jueves, 30 de agosto de 2012

Entre viñetas. DC y el respeto a los autores



La eterna lucha entre editorial y creadores. Editoriales que publican un material sin permiso de su creador. Autores que se enfadan con la editorial por sus continuas intromisiones y prometen no volver más. Ésta es una de las más antiguas polémicas del mundo del cómic y es siempre difícil establecer razones a un bando o a otro.

Por una parte, legalmente la editorial es propietaria de los personajes que se publican en sus cómics y por tanto puede hacer con ellos lo que quiera sin necesidad de preguntarle a nadie. Por otra parte, en un nivel más cercano a la cortesía profesional, es recomendable mantener al autor que está escribiendo o dibujando las historias que te hacen ganar dinero contento y respetar sus deseos en según qué momentos puede venir muy bien en ese sentido.

Debe de ser difícil para una editorial decir que no a un proyecto cuando sabes que te va a hacer ganar millones por respeto a las querencias de un autor. Y a pesar de la crítica de la opinión pública y de parte de la industria, es algo que puede llegar a entenderse e incluso perdonarse, pero cuando una editorial comienza una carrera de fondo de afrentas a autores llegará inevitablemente un punto en el que los autores se vayan a otros puertos y los de otros puertos no quieran arribar a este.

Eso es lo que le está pasando a DC en estos momentos. Hace ya unos cuantos meses, como ya sabéis, la red enloqueció cuando se supo que la editorial iba a publicar una serie de cabeceras relacionadas a modo de precuela de Watchmen. Esto, por supuesto se hizo sin consentimiento del huraño creador de la serie original, Alan Moore, quién se lleva a palos con la editorial –y con la práctica totalidad de la industria del cómic, todo sea dicho- desde hace años. Sacar una secuela del que es considerado uno de los mejores cómics de la historia –si no el mejor- y sin permiso de su creador es una jugada que probablemente le reporte pingües beneficios a la editorial pero que tira piedras sobre su propia reputación.

Esto podría haberse olvidado, al fin y al cabo los fans somos así y en unos meses tendremos otras batallas que luchar, pero DC parece empeñada en demostrar su poco respeto hacia sus autores y estas últimas semanas han saltado a la luz pública dos noticias a este respecto que no dejan en muy buen lugar a la Distinguida Competencia.

La primera fue la polémica por la revelación del nuevo Joker. Un personaje que debería haber sido presentado por Greg Capullo que para eso es su creador y que, por mandato editorial, no solo fue presentado al público en la portada de otras series dibujado por otros autores, sino que sus propios creadores (Capullo y Scott Snyder) se enteraron de la jugada al ver las solicitations del mes de Noviembre. Obviamente Capullo se desahogó en Twitter, de forma más o menos comedida pero dejando patente su enfado con la editorial y los responsables de la jugada.

Por otra parte, está claro que en DC las cosas no van bien entre editores y autores cuando Rob “Hay qué pechotes” Liefeld anunció esta misma semana que abandonaba abruptamente la editorial y las tres series que estaba llevando a cabo. ¿La razón? “Mantener la cordura”. Esto dijo entre otras perlas veladas y no tan veladas dirigidas a sus editores.

Vale que ni Capullo ni Liefeld son conocidos por ser autores de trato fácil. Ambos son personas irascibles y en cierto grado polémicas que no suelen callarse sus opiniones. La cuestión es que la imagen que está dando DC de su trato con los autores deja bastante que desear. Cuánto tardará en irse alguien más y cómo convencerán a nuevos autores de que trabajen para ellos visto lo escaldados que acaban los que ya están, aún está por ver, pero sin duda el futuro no pinta bien de seguir por ese camino.

jueves, 16 de agosto de 2012

Entre viñetas. Guionistas, ¿aficionados o profanos?


A poco que sigáis la actualidad del mundo del cómic habréis estado atentos estas últimas semanas a los anuncios primero en forma de misteriosos teasers y después en forma de entrevistas que Marvel está realizando en referencia a su iniciativa Marvel NOW!

Los teasers pusieron primero la miel en la boca augurando, como habían prometido por activa y por pasiva, grandes cambios en los equipos creativos de las más populares series de la editorial, los principales escritores de la Casa de las Ideas en aquellas cabeceras en las que jamás hubieras esperado verlos. Jason Aaron en Thor, Mark Waid en Hulk, Kieron Gillen en Iron Man. Todos cambios suculentos, al menos a primera vista.

El hecho de ubicar a un guionista en una serie opuesta a su registro habitual y a sus características creativas conocidas supone que probablemente no se trate de un personaje con el que el escritor tenga una especial conexión. Probablemente no sea un personaje que el escritor leyera en sus años de juventud (ahora ya sí, por supuesto, pues, para aquel que no lo sepa, las editoriales suelen mandar un paquete con los lanzamientos del mes a sus escritores para que estén en todo momento enterados de lo que se cuece en su universo). Esto, que ha sido confirmado por algunos de los guionistas en las entrevistas de esta semana puede suponer un hándicap o una ventaja.

Estamos hablando, para no perdernos, de un escritor que jamás ha sido lector de un determinado personaje y que, bien por mandato editorial, bien por elección propia, comienza a escribir la serie de dicho personaje. En la mayoría de las ocasiones estos escritores pasan varios meses documentándose (leyendo miles de cómics sobre el personaje para entendernos), para captar la esencia del personaje y conocer los principales hitos de su vida, aunque no siempre.

Hace unas décadas estábamos acostumbrados a escritores que conocían al dedillo no solo la historia de sus propios personajes sino la continuidad completa de todo su universo. Debido a ello encontrábamos historias que “respetaban” a esos personajes o más exactamente “respetaban” la continuidad y la historia de esos personajes, es decir, lo que ya habíamos visto hasta entonces, en ocasiones redundando en ello. Pero recientemente estamos viendo a escritores que no siendo fans, o al menos no tan acérrimos, se han hecho cargo de importantes cabeceras trastocándolo todo, cambiando cosas fundamentales. Quizá el primer ejemplo que viene a la cabeza sea Bendis y sus Vengadores, pero sin duda no es el único.

Lo que un escritor como el arriba descrito supone es una mirada fresca y virgen sobre el personaje. Es cierto que no usará en su segundo arco argumental a aquel villano olvidado que tan mal se lo hizo pasar a su personaje en aquel cómic de los años ’60, y probablemente tampoco haga mención de aquel interés amoroso que tuvo en los ’70, pero sin duda aportará una visión original sobre un personaje que, al fin y al cabo, ya lleva unas cuantas décadas a sus espaldas.

Obviamente esto puede salir bien o mal, puede tener éxito o fracasar, y puede ser adorado por los fans o defenestrado (curiosamente esto no tiene nada que ver con el éxito del producto, pero de eso ya hablaremos otro día), pero de lo que no cabe duda es de que se trata de una jugada arriesgada. Una jugada que habitualmente no es vista con buenos ojos por los aficionados de núcleo más duro. Los de toda la vida, vamos. Marvel ha decidido optar por este camino tras Vengadores Vs. X-Men. Si tendrá éxito o será un rotundo fracaso solo lo sabremos con el tiempo.