domingo, 26 de enero de 2014

Mi amigo Dahmer (Derf Backderf)

Por formación y por cierta atracción siempre me ha suscitado interés el tema de los asesinos en serie. Estudié Psicología y me fascina el funcionamiento de la mente humana. Por qué una persona hace lo que hace supone un complejo rompecabezas que plantea más preguntas que respuestas y las primeras siempre son más estimulantes que las segundas. Los procesos mentales y la gestación de una mente perturbada como la de Jeffrey Dahmer que asesinó a decenas de personas e incluso acabo canibalizando algunos de los restos me parecen un tema con gran aliciente y esto es básicamente lo que Derf Backderf cuenta en Mi amigo Dahmer (Astiberri, 2014) desde la perspectiva cercana de quien fue amigo personal del asesino y compartió con él varios años de instituto.

Cuando años después de haber perdido el contacto, el caso de Dahmer salió a la luz, Backderf se autopublicó publicó una pequeña historia de 24 páginas sobre su otrora compañero de clase que le adjudicó nada menos que una nominación a los premios Eisner. No contento con la brevedad de la historia y teniendo mucha información que volcar dada su relación Dahmer, el autor se implicó en una meticulosa investigación de los hechos estudiando entrevistas, documentación del FBI y realizando decenas de entrevistas a implicados para dar con la historia que se presenta en este tomo. El primer nombre que me vino a la cabeza leyendo Mi amigo Dahmer fue el de Joe Sacco, otro periodista que narra sus reportajes desde la primera persona, desde la perspectiva que le da el involucrarse de lleno en los conflictos que relata. La diferencia es que Sacco se envuelve en la acción de forma consciente para obtener una visión privilegiada de la misma mientras que Backderf se vio relacionado a posteriori; fue años después de perder el contacto con Dahmer que descubrió sus asesinatos y entonces se puso a recordar aquellos años. Ésto supone la primera traba, y es que el relato de Backderf pierde la objetividad al conocer el final antes de comenzar la investigación. Todos los datos que recogió, los recuerdos que recapturó, las entrevistas que realizó, las hizo con el sesgo de saber que Dahmer había asesinado a 17 personas y que era una persona inestable mentalmente. Mientras que Sacco entrevista a una persona sin saber dónde le va a llevar la situación o cuál es la relación del entrevistado con su investigación, Backderf al tratar de recordar los momentos pasados junto a Dahmer, lo hizo desde la premisa de que Dahmer ya entonces tenía algún desequilibrio mental que lo condujo a su trágico final.

"Solo quería ver cómo era."

Lo segundo que más me llamó la atención en su lectura es la autodefensa a la que se aferra Backderf durante todo el relato. Dahmer provenía de una familia desestructurada con serios problemas funcionales. En varios momentos, el autor se pregunta si con unos padres más dedicados o unos profesores más atentos a las necesidades de su alumno, Dahmer no hubiera podido escapar de su tormentoso final, pero se excusa el mismo número de veces de su responsabilidad y la de sus compañeros aun reconociendo el poco interés que le prestaban y el desplazamiento social al que lo tenían sometido. El autor renuncia explícitamente a cualquier tipo de responsabilidad por el destino de Dahmer a pesar de que la tesis que estructura el libro es que la juventud de éste y el entorno en el que se crió fueron los elementos clave que lo convirtieron en lo que acabó siendo.

En cualquier caso, todo esto no son más que reflexiones personales de un cómic mucho más sobresaliente de lo que podría parecer a simple vista. Aunque la narración de Blackderf se resienta en ocasiones de ciertas interrupciones, de cierta dificultad al enlazar unas escenas con otras, en general se desenvuelve acertadamente por el relato vital de Dahmer, repartiendo el peso entre los distintos personajes y los diferentes escenarios y con una brillantez especial a la hora de mostrar el lado oscuro que poco a poco va inundando al protagonista y que se refleja en ocasiones en actos enfermizos y en otras en actos de lo más mundano. Dahmer va cayendo poco a poco en el oscuro pozo en el que acabará atrapado cediendo cada vez con más facilidad a los bajos instintos que le provoca su mente. 

En el apartado gráfico el estilo de Backderf puede recordar en algunos momentos a un moderado Robert Crumb o de nuevo a Joe Sacco, aunque sin decantarse por ninguno de los dos. A pesar del uso de un extraño sentido del humor que caricaturiza personajes y escenas con el fin de aliviar la gravedad cada vez mayor que va adquiriendo la narración, muy lejos queda el psicodélico sentido del humor de Crumb. Backderf además adapta a la perfección su dibujo a la escena que está contando jugando con los negros para añadir densidad o aligerar la narración haciendo que el dibujo sea en cierto modo la representación física de la mente del protagonista, en ocasiones directo, otras más sinuoso, jugando mucho con las sombras y en especial con las perspectivas para mostrar el estado mental de Dahmer.

Mi amigo Dahmer es en definitiva un tratado psicológico en formato cómic sobre la gestación de un asesino en serie. Más allá de apreciaciones personales que puedan discrepar más o menos con las tesis propuestas por el autor resulta un libro sólido con un relato documentado y bien hilado y un dibujo muy bien planteado en perfecto equilibrio entre la seriedad que requiere la historia y un tono lo suficientemente ligero para resultar abarcable y atractivo para cualquiera esté o no interesado en los desmanes de la mente humana.

domingo, 19 de enero de 2014

No os indignéis tanto (Manel Fontdevila)

No os indignéis tanto (Astiberri, 2013) de Manel Fontdevila es uno de los cómics de los que más se está hablando estas últimas semanas junto con Beowulf y Los surcos del azar, pero es, en mi opinión un tebeo difícil de enmarcar entre los mejores cómics del año, y no por falta de méritos pues es una obra completa que brilla en todos sus aspectos, sino por su propia naturaleza de narración de la vivencia social de una época, de zeitgeist de la sociedad española de la última década. Desde este prisma parece insuficiente y en cierto modo injusto limitar el tebeo de Fontdevila a una lista meramente anual.

No os indignéis tanto habla del sentir popular, del clima de una sociedad que siente cada vez un mayor desapego por sus políticos y dirigentes (que tristemente no siempre son los mismos). Habla de revolución y de descontento, de la necesidad de desobediencia pero llevada a otro nivel. Desobediencia no como algo físico y tangible sino como un estado de la mente, una revolución social que puede pasar por el cauce material si es necesario (Fontdevila defiende que lo es) pero que donde debe tomar su origen y fundamento es en el intelecto, en la forma de pensar de toda una sociedad.

Fontdevila, con el sentido del humor y la agudeza que caracteriza su trabajo, nos invita a tomar una posición incómoda. Nos agita la mente para que veamos el mundo a través de sus ojos, que no son mejores ni peores, solo los suyos. Y lo que vemos es una España corrupta en la que banqueros y millonarios varios se enriquecen con libertad mientras políticos electos pisotean su programa electoral para protegerlos, todo ello mientras unos pocos se quejan y otros muchos callan y callan a los que se quejan.

En su zigzagueante relato, Fontdevila pasa por George Brassens, por la insumisión, por el secuestro de El Jueves, por La vida de Brian,… No os indignéis tanto casi podría haberse llamado “Historia de la desobediencia”. Pero hay mucho más. Lo que en un primer momento parece una simple defensa del movimiento 15M y un alegato en pro de la desobediencia civil acaba resultando todo un discurso social más amplio que plantea todo un modelo mental de sociedad. La narración parece en ocasiones difusa, irregular, saltando de un tema a otro aparentemente sin orden ni concierto pero todo cobra sentido al final. Un poco al modo de su obra como humorista gráfico en prensa formada por viñetas aparentemente individuales pero que juntas forman un corpus unificado, transmiten una misma filosofía; No os indignéis tanto en conjunto, al llegar al final declama un único mensaje, una única filosofía formada por muchas aristas, pero bien cohesionada.


Más allá de la importancia social que indudablemente tiene el tebeo, más allá de la moraleja que transmite, está la maestría de Fontdevila como autor de cómic que no debería quedar eclipsada por el mensaje. Manel Fontdevila es actualmente uno de los mejores autores de cómic del panorama nacional con un dominio técnico y visual único sabiendo desentenderse de los lugares comunes para plasmar sus ideas de una forma asombrosamente sencilla e innovadora. Dispone de una habilidad extraordinaria para romper los cánones del tebeo tradicional jugando con la página y la viñeta a su antojo pero sin perder nunca el rumbo ni hacer la lectura enrevesada. Uno de los fuertes de Fontdevila es su naturalidad, lo fácil que uno lo tiene para sentirse identificado con sus historias y que aquí tiene algunos grandes aciertos como el dibujo de los políticos con un círculo blanco donde debieran tener la cara, demostrando su falta de partidismo, metiendo a todos los políticos en un mismo saco como figuras intercambiables de un viciado juego. Si le diera por hacer más trabajos largos sin duda tendría un reconocimiento mucho mayor que el que ya tiene dentro del medio.

A pesar de todo, No os indignéis tanto corre el peligro de convertirse, como le ocurrió también en cierto momento al Indignáos de Stephan Hessel del que esta obra parte, en un objeto de consumo rápido. Al ser un libro corto, accesible y rápido de leer muchos lo leerán por inercia sin pararse a hacer una reflexión posterior de lo que han leído, para estar de acuerdo o en desacuerdo, pero al menos darle un par de vueltas en la cabeza. No os indignéis tanto no debería de acabar siendo un consumible más sin valor ni relevancia. Debería hacerte pensar, debería hacerte levantar del sofá y plantearte si estás de acuerdo o no con la sociedad en la que vives, debería hacer que bajaras a la calle a quejarte de la primera injusticia que vieras. O quizá solo debería hacerte pensar en lo equivocado que está Manel Fontdevila, pero en cualquier caso te habrá hecho pensar.

domingo, 12 de enero de 2014

Beowulf, forma y contenido

Ya escribí sobre Beowulf (Astiberri, 2013) de Santiago García y David Rubín aquí, pero me quedé con algún pensamiento en el tintero que no me gustaría dejar sin comentar.

Existen tebeos que tienen una importancia particular dentro del medio. Tebeos que presentan unas propuestas creativas y unas innovaciones formales que o bien no se han visto antes o no se han tratado con la suficiente reflexión y consciencia. Son obras hechas por autores que tienen un discurso creativo particular y un interés palpable por el crecimiento del medio. Mientras que otros autores se centran en el aspecto narrativo, en contar una historia, éstos hacen prevalecer el continente sobre el contenido. Lo importante para ellos es reinventar el medio y progresar como autores antes que contar una historia accesible. Por supuesto es una postura muy defendible y de hecho, sin estos autores (hablo del cómic pero podemos encontrarlos en cualquier arte) el lenguaje de la historieta no habría llegado hasta donde está ahora, o al menos no a la misma velocidad.

El problema con estas obras tan innovadoras es que pierden parte de su sentido en un entorno ajeno al que se han creado. Me estoy acordando ahora por ejemplo, de cuando ECC Ediciones editó Flex Mentallo hace ahora un par de años. A pesar de la buena noticia que supuso el hecho de poder ver editado en España uno de los mejores cómics de Grant Morrison y Frank Quitely, duo creativo que ha aportado alguno de los mejores cómics del género, se creó cierta discusión sobre el hecho de si un tebeo como ese puede o no recomendarse a alguien ajeno al tebeo de superhéroes. Personalmente no le negaría su lectura a nadie pero probablemente a según qué lector le ofrecería otras muchas obras antes o, en todo caso, le explicaría un par de cosas previas a su lectura. La dificultad con Flex Mentallo estriba en que se preocupa más de indagar y retorcer los cimientos del género que de contar una historia. Esto, que es su principal objetivo, lo cumple magistralmente, pero pierde por el camino parte del poder narrativo que se le presupone a una historia. Al fin y al cabo, qué busca uno en un tebeo sino una historia que lo atrape durante una o dos horas.

Defiendo Flex Mentallo y admiro a sus autores que siempre han presentado ese interés por profundizar en su trabajo, por traspasar la capa superficial de un género ya muy sobado y ofrecer una vuelta de tuerca que permita a otros autores plantear ideas y conceptos nuevos, pero pienso que es una obra poco accesible para alguien no acostumbrado a leer tebeos de superhéroes, algo que también le ocurre a We3 también de Morrison y Quitely que plantea una interesante reflexión formal sobre la narración visual en el cómic de acción, pero que por eso mismo, puede suponer una lectura algo caótica provocando que el lector sea en ocasiones más consciente de las virguerías visuales (narrativas en el caso de Flex Mentallo) que de la historia que se le está contando.

Pasando a Beowulf, el mérito de Rubín y García está precisamente en ser capaces de plantear esa reflexión, esa mejora del cómic como formato sin perder en ningún momento el pulso de la historia que están contando. Tanto narrativa como gráficamente Beowulf presenta innovaciones, técnicas narrativas originales y depuradas, pero sin perder nunca de vista la historia del héroe mata monstruos que te mantiene en vilo hasta el final. García y Rubín comprenden que la finalidad de un tebeo es entretener y contar una historia que importe a quién la lee y no permiten que la forma predomine sobre el contenido pero sin renunciar a esa experimentación formal. De este modo la primera lectura de Beowulf se realiza del tirón sin pararte a pensar más allá de cómo será el próximo monstruo y cómo acabará Beowulf con él y es necesaria una segunda o tercera lectura para pararse a analizar el trabajo que hay detrás de esas páginas. Esto ya supone una innovación en sí misma en un medio relativamente joven al que todavía le queda mucho por explorar y en el que muchos autores están ansiosos por investigar y demostrar sus aptitudes técnicas. Beowulf demuestra que siempre es mejor centrarse ante todo en contar tu historia y aprovechar esa historia para madurar como artista que no someter la historia a tus exploraciones formales.


miércoles, 8 de enero de 2014

Papel Estrujado (Nadar)

Con varios meses de retraso leo este Papel Estrujado (Astiberri, 2013) de Nadar (Pep Dominguez, 1985) que me deja asombrado de la enorme calidad que tiene para ser el debut de un autor joven. Un denso drama de 400 páginas con varias tramas paralelas con sus propios personajes que se superponen poco a poco. Un tebeo mucho más maduro de lo que cabría esperar de un autor novel.

Papel Estrujado, el último cómic creado gracias a la tristemente desaparecida beca Alhóndiga de Bilbao, cuenta dos historias. Por un lado la de Javier, un joven que ha dejado la escuela a espaldas de su madre enferma y que se saca un dinero recuperando objetos o “dando lecciones” por encargo de antiguos compañeros de clase. Por otro lado, Jorge, un hombre solitario y misterioso que llega a la ciudad y comienza una nueva vida desde cero. Ambos recorren el camino de la culpa, Jorge transita el camino de vuelta, acosado por los remordimientos de un pasado que nos es desconocido y que lo ha marcado de forma imperecedera, mientras que Javi comienza el camino de ida, un camino torcido que puede llevarlo al mismo estado de arrepentimiento en el que se encuentra Jorge.

Papel Estrujado habla principalmente de la culpa, pero también lo hace de la adolescencia y la madurez, del amor adulto sin florituras, del abandono, de las decisiones de la vida, y lo hace con una contención y un estilo inhabituales hoy en día, tratando con honestidad los detalles más delicados y haciendo que nada desentone en el conjunto de una obra extensa pero ligera, que atrapa al lector de principio a fin.



El lector viaja constantemente en el espacio y en el tiempo desentramando historias presentes y pasadas, pero Nadar no se molesta en acentuar los cambios, no avisa de las variaciones espaciotemporales, que acontecen a menudo incluso de una viñeta a otra de una misma página sino que es labor del lector hacer el esfuerzo de seguir el curso de la historia. Papel Estrujado no es un cómic sencillo, requiere atención, esfuerzo y dedicación, es un cómic lleno de detalles, de personajes aparentemente sin razón de ser pero que forman parte esencial del puzle final. Está poblado de personajes muy bien construidos, imperfectos, hermosos en su sencillez, todos tratados con una naturalidad pasmosa.

Hay quien podría argumentar que se trata de un cómic demasiado ambicioso, con más páginas de las necesarias para contar su historia, incluso con más personajes de los imprescindibles, y podría tener razón en parte. Pero Papel Estrujado es como la vida, llena de detalles y actos cotidianos, de personas que pueden no tener una influencia directa en el devenir de los hechos pero sí influyen de forma indirecta en el carácter de los protagonistas, en la balanza de las decisiones que toman, y este es un cómic sobre decisiones, algunas correctas y otras muchas equivocadas que llevan a sus personajes a recorrer recónditos pasillos del alma humana y a reencontrarse con su verdadero yo, con aquel que realmente quieren ser.

Nadar firma una obra seria y ambiciosa sin juzgar los hechos ni a quienes los protagonizan por reprobables que éstos puedan resultar. Y lo hace con una madurez digna de admiración, presentando una cómic perfectamente envuelto con una primera y última página de una apacible belleza y con una portada y un título magníficos, sugerentes y poéticos. De seguir por este camino, Nadar será con unas pocas obras más uno de los autores de referencia españoles. De momento esperamos con sumo interés su siguiente tebeo.

sábado, 4 de enero de 2014

Beowulf (Santiago García y David Rubín)

Leer Beowulf (Astiberri, 2013) de Santiago García y David Rubín puede resultar una experiencia reveladora. Por un lado, uno experimenta desasosiego ante la perturbadora visión de los monstruos que pueblan la historia, es testigo de la valentía y del coraje del héroe, acompaña al rey Hrothgar en su desdicha ante la matanza de sus súbditos y tantas otras cosas más dignas de las mejores epopeyas. Por otra parte, si uno consigue abstraerse de la historia durante una segunda o tercera lectura, es consciente de lo revolucionario de la forma, de lo innovador que puede resultar Beowulf en tantos sentidos que hace a uno plantearse qué supondrá para la industria del cómic española el éxito de este tebeo, hace que uno se emocione por vivir en directo este momento de cambio, esta época de titanes que estamos viviendo en el cómic español y de la que este título es uno de sus más claros exponentes.

Beowulf tiene la fuerza del mito. En él resuena el eco de héroes y monstruos, del bien contra el mal, del valor y el miedo. Una historia narrada cientos de veces y que García y Rubín nos presentan de una forma directa, visceral, sin adornos ni complementos que reduzcan su potencial. Los autores hacen suyo el ansia de inmortalidad del protagonista, su deseo de trascender más allá de la muerte facturando un cómic de calidad atemporal, una historia que huye de los convencionalismos del medio para lanzarse directamente a la yugular del lector, sin remordimientos ni contemplaciones. Salvaje, violenta, desagradable, pero también heroica, optimista y singularmente brillante.


García y Rubín han llegado a un estado de simbiosis perfecta en el que el guión se esconde cuando la espectacularidad del dibujo necesita ser liberada y el dibujo se retrae dejando paso a un comedido diálogo que define a los protagonistas mejor que cualquier texto de apoyo. Juntos mediante un hábil guión y un sofisticado dibujo dominan el ritmo de las escenas y la composición de las páginas de una forma sobresaliente. Son numerosas las soluciones gráficas que sorprenden a cada página. Destacables son por poner tan solo unos ejemplos, el juego de contraposiciones que se repite durante toda la historia, entre lo que ocurre y lo que ocurrió, entre la alegría y le destrucción, entre lo que ve el lector y la mirada escarlata de los monstruos; o los arriesgadísimos planos que se atreven incluso a introducir la cámara en el interior de la boca del héroe buscando la abstracción, la incomodidad y la emoción; o la brutal elipsis al final del segundo capítulo, para mí una de las mejores páginas de toda la obra, que en tan solo dos viñetas casi idénticas que además se niegan la una a la otra, se resumen 50 años en un admirable ejercicio de contención narrativa.

Beowulf está dividido en tres capítulos de similar duración y comienzo. Los tres empiezan con una página doble de idéntica composición y varias páginas en las que el pasado y el presente se entrelazan haciendo que el primero en mayor o menor medida de lugar o influya en los sucesos del segundo. Más que tres capítulos de una misma historia, parecen tres historias de un mismo personaje, una trilogía sobre un héroe, tres arcos argumentales de una misma serie. El primero, el más luminoso, el que presenta al héroe y lo muestra en todo su esplendor, en lo mejor de su juventud y su fuerza derrotando desnudo y con la sola fuera de sus músculos a un monstruo aterrador. El segundo, más oscuro, en el que el enemigo que se creía derrotado vuelve a amenazar la tranquilidad conquistada por el héroe y éste tiene que enfundarse –esta vez sí– su armadura y partir a la aventura una vez más. El tercero, por último, la historia crepuscular, tras años retirado el héroe tiene que enfrentarse de nuevo contra sus demonios, derrotar a un monstruo del pasado y con ello a un mundo en decadencia, y dar paso a una nueva era en la que paladines como él ya no tienen cabida. Beowulf desafía así los estándares actuales presentando en un solo tomo los tres capítulos, las tres partes de una historia que podría haberse alargado durante varios años pero que García y Rubín nos presentan en una única y colosal obra vital.


Muchos se han lanzado a buscar alegorías políticas o sociales en Beowulf, pero si una cosa queda potenciada en las páginas del cómic es la fuerza del mito, la claridad de sus conceptos arquetípicos que pueden relacionarse con cualquier cosa…o con ninguna. Si algo tienen los mitos es que afectan a todos por igual, cada lector encontrará una interpretación diferente y se verá afectado de una forma distinta por su lectura. Este cómic además, no es la historia de Beowulf como se demuestra en las últimas páginas, es la visión que Santiago García y David Rubín tienen de Beowulf. No es una historia reemplazable sino el relato fruto del trabajo de dos autores con una visión y un talento característicos e irremplazables. Y como tal supone además de un tebeo sobresaliente, un salto cualitativo importante no solo en la carrera de ambos autores sino en la propia industria del cómic español. Probablemente pasará un tiempo hasta que la influencia de Beowulf sea del todo patente en el mercado pero no dudo de que estará ahí y de que probablemente ya esté ahí causando su efecto.

Más sobre Beowulf en: -- Beowulf, forma y contenido --