una vez más, y otra, y otra más. Enseñaré a mi cuerpo a digerir adecuadamente la carroña y a usarla para su subsistencia."


Ser Devorado nos introduce de lleno en la mente de Andi. Somos espectadores en primer plano de todos sus procesos mentales y de sus obsesiones. Llegado determinado punto, nos damos cuenta de que ni siquiera ella es consciente de lo que le está ocurriendo, y lo que leemos comienza a ser poco o nada fiable. Como lectores percibimos la realidad tal y como ella lo hace, y caemos víctima de la misma paranoia que ella sufre. Creemos que las cosas son de una determinada forma porque Andi lo cree así, y tenemos que tratar de averiguar lo que realmente está sucediendo a través de las conversaciones o las reacciones de otros personajes. Andi cree estar haciendo una cosa cuando se da cuenta de que ha hecho otra diferente, se despierta en mitad de la noche incapaz de recordar las últimas horas o lleva a cabo actos de locura con un raciocinio enfermizo. Nada es fiable en la mente de Andi y por tanto nada de lo que leemos en la novela lo es. Sentados en la primera fila de un cerebro fragmentado asistimos a un viaje angustioso y altamente desasosegante. Nos sentimos atrapados tal y como se siente ella y reaccionamos ofendidos cuando alguien le echa algo en cara a Andi. Ser Devorado es un libro eminentemente sensorial, nos hace transitar estados emocionales nada habituales y experimentar situaciones desde el punto de vista de una mente trastornada en una lectura cruda y posiblemente no apta para todos los estómagos.


Mención especial merece la cuidada edición que Dilatando Mentes ha puesto en el mercado. Quien se haya acercado con anterioridad a algún otro libro de la editorial conocerá el mimo que dedican a cada una de sus publicaciones, con gran atención al aspecto estético de las obras. En el caso de esta novela corta, han completado la edición con un prólogo de Nieves Mories y un postfacio de Erica Couto-Ferreira relacionados con el tema de fondo de la novela y que, aunque breves, sirven de complemento perfecto a la lectura. También incluyen las reproducciones de varios cuadros e ilustraciones que ayudan a crear la peculiar atmósfera del libro. Resulta tremendamente refrescante encontrar un libro de vez en cuando que se aleja de cualquier normativa impuesta. Una obra arriesgada que te lleva a terrenos inexplorados y que es exigente contigo como lector. Un libro que habla de la pérdida y del dolor, y del enfermizo grito de auxilio de una persona sobrepasada por la vida.


Ser Devorado ha sido publicado por Dilatando Mentes en rústica con solapas, 134 páginas y un precio de 13,95

No hay comentarios:

Entrada destacada

Un chico y su perro en el fin del mundo. C. A. Fletcher